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Araña feminista | En corto


Por Alejandra Laprea 

30/10/2026.- Pasan muchas cosas y es difícil elegir dónde poner el puntero; por ello, en esta columna vamos en corto para ver si así alcanzamos la pertinencia periodística.

Tinta en despliegue continuo y celebrando 14 años de existencia.

Tinta Violeta se mantiene en despliegue territorial luego del doblete sísmico. Es increíble cómo han ido tejiendo y retejiendo una red para sostener la vida, la esperanza y, sobre todo, seguir avanzando desde las comunidades en la lucha contra las violencias basadas en género contra las infancias y la diversidad sexual y de género.

Como feministas sabemos que en los momentos de crisis las violencias machistas se exacerban y aumentan crímenes como la trata y el tráfico de personas. En la evaluación de múltiples experiencias similares identificamos aumentos desmedidos de los crímenes contra las mujeres, adolescentes y niñas, tanto como en la sobrecarga de trabajos de cuidados, por lo cual es tan relevante que Tinta Violeta haya asumido el estar allí para informar, ofrecer acompañamiento, asesoramiento legal, prevenir y mitigar las consecuencias cuando se detecta un crimen por razones de género u orientación sexual.

Y en este contexto tan complejo y exigente, Tinta Violeta cumplió 14 años, tiempo en que ha evolucionado de un grupo de amigas que querían acabar con la cultura machista a una organización con presencia nacional. Bravo, chicas.

La ONU

En este octubre se están dando varias batallas en Nueva York por la dignidad de los pueblos.

El pueblo saharaui y su gobierno legítimo se levantan contra el llamado “borrador cero” circulado por EE. UU., que pretende imponer al mundo entero y a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) sus intereses y usar a todo un pueblo como moneda de cambio con el reino de Marruecos.

En el “borrador cero” se desconocen los 50 años de luchas y resoluciones que sustentan el derecho de las y los saharaui a un proceso de descolonización basado en la autodeterminación.

En estos 50 años, los países “desarrollados o líderes del mundo libre y democrático”, como se autodenominan, han permitido, financiado y provisto de armas para bombardear campamentos de refugiados, minar parte del territorio saharaui o construir un muro para evitar la libre circulación.

Entre el 27 y 30 de octubre, el pueblo saharaui, en los campamentos de refugiados, la diáspora y las organizaciones que les acompañamos, estamos en movilización para rechazar el "borrador cero”.

En este mismo escenario, el cinismo de Waltz y de EE. UU. se supera a sí mismo. Felicitamos la victoria N.° 34 de Cuba al conseguir que el mundo condene el bloqueo. Lamentablemente, otra vez constatamos que el único Estado históricamente forajido es el norteamericano, que desconocerá su derrota y aplicará su derecho a veto.

El mundo entero sabe que en Palestina está ocurriendo un genocidio y es vergonzoso que EE. UU. haya vetado la participación de la delegación palestina en la ONU y negado las visas a sus representantes.

El pueblo organizado puede más que los algoritmos

La datificación de la vida para su mercantilización es un tema en la agenda feminista. Preocupa y ocupa en el análisis cómo se recolecta información de la vida y su desarrollo, se privatiza y se usa en contra de los pueblos, de la vida misma. También cuestionamos la supuesta neutralidad del algoritmo, y señalamos cómo este sigue articulando conocimiento y conciencias para reproducir el sentido común que sostienen las opresiones.

Esta nueva realidad datificada se presenta como omnisciente e inexorable; todo lo sabe y no podemos evitarla, pero Brasil dijo que se puede luchar y probó que se puede ganar.

Sin embargo, no debemos simplificar los factores que remontaron un panorama electoral muy adverso caracterizado por la injerencia extranjera al estilo Trump, la instrumentalización de las necesidades espirituales de los pueblos por los fundamentalismos cristianos, la alianza entre la derecha y el crimen organizado para amedrentar las zonas populares, el sabotaje a los medios de transporte en las zonas populares, factores que podemos observar en todo el continente, añadiendo en algunos casos la manipulación de los propios sistemas electorales, y que sin temor a equivocarnos han garantizado la derechización de la región.

No se venció solo con un megagrupo de WhatsApp. Miles se movilizaron en los barrios, en las iglesias, en los centros de trabajo. Organizaciones como la Marcha Mundial de las Mujeres en Brasil se movilizaron en todos los ámbitos para hablar persona a persona, de organización a organización, de comunidad a comunidad y dejar bien claro lo que se estaba poniendo en juego. También se contó con una institucionalidad que reaccionó en defensa de la democracia y puso límite a las empresas transnacionales de la big data como Meta. Por último, señalar que Brasil no estuvo solo y desde todas partes del mundo nos sumamos a la campaña y enviamos videos, nos tomamos fotos, etc. 

Con la escalada de la extrema derecha, hoy más que nunca entendimos el énfasis de Chávez al decir que el éxito de la revolución sería determinado no solamente por el pueblo venezolano, sino también como proyecto continental. 

La diplomacia de los pueblos se da la mano con el internacionalismo feminista. Desde organizaciones como la marcha, trabajamos por la articulación entre los ámbitos locales, continentales y globales. Tenemos la certeza política y de acción colectiva de que las opresiones de género, de clase y raciales cruzan las fronteras y que, por tanto, la emancipación de las mujeres y diversidades no puede lograrse de forma aislada en un solo país.