“Desgraciadamente el pinochetismo sigue presente en Chile”

Análisis de Michel Bonnefoy, víctima del fascismo, a 50 años del golpe

Michel Bonnefoy.

11/09/23.- Aquel 11 de septiembre de 1973, el Palacio de La Moneda, sede del Gobierno ubicado en la ciudad capital de Santiago de Chile, era un hervidero. El primer presidente socialista elegido democráticamente y que antes de su cruenta muerte, el médico cirujano llamado Salvador Allende, resistió con valentía el asedio por parte de las fuerzas armadas golpistas lideradas por el dictador Augusto Pinochet.

Este cambio de régimen por la vía fáctica, marcó el rumbo y destino del pueblo chileno y también afectó la vida cotidiana, que durante 17 años significó la violación de derechos humanos, torturas, desapariciones, más de tres mil muertos, miles de exiliados y presos políticos. La libertad de expresión estuvo completamente cercenada y los chilenos vivieron en terror por la gobernanza dictatorial militar.

Uno de los sobrevivientes a la persecución política, que además estuvo preso y torturado por los esbirros pinochetistas es Michel Bonnefoy. Este escritor y otrora militante del MIR, estuvo exilado en Venezuela y Francia por el lapso en el cual Pinochet sometió a su natal Chile. A propósito de esta conmemoración, de los 50 años del golpe de Estado al Gobierno de la Unidad Popular, Bonnefoy cedió gentilmente una entrevista exclusiva para Ciudad CCS.

—¿Qué balance puedes darnos luego de 50 años de este golpe al presidente Allende?

 —Mira, yo creo que para entender, para darle la dimensión que corresponde al golpe de Estado de septiembre del 73 contra, tú bien dices al presidente Allende, pero contra el Gobierno de la Unidad Popular y sobre todo contra el pueblo chileno que estaba construyendo lo que el mismo presidente llamaba la vía chilena al socialismo, hay que entenderlo sobre todo en el contexto actual, en oposición a los gobiernos progresistas. Es decir, cuando los pueblos eligen un gobierno revolucionario, un gobierno que tiene la voluntad de avanzar en la construcción de otro modelo que no sea el modelo capitalista, la reacción de ellos, como fue justamente contra Salvador Allende, como por ejemplo lo es hoy contra el Gobierno Bolivariano [de Venezuela], es brutal, es feroz. A diferencia, como decía, de los gobiernos progresistas que son un avance por supuesto para los pueblos, para las condiciones de vida de la gente en los países que eligen esos gobiernos y donde se realizan también transformaciones, cambios que son muy importantes, cambios societales, cambios incluso a veces en el sistema económico mismo, pero que no ponen en cuestión el modelo capitalista como tal, que no se oponen de frente a la intervención de las transnacionales en la economía de los países, en este caso de América Latina.

Entonces en 1970 cuando Salvador Allende es elegido, cuando la Unidad Popular es elegida, se inicia un proceso revolucionario, un proceso de construcción del socialismo, un proceso anticapitalista y eso explica la reacción de la clase dominante, la reacción de la burguesía chilena y por supuesto también en ese caso del imperialismo estadounidense. Es en ese marco en que hay que entender por qué fue tan feroz, porque estamos hablando de 3 mil muertos, porque estamos hablando de 1.500 desaparecidos, decenas de miles de torturados, de exiliados, por qué tanta bestialidad y es precisamente porque se trataba de detener un proceso revolucionario.

Salvador Allende durante una concentración de la Unidad Popular.

—¿Cómo llega Salvador Allende al poder? ¿Cómo llegó el Gobierno de la Unidad Popular, un movimiento revolucionario dentro del contexto de la democracia burguesa al poder?

 — El contexto histórico, hay que entenderlo en el marco de ese contexto y de esa época de 1970 en plena Guerra Fría, más o menos, incluso si nosotros vemos hoy el mapa del mundo en esa época y lo examinamos desde un punto de vista geopolítico.

La realidad de la geografía humana y física estaba avanzando en la construcción de distintos modelos socioeconómicos no capitalistas. La mayor parte de ellos socialistas con sus características muy específicas en función, por supuesto, de cada uno de esos países, pero en África, estamos hablando de Angola, Guinea Bissau, Mozambique, el Congo, Argelia, después de la independencia. La lucha de independencia de esos países era una lucha a la vez revolucionaria en términos de la construcción del socialismo, pero en Asia también, estamos hablando de Vietnam, Laos y Camboya, por supuesto todo lo que era el Pacto de Varsovia como estructura militar [en Europa]. En América Latina, Cuba, Allende en 1970. Es en ese marco que Salvador Allende, reivindicándose incluso de un pensamiento marxista, lo que hoy parece casi insólito, es elegido por un tercio más o menos de la población. En ese entonces en Chile no existía la segunda vuelta en las elecciones, por lo tanto era la Cámara de Diputados la que tenía que autorizar que asuma la Presidencia el que tuviese la primera mayoría. En este caso Allende obtuvo más o menos un 33% de los votos, no tenía por lo tanto la mayoría absoluta y durante esos dos meses, entre el momento 4 de septiembre de 1970 en que obtiene esa primera mayoría en la elección presidencial y el 4 de noviembre en que debe asumir, esos dos meses la Cámara de Diputados tenía que decidir si lo permitía, digamos que Allende asumiese la democracia, la derecha por supuesto no lo iba a permitir, iba a votar en contra de que fuese él el presidente de Chile y la democracia cristiana tenía un sector bastante progresista y por lo tanto estaba oscilando entre la posibilidad de permitir que asuma el presidente Allende o no hacerlo.

El Gobierno de Estados Unidos y los sectores más extremos de la derecha chilena hicieron todo para provocar una situación de caos para que las Fuerzas Armadas se pronunciasen contra la posibilidad de que Allende pudiera asumir. Tanto es así que un comando de Patria y Libertad, la organización neofascista que existía en ese entonces en Chile, asesina al general René Schneider que era el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Chile, de tal manera que ahí entonces ellos pensaban que el Ejército chileno y los otros componentes de las Fuerzas Armadas chilenas (la aviación, carabineros y la marina) se pronunciasen sobre la interrupción de ese proceso que tenía que terminar con la presidencia de Allende.

No hay duda del intervencionismo de Washington dentro de este golpe de Estado, sobre todo porque ya tenemos acceso a muchos materiales clasificados, hay una amplia bibliografía que habla y que documenta ese intervencionismo de la Casa Blanca.

—¿Qué nos puede decir sobre lo que significa hoy día esa manera imperialista de evitar que un gobierno de arraigo popular pueda sostenerse en el poder y cómo eso de alguna manera se convirtió en un modelo para seguir su intervencionismo en otros países de América Latina?

 — M.B.: En el Gobierno el presidente Allende y la Unidad Popular como tal, como te decía al principio, en la elección de septiembre de 1970, Allende obtuvo un poco más de 30% de los votos. La última elección popular que se realizó durante el Gobierno de la Unidad Popular fue en marzo de 1973, unos pocos meses antes del golpe de Estado y fue una elección parlamentaria. En esa ocasión, Allende obtuvo 44% de los votos. Es decir, no es solamente un tema de haberse mantenido en el poder o al menos en el Gobierno, sino que aumentó su base de apoyo.

Una base de apoyo que no solo se manifestaba en el voto, como te digo, es el caso también en una elección municipal un poco anterior, en 1971, también sacó más de 40%. Pero además era un apoyo por parte de ese pueblo en términos de su movilización, de su participación en el Gobierno mismo, en el apoyo a las políticas públicas que se estaban realizando, en el apoyo, por ejemplo, a la reforma agraria. Las organizaciones de los campesinos participaron activamente, a veces incluso en la ocupación de las tierras, para exigirle al Gobierno de la Unidad Popular que aplicara en esos fundos, como se llaman en Chile estas grandes extensiones de tierra, las leyes de la reforma agraria en la ocupación de algunas instituciones.

Augusto Pinochet militar, político y dictador chileno en el período entre 1973 y 1990.

—¿Qué tan vigente está el pinochetismo en Chile?

 —Bueno, desgraciadamente sigue estando más que presente. Es decir, sigue siendo una fuerza política importante. La extrema derecha chilena se reivindica del golpe de Estado, se reivindica de Pinochet, justifica la intervención del Ejército, la interrupción, digamos, del ciclo democrático en Chile. Estaba escuchando en la radio chilena recién, se acaba de hacer una encuesta y es bien significativa, un poco más, no recuerdo la cifra exacta, pero un poco más de 30% de la población chilena hoy, es decir, la entrevista debe haberse realizado, me imagino hace pocos días, justifica el golpe de Estado. Dice que era necesario, que no había otra manera de interrumpir la invasión marxista, comunista, etcétera del país, y un poco más de 30%, es decir, más o menos una cantidad equivalente, lo condena de manera radical.

Algunos justifican que el golpe quizás era necesario, pero no así las consecuencias que tuvo el golpe en términos de la represión y del no respeto a los derechos humanos. Pero estamos hablando de más de un tercio de la población chilena que reivindica el golpe de Estado, sabiéndose hoy lo que significó, no solo en términos de la represión, lo que hablábamos hace un rato, los 3 mil muertos, los 1.500 desaparecidos, etcétera, sino también el robo, que hoy día ya se conoce por parte de Pinochet como un individuo y su familia, pero también de muchos otros oficiales y civiles que participaron del Gobierno de la dictadura. Y, a pesar de conocerse todo eso, de saberse todo eso, de ser víctimas de un modelo neoliberal que tiene los índices de desigualdad probablemente más importantes hoy de América Latina, a pesar de eso un 30% lo reivindica. ¿Qué significa eso? Dentro de ese 30% te estoy hablando de senadores, te estoy hablando de diputados, es decir, no es solamente un 30% un poco anónimo, estamos hablando de actualmente legisladores, alcaldes que abiertamente defienden el golpe de Estado y la dictadura del general Pinochet. ¿Qué significa eso? Que esos políticos, que esa gente, que esas organizaciones políticas, en particular la UDI, uno de los partidos de extrema derecha, el Partido Republicano, también un partido de extrema derecha, hoy nuevamente, si es que el pueblo chileno opta por avanzar en un proceso de cambios profundos, probablemente apoyarían un golpe de Estado de las mismas características del que hubo.

—Pasaron 50 años, hoy tenemos un Gobierno progresista en el poder, recordemos que hubo un estallido en Chile en el año 2019, que esa revuelta estando en el poder Sebastián Piñera, los carabineros le quitaron los ojos a más de 400 personas, hubo una terrible represión, gente todavía presa por reclamos y eso permitió que Gabriel Boric llegara al poder. Muchos pensaron que comenzaría un nuevo proceso de cambio en Chile, ¿lo ves probable, lo ves posible?

 —La dictadura duró más o menos 17 años, terminó con un plebiscito que ganó por muy poco por lo demás, el retorno a la democracia, es decir, el fin del régimen. Ese proceso, ese plebiscito y ese proceso de que aceptasen los resultados, la dictadura, fue una gran negociación. Fue una negociación que se dio probablemente en gran parte porque las organizaciones de izquierda y el pueblo chileno en general estaban ya empezando a sobrepasar a la dictadura. La dictadura empezaba a correr un riesgo de caer, lo que en ese entonces se hablaba y hoy día está un poco menos de moda decirlo así, pero de caer por la izquierda.

Es decir, existía una posibilidad de que empezase a radicalizarse esa movilización, esa resistencia a la dictadura y terminase entonces saliendo Pinochet por una vía que pudiese haber desembocado en un proceso revolucionario. Frente a eso, frente a ese riesgo, la clase dominante chilena, junto por supuesto con la Embajada de Estados Unidos, inician un proceso de negociación con la dictadura para evitar justamente que ese riesgo pudiese desarrollarse. Dentro de esa negociación, el elemento fundamental de las exigencias, vamos a decir, de la dictadura y, por supuesto, de Estados Unidos y la clase dominante, era que no se tocara el modelo socioeconómico que había impuesto la dictadura, lo que se conoce hoy como el modelo neoliberal que habían impuesto los célebres Chicago Boys de Milton Friedman, de este premio Nobel de Economía.

Este modelo neoliberal un trance que significó la privatización de absolutamente todas las fuentes de producción, incluyendo todos los servicios, la salud, la educación, las pensiones, las jubilaciones, etcétera. ¿Por qué hago esa pequeña introducción con respecto a la negociación que se produjo al final de la dictadura o al inicio de la democracia? Es que esa es la que explica el estallido social al que tú hacías mención de octubre del 2019, porque esa economía injusta, esa desigualdad brutal, esa privatización, por ejemplo, del agua, por decir cosas así de aberrantes, son las que generan un descontento que en estos 30 años de democracia se ha ido cada día, no solamente manifestando regularmente, sino también radicalizándose.

El estallido logró, quizás por la incorporación de cierta violencia, lo que en esa época llamábamos la violencia revolucionaria, que hoy nadie se atreve un poco a reivindicar la necesidad de cierta violencia, como pueden ser las ocupaciones, como pueden ser las manifestaciones, como pueden ser las huelgas. El elemento que marcó una diferencia entre esa revuelta, entre esa rebelión, ese estallido social que llamaron “la decisión”, y todas las luchas anteriores que hubo de estudiantes, de mujeres, en las cuales se avanzó bastante, abrió una esperanza, o creímos todos que se había abierto una esperanza, puesto que la nueva negociación que se realizó para parar ese estallido, para sacar a la gente de la calle, fue el compromiso de iniciar un proceso de redacción de una nueva Constitución.

Hubo elecciones entonces para elegir a estos constituyentes. A grandes rasgos también, la fuerza mayoritaria de esos constituyentes, cuando digo la fuerza mayoritaria estamos hablando de más del 60% de los constituyentes, eran progresistas, la mayor parte de sus planteamientos con respecto a la necesidad de redactar esta nueva Constitución eran bastante avanzados con respecto a la Constitución actual, que es la Constitución de Pinochet. Durante un año y medio entonces hubo mucho debate, hubo bastante participación de la gente en la redacción de esa Constitución, nos organizaron cabildos en las zonas de trabajo, en las zonas de habitación, para llevar propuestas a estos constituyentes para que ellos también las vieran, para que ellos también las debatiesen, las planteasen.

Pero un año después viene el plebiscito, el referéndum para aprobar esta nueva Constitución y fue rechazado mayoritariamente. Después de eso hubo también elecciones, hubo la elección del presidente (Gabriel) Boric que nuevamente generó una nueva esperanza, dijeron bueno, es un presidente que tiene una historia de luchas sociales, en particular de luchas estudiantiles, no pertenece a esa clase dominante, no es un peón de las transnacionales extranjeras, pero inmediatamente después vienen las elecciones parlamentarias y nuevamente gana la derecha.

Ahora hubo un nuevo proceso, se abrió y se está en curso en este momento, de un segundo proceso constituyente para redactar la Constitución, puesto que como te decía, la anterior fue rechazada y los constituyentes que fueron elegidos son ampliamente de mayoría de derecha y en gran parte de extrema derecha. Ese es el último resultado, o sea el resultado de la última elección popular que ha habido en Chile. Es el avance brutal de la extrema derecha y el dominio de todas estas estructuras por parte de la derecha en general.

Sala de exposiciones Salvador Allende en la sede de la Cancillería venezolana.

—Retomando nuevamente este golpe contra el Gobierno de la Unidad Popular, estamos actualmente en la sala de exposiciones Salvador Allende en la sede de la Cancillería venezolana. Además de hacer memoria de todo este acontecimiento, se hizo una réplica de una puerta que está en la Casa de La Moneda, es una obra que fue reinstalada, consiste en la reproducción de parte de la fachada del Palacio de La Moneda, específicamente la puerta de Morandé 80. En términos físicos, consiste en una parte del muro que incluye dos columnas, la puerta y el número 80 a su costado. ¿Qué nos puedes decir acerca del significado que tiene esa puerta?

 —Yo creo, que independientemente que haya sido la puerta que se utilizaba para la entrada y la salida del presidente Allende y de los funcionarios de La Moneda de la Casa Presidencial allá en Chile durante muchos años, hoy yo creo que es recordada y conocida como la puerta por la que sacaron el cadáver del presidente Allende. Pero también la puerta por la que sacaron a los compañeros que resistieron durante la mañana del 11 de septiembre al interior del palacio, lo que se llamaba en ese entonces, o se recuerda como el GAP, el Grupo de Amigos Personales. Al presidente Allende, al inicio de su gestión, le preguntaron ¿y quiénes son esos muchachos que andan con usted todo el tiempo para arriba y para abajo?

Pues, en esa época no se usaba mucho el concepto mismo de la escolta, estamos hablando de los años 70, pero el peligro que corría el presidente Allende de ser víctima de un atentado por parte de la extrema derecha de Estados Unidos era evidente; entonces le pidió justamente al MIR que tú mencionabas al principio de la conversación, le pidió al MIR que era un poco la estructura que se planteaba la necesidad de prepararse incluso militarmente frente a la agresión de la clase dominante y del imperialismo norteamericano, era por lo tanto el que tenía alguna capacidad de respuesta militar. Allende le pidió a ellos que le asignase, le prestase, lo acompañase con algún grupo de militantes. Esos fueron los primeros GAP, después también se incorporaron compañeros del Partido Socialista de Chile al que pertenecía el presidente Allende, pero todo el primer período lo acompañaron estos. Bueno, ese GAP lo sacaron precisamente por esa puerta en Morandé 80, hay algunas fotos en las que los están sacando, hay otras fotos donde se les ve a todos tendidos en el suelo con las manos en la cabeza, la mayor parte de ellos fueron asesinados ese mismo día o los días siguientes.

—¿Cómo había en esa época tanta juventud revolucionaria? Háblanos un poco de esa experiencia, de tu militancia siendo tan joven, y luego de cómo logras plasmarlo en una obra literaria.

—Bueno, primero, tú sabes que la agudización misma de las contradicciones de clase, de las contradicciones culturales, involucra, incorpora necesariamente todos los componentes de la sociedad en esos momentos críticos. Yo, para darte una idea, para el golpe de Estado, para septiembre de 1973, tenía 17 años, era un liceano, un liceísta, como se dice aquí, y ya llevaba un par de años de militancia en organizaciones revolucionarias, primero en el Frente Estudiante Revolucionario, un poco el ala estudiantil del MIR, y luego en el MIR.

Repito, por las condiciones mismas de la lucha política, en este caso los liceanos, los liceístas, tan jóvenes, nos vimos involucrados en ese proceso y participamos cada quien a su manera y según sus capacidades en el proceso de apoyo al Gobierno de la Unidad Popular y al proceso revolucionario en general. Luego el MIR, a diferencia de los otros partidos que componían la Unidad Popular, el MIR, acuérdate que no era parte de la Unidad Popular, el MIR le dio lo que ellos llamaban, o lo que nosotros llamamos, el apoyo crítico al Gobierno de la Unidad Popular. Es decir, apoyarlo pero confiando más en el poder popular como defensa de los avances y de los logros del Gobierno de la Unidad Popular, más que en la estructura, la superestructura y la burocracia misma del Gobierno.

El MIR a diferencia de los otros partidos que formaban la Unidad Popular, le dio como instrucción, como orientación a sus miembros, a sus militantes, que no se exiliasen, de que no se asilasen en las embajadas, sino que permaneciesen en Chile, que entrasen a la clandestinidad, los que no podían seguir una vida legal, para empezar a constituir los primeros núcleos de lo que terminó siendo una verdadera resistencia a la dictadura. Y yo, como buen militante disciplinado, me quedé, por lo tanto, en Chile, en la clandestinidad, alcancé a estar un poco más de un año y caí en diciembre del 74.

Vivíamos cuatro militantes del MIR en un departamento en el centro de Santiago. Mi hermano, otros dos compañeros y yo, cuando llegó la DINA a buscarnos, la Dirección de Inteligencia Nacional, la policía política de la dictadura, se produjo ahí un pequeño enfrentamiento, murió un agente de la DINA y murió un compañero nuestro del MIR.

Entonces, después de eso, nos llevaron a Villa Grimaldi, que era un centro de tortura clandestino, estuve un poco más de 10 días en condición de desaparecido, puesto que era un centro de tortura clandestino, es decir, no era oficial, los que estaban ahí no existían, no existía el centro y no existían esos detenidos. Y después pasamos ya a la cárcel pública de Santiago y después al exilio. Esa es más o menos la historia.

—Finalmente... ¿“Se abrirán las grandes alamedas”?

Sí, yo confío que sí. No va a ser fácil. Se están abriendo en otros países de América Latina, han habido conatos, como tú bien dijiste, el estallido del 2019, y habrá nuevamente manifestaciones y movilizaciones populares para que se terminen abriendo y ojalá de manera definitiva.

 Biografía mínima

 Michel Bonnefoy (Santiago de Chile, 1956)

Escritor y editor chileno. Vivió parte de su infancia en México, Argentina y Estados Unidos. De regreso a Chile, terminó sus estudios secundarios e inició los universitarios en Santiago, hasta que fue detenido en diciembre de 1974 por su participación en la resistencia a la dictadura de Augusto Pinochet, para luego ser expulsado al exilio. Desde entonces ha vivido en diversas ciudades de América y Europa, hasta radicarse en Venezuela donde ocupó distintos cargos políticos en el Gobierno Bolivariano encabezado por el presidente Hugo Chávez. Hoy reside en Venezuela y está dedicado a la escritura. Es autor de los libros: Relato en el frente chileno (Blume, 1977); Vienen del miedo (LOM, 2000); Imágenes letales (LOM, 2003); El tiempo de los castaños (LOM, 2017); Punto de no retorno (LOM, 2019); El negro tenía su historia (LOM, 2020) y Esther, una mujer chilena (LOM, 2021), entre otros, siendo a su vez, traducido al portugués por Editorial Teorema.

RICARDO ROMERO ROMERO / @ItacaNaufrago / artedeleer@yahoo.com / CIUDAD CCS


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