Retina | La certeza de Allende

11/08/2023.- Chile, o para ser más preciso, el golpe de Estado en Chile, 11 de septiembre de 1973, es para mí una cicatriz que duele con frecuencia, que se anuncia cuando ocurren pequeños cambios en la temperatura política del continente.

Imagino que otras generaciones portaron cicatrices similares, la esperanza cercenada de un golpe de sable o de balas, que seguían órdenes de Estados Unidos.

Nuestra región está cruzada de cicatrices así, recuerdos de gobiernos que se parecían a sus pueblos y que fueron brutalmente cortados por alzamientos militares, invasiones, sabotajes y asesinatos. Son cortaduras profundas ordenadas desde Washington para impedir el ejercicio de la soberanía y para sembrar un miedo permanente que frene los anhelos de independencia, de democracia y justicia social.

En Chile, las muertes se contaron por decenas de miles y hubo otras que no se pudieron contar como muertes porque fueron desapariciones. Miles de torturadas y torturados. Otros miles se fueron al exilio, como testimonios vivientes de las calamidades que se instauraron entre la costa y la cordillera.

Probablemente sea difícil encontrar causas que hayan disfrutado de una solidaridad tan de consenso como la que pudimos ver durante la lucha contra la dictadura de Pinochet. Chile era una fuerza política y cultural presente en cientos de actividades de decenas de países. Su causa, los hechos cotidianos de la dictadura chilena, la organización, los debates, los alcances de la unidad de las fuerzas populares chilenas las seguimos desde muchas regiones y formaciones políticas.

El regreso de Chile a sus periódicas elecciones lo celebramos, pero fue una celebración que no se correspondió nunca con las esperanzas que habíamos tenido.

Y en una hermosa plaza liberada me sentaré a llorar por los ausentes”, había cantado Pablo Milánes. “Eso no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia ni con el vil soldado”, decía una canción de Silvio Rodríguez” y Alí, nuestro Alí Primera, dijo: “Si te falta bastimento tienes este corazón, que tiene latir de bombo, color de vino ancestral, tiene tu cueca de lucha jineteando un viento austral”.

Sé que no ha llegado todavía el momento, pero hoy no tengo ninguna duda de la certeza del presidente Allende en su discurso de despedida: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Freddy Fernández

@filoybord

 


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