César Rengifo y sus dos caras: el teatro y las artes plásticas
A 46 años de su muerte su obra permanece vigente y generando interés entre el público
02/11/26.- Este 2 de noviembre se cumplen 46 años de la muerte de César Rengifo, un venezolano que procuró dejar una impronta en las artes plásticas y escénicas, siendo considerado un maestro inmaculado, una figura que huyó de las etiquetas y que siempre manifestó su inconformidad ideológica, además de poseer una aguda de las contradicciones de la Venezuela petrolera.
Formado en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas y con estancias en Chile y México —donde bebió de la savia del muralismo revolucionario de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros—, Rengifo nadó contracorriente en un medio artístico venezolano que, durante buena parte del siglo XX, oscilaba entre el paisaje bucólico del Círculo de Bellas Artes y la fascinación modernista por la abstracción geométrica.
Mientras otros artistas celebraban el progreso dinámico y luminoso de la Venezuela urbana que se enriquecía con el oro negro, Rengifo puso el foco en el campesinado empobrecido y prueba de ello, son sus lienzos que están poblados por rostros curtidos, manos callosas y figuras estáticas marcadas por el hambre, el despojo y el abandono geográfico.
Otro aspecto que Rengifo tomó en cuenta fue la crítica al espejismo petrolero, que lejos de idealizar la riqueza súbita, su pintura advirtió sobre la desestructuración del tejido rural y la llegada masiva a unos cinturones de miseria urbanos que apenas comenzaban a formarse.
Técnicamente, su estilo no buscaba complacencia estética ni excelencia académica, debido a que solo con su paleta, de tonos terrosos, ocres y grises, reflejaba la atmósfera de una tierra árida y sufrida.
No era una pintura hecha para decorar salones burgueses, sino para dejar un testimonio incómodo que interpelaba al espectador desde los márgenes.
El teatro: su trinchera combativa
Si en la pintura Rengifo congeló el drama de la exclusión social, en el teatro construyó una maquinaria dialéctica destinada a sacudir la conciencia nacional. Con más de cuarenta piezas escritas, es indiscutiblemente uno de los dramaturgos más importantes de la historia venezolana, junto a figuras como Isaac Chocrón, Román Chalbaud y José Ignacio Cabrujas.
Su dramaturgia se dividió fundamentalmente en el teatro histórico, con obras como Lo que dejó el tempestad, El vendaval amarillo o Manuelote, que revisan los mitos fundacionales de la República y las consecuencias de la Guerra Federal.
Cabe resaltar que Rengifo no escribía dramas de época acartonados, sino que utilizaba el pasado para explicar las frustraciones del presente.
En sus tramas, los ideales independentistas se estrellaban una y otra vez contra la codicia de las élites terratenientes y el caudillismo, evidenciando que la independencia política no había significado la emancipación social de las grandes mayorías.
Otra división de suma importancia en su paso por las tablas es el teatro de crítica social contemporánea, reflejada en Las torres y el viento o El raudal de los muertos cansados, que abordaron directamente el impacto deshumanizador del petróleo, la alienación del hombre moderno y la destrucción de la identidad cultural ante el avance del consumo masivo y la dependencia económica.
La figura de Rengifo quien fue militante del Partido Comunista de Venezuela, jamás transigió con las modas del mercado internacional del arte ni con los gustos de las élites que financiaban la cultura oficial.
Su obra pictórica y teatral duele porque incomoda; cuestiona el mito del bienestar fácil y señala las deudas sociales perpétuas de un país que se construyó de espaldas a su propia gente.
CIUDAD CCS
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