Al derecho y al revés | El presupuesto yanqui

04/10/2023.- Estando aislados en parte de lo que ocurre en el mundo, una noticia importante se le ha escapado a la mayoría de los medios venezolanos, incluyendo las redes.

Se trata, diría uno, de algo impensable en la mayor economía del mundo que aún son los Estados Unidos: el gobierno de ese país estuvo a punto de tener que cerrar por falta de fondos no solo la mayoría de sus instalaciones militares, que las tienen en todos los continentes, sino museos y parques nacionales.

El lector desprevenido que no sigue la política estadounidense podrá pensar que es inverosímil la noticia.

Es que para uno también es difícil de digerir que la nación más rica del orbe se quede sin dinero para financiar los programas que se debaten en el Congreso de ese país.

No obstante, así es y solo un acuerdo de última hora, entre los dos grandes partidos del sistema, permitió que el gobierno de Biden siga funcionando por 45 días, fecha cuando el Legislativo debe aprobar un nuevo presupuesto… o cerrar.

Los temas que tienen trancado el acuerdo bipartidista para aprobar el presupuesto nuevo esencialmente son dos, y ninguno tiene que ver con la construcción de grandes obras o reparación de infraestructura, sino más bien con dos visiones diferentes entre los dos grandes partidos.

Los demócratas hoy día, con visión imperialista, globalista y hasta metiche, insisten en seguir financiando la cada vez más onerosa guerra de EE. UU. contra Rusia en Ucrania.

Mientras que los republicanos prefieren demostrar poder dentro de su país y quisieran que el nuevo presupuesto financie la Patrulla de Fronteras, que es el segundo valladar ante los migrantes que huyen de la pobreza de sus países para encontrar que el "sueño americano" ya no existe.

En realidad, ninguno de esos proyectos se basa en el crecimiento de la economía yanqui, que ya no fabrica sus cachivaches —como acostumbraba al terminar la Segunda Guerra—, sino en la emisión de dinero inorgánico.

Esta práctica ha desatado la inflación, que en ese país aún no llegando al 20% anual es mucha, porque por años allí no vivieron escaladas de precios.

A estas alturas del relato, uno debe preguntarse, si no se van a endeudar los estadounidenses para construir escuelas y hospitales, reparar vías y mejorar el sistema de represas, ¿a quiénes benefician los programas que dividen las dos Cámaras del Congreso yanqui?

Bien, esta pregunta explica por qué esos temas no solo los ignoramos los venezolanos, a quienes no nos incumben, sino por qué los ignoran los ciudadanos de EE. UU., a quienes no los toman en cuenta a la hora de endeudar el país.

La guerra de Ucrania solo beneficia al llamado "complejo militar industrial", monstruo privado que hace casi setenta años denunció en su alocución final el presidente Eisenhower.

También sirve para que personajes como el inefable Zelenski, y uno que otro general ucraniano, se llenen más los bolsillos con dinero que chorrea a este lado del mundo, si uno se fija en las andanzas del hijo del Presidente de EE. UU., el tal Hunter.

El programa republicano beneficia más bien a los tradicionales constructores —recordemos el muro que comenzaron los demócratas, pero hizo famoso Donald Trump—, y solo en parte, porque si se trata de armar a la Patrulla de Fronteras, de nuevo nos encontramos con los perros de la guerra aplaudiendo mientras recolectan millones.

Creo que ante la escalada en Guyana, estos temas los debemos tener en cuenta los venezolanos, aunque los medios los escamoteen.

 

Domingo Alberto Rangel


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