Psicosoma | The personal is political

19/09/2023.- Entender, comprender y tomar decisiones coherentes con los sentires en un sistema de misoginia patriarcal no es fácil. Se intenta y se conciencia porque todo está permeado por las estructuras patriarcales, desde la mente y el cuerpo hasta la psiquis y los sentimientos individuales y colectivos. Solo es posible reescribir con pensamientos diversos que recreen una revolución al abrir las compuertas de la intimidad y la subjetividad. Debemos darnos cuenta de que al tratar de contar nuestras percepciones, nuestra cosmovisión de una millonésima del fractal posible de acercamiento a la verdad, no solamente la racionalidad tiene el poder de ser verdad, porque a la par anula y estigmatiza las ideas femeninas, feministas, diversas.

Vivimos en un mundo patriarcal, tóxico y explosivo y en plena pandemia nos asesinan y violentan psicológicamente a quienes nos atrevemos a decir: "Hasta aquí me trajo el río" y "¡Basta ya!". Es tan increíble las mentiras que inventan las lobas machistas y las fieles corderitas del patriarcado quienes, al hablar del feminismo, lo miran con terror, al equipararlo con el "comunismo comegente". Desde las entrañas las confrontamos. ¿Quién dijo miedo? ¿Acaso un bar restaurante regentado por mujeres es un burdel?

El artículo The personal is political de Carol Hanish, del año 1969, nos infunde fuerzas y abre los ojos y corazones a nuevas relecturas frente al retroceso del 2023 o en la pandemia, con los asesinatos de mujeres a diestra y siniestra en Costa Rica, que no es ninguna "pura vida". Las mujeres, ante el galopante femicidio con leyes machistas, duermen en el polvo del olvido. Al hacer una panorámica del centro de San José, casi toda la ciudad está llena de bares, burdeles, puteros, peleas callejeras, bares "sifris" con estatus más caros, con alto consumo de drogas y lugares de poca monta o lupanares de exterminio rápido de mujeres migrantes, que evitan dar información. Sus argumentos son: "Solo quiero vivir hoy", "No me importan las reflexiones feministas y me gustan los hombres fuertes y machos". En esta cadena de supervivencia, ellas necesitan vender sus cuerpos y alimentar a sus familias; no les interesa definir la explotación sexual.

Las microrrealidades son otras y la explotación continúa con más violencia, pero quizá lo más mediático sea el caso del "beso del Rubiales". Se destapa la olla y necesitamos hablar, delatar y coordinar grupos de artistas, intelectuales y profesionales, como las deportistas que se organizan para capturar in situ al predador. Así lograremos coherencia. Desconstruyendo y creando estamos tejiendo lo personal y político y ¿qué puede ser más político que la defensa de la soberanía de nuestros cuerpos?

De la policía corporal: sacar el pecho, llevar la voz cantante, provocar una revolución sexual y una reivindicación de que lo personal es político. Un ejemplo claro es el estigma masturbatorio, del cual casi nunca se habla y ni que decir sobre las relaciones de pareja. Somos incoherentes porque repetimos patrones de amor consumistas, de romance light, muy al estilo Barbie, del perreo o del amor cortés, por las idealizaciones tozudas, de tanto gamelote de escritores y escritoras, de heroínas y sufridas madres o hermanas, como en Cumbres borrascosas, Lolita o Alicia en el país de las maravillas…

No estoy diciendo que dejemos de amar. Al contrario. Es soñar con otras formas amatorias al sistema predador y mataparejas que repite relaciones de poder, con falsas creencias de que "el que ama, pierde" o "uno de los dos es el que ama más". ¿Acaso el "poliamor" como solución al amor heterosexual y la fidelidad complicó todo o dio nuevos aires? En esa práctica, "Felices somos los cuatro"...

Me sumo al empoderamiento sexual del que nos habla la escritora rusa Aleksandra Kolontái, que está en el núcleo del ser de la mujer, de ser ella lo que desea ser, estando casada, pero en un matrimonio libre, donde el marido comprenda sus necesidades cuando tome la decisión de convivir con otro ser, o vivir sola, o tener "un cuarto propio", como la escritora Virginia Woolf. Por supuesto, la convivencia es difícil, pero no imposible. Mi experiencia clínica cuenta con prácticas de amores tan diversos, pero que los mantiene juntos, y en ideologías comunistas, socialistas y demócratas o conservadoras, en religiones musulmanas, judías o cristianas. Porque lo común de estas relaciones es que se basan en el respeto, la confianza y la comunicación dialógica constante.

 

Rosa Anca


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