Plaza Morelos | Jaime Sabines
Por Ismael Hernández
01/11/2026.- Entre el 9 y el 12 de octubre se realizó en Barinas el VI Festival de poesía colombo-venezolana, donde México fue el país invitado.
Poetas de diversas partes de Venezuela y Colombia se encontraron en el Teatro Esteban Ruiz Guevara y en el Palacio del Marqués de Pumar para intercambiar versos, charlas y amistad. Estuvieron presentes tanto escritores de larga trayectoria como Leonardo Ruiz, Ana María Oviedo, Belén Ojeda y Luz Marina Almarza como voces nuevas y prometedoras como Andrea Mora y Verenises Vergara. También hubo una pequeña pero valiosa muestra y venta de libros de poesía a cargo de Acirema, Zócalo y Fundarte. Los anfitriones, Mariana Ruiz, Raúl Trejo y Livio Quiroz, ellos mismos poetas, construyeron un bello espacio para la palabra, tan necesario en estos tiempos sombríos.
Con su presencia, las y los poetas de Colombia Oscar Schoonewolf, Marcela Rozo y Liliana Varón nos permitieron palpar directamente los sentimientos de su país en este momento tan peculiar. La charla impartida por Gonzalo Fragui y Rodolfo Quintero Noguera sobre el legendario Gonzalo Arango fue de particular importancia en estos tiempos en que su memoria y su imagen, junto con la de otros poetas colombianos rebeldes, se encuentran amenazadas por la censura moralina y la incomprensión.
En medio de ese encuentro entre dos países tan cercanos como Venezuela y Colombia, conmueve y se agradece enormemente que se haya hecho un espacio para México y su poesía, el cual fue dedicado al poeta Jaime Sabines en su centenario. Las poetas Ana María Oviedo y Mariajosé Escobar prestaron su voz para que los versos de Sabines se hicieran escuchar en Barinas.
Jaime Sabines es quizá el poeta más popular del siglo XX en México. Su poesía está en boca del pueblo y circula por los medios más diversos: libros, revistas, afiches, grabaciones con la propia voz del poeta o de famosos locutores de radio y, por supuesto, en las redes sociales. Sus poemas conmueven y son compartidos por personas que no son grandes lectoras de poesía, incluso por algunas que simplemente no son lectoras, especialmente los poemas de amor. Pero Sabines también escribe sobre la muerte, el dolor, el tedio de la vida, sobre Dios y sobre el diablo y sobre las cosas más cotidianas, y esos poemas también son famosos. Esa popularidad le viene de hablar en un lenguaje sencillo y directo sobre los temas que cualquiera, solamente por ser humano, puede entender. La poesía de Sabines es clara y sencilla, pero de ninguna manera simple o superficial. Precisamente por eso tiene el favor generalizado de los lectores.
Pongamos apenas unos ejemplos de su poesía. Sabines le canta al amor, sí, a veces con ternura, pero también en toda su complejidad, con sus dudas y sus asperezas, como en este poema en prosa:
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
En cuanto a la muerte, otro de sus grandes temas, nos estremecen las palabras dedicadas a su padre:
Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.
Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la
alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
Y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.
Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.
Acompañar en un hospital a un familiar moribundo es una experiencia casi universal, y por ello su expresión sin adornos, sin artificios, con la profundidad que da la propia experiencia, nos identifica de inmediato; la poesía de Sabines nos deletrea en lo más profundo de nuestra humanidad.
Finalmente, escribe sobre la vida misma:
Mi madre me contó que yo lloré en su vientre.
A ella le dijeron: tendrá suerte.
Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡Vive, vive, vive!
Era la muerte.
Los versos de Jaime Sabines resonaron en Barinas, una tierra tan alejada de su natal Chiapas, y resonarán en cualquier lugar de la tierra donde el hombre y la mujer vivan, amen y mueran.
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