Cívicamente | ¡Por donde pueda, por favor!       

La mayoría ha internalizado que el transporte público colectivo no es un servicio

14/09/2023.- La forma de pedir la parada, en el transporte terrestre público colectivo, de la idiosincrasia caraqueña: "¡Por donde pueda, por favor!", advierte ya la arbitrariedad en la prestación de este servicio, pese a estar regulado en la ley de transporte terrestre y en las ordenanzas municipales.

Y es que el hecho de que no se respeten las paradas o estas sean del arbitrio del conductor o del usuario es muestra de que las normas que establecen los deberes y obligaciones de unos y otros son desconocidas para ellos, por no decir que sencillamente las incumplen.

Aunque en términos legales la ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento en la práctica, no se puede estar atento a una conducta que se desconoce y, en consecuencia, creyendo estar haciéndolo bien, que es lo peor, se termina actuando en razón de fenómenos culturales, aplicando la lógica social donde el criterio preponderante es: como lo haga la mayoría…

Esa mayoría ha internalizado que el transporte público colectivo, en principio, no es un servicio, es la actividad económica de una persona, el chofer, cuyo objetivo es llevar comida para su casa, no prestar un servicio de buena calidad, como indica la ley.

Es, en resumen, una suerte de campo de batalla de dos necesidades enfrentadas; por un lado, la del usuario de movilizarse y, por otro, la del conductor de procurarse su sustento. Las luchas han dicho que la del usuario es más débil, por lo que pierde las batallas diariamente y, más que un combatiente, termina siendo víctima de chantajes y abusos.

Lo menos, en todo caso, es el irrespeto a las paradas, como aludo en el título e inicio del artículo; el tema es la inconsciencia de los prestadores de servicio y la de los propios usuarios y usuarias respecto a la importancia de esta actividad fundamental y estructural para la vida ciudadana y la economía de un país, y que se reduzca solo a un tema de necesidades individuales.

Tampoco es la inversión que tienen que hacer los usuarios y usuarias para cumplir el deber de pagar el pasaje; es la inconformidad permanente de los prestadores de servicio en cuanto a las tarifas y su insistencia en cobrar siempre al margen de lo legalmente establecido.

A ello se les suma el maltrato a niños, niñas, adultos mayores y personas con discapacidad, quienes conforme a las leyes nacionales deben tener trato especial; sin embargo, son ignorados por los choferes porque no les reportan ganancias económicas.

Y si todo esto molesta, hay que tener cuidado con reclamar porque los "departamentos de cobranza y seguridad", instalados en cada unidad de transporte, y más conocidos como "colectores" o "peluches" están capacitados y dispuestos, muy dispuestos, a ejercer sus funciones a la fuerza y con violencia.

Violencia que no solo puede ser ejercida en contra de los usuarios y usuarias; puede ir también en contra de cualquier otro conductor que los acompañe en la vía, quienes deben cuidar de no entorpecer sus marchas. Como si fuese poco lidiar con los motorizados...

Con todo esto provoca gritar al conductor del globo terráqueo: "¡Por donde pueda, por favor!". Pero no, negado, hay que seguir girando con él, insistiendo y haciendo que cada vez sea mejor, porque necesario es vencer.

 

Carlos Manrrique


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