Historia viva | Comenzó el año 1817

10/01/2024.- La experiencia histórica enseña —esa es la razón fundamental para estudiar los hechos del pasado—, luego se revisa, se corrige y continúa; como en la derrota sufrida por el ejército patriota al mando del Libertador Simón Bolívar en Clarines, en el oriente de Venezuela, el 9 de enero de 1817.

En la lucha de Independencia, 1817 fue un año crucial. Ocurrieron muchos eventos significativos que, como encrucijadas en el tiempo y el espacio, dieron a los hombres y mujeres de Venezuela las bridas para remontarse hacia derroteros definitivos, para alcanzar el pase a la victoria por la liberación de este pueblo luchador y libertario y por la de otros pueblos de Suramérica.

Esa es la primera consideración que confirmo: la caracterización de un pueblo con deseos de emancipación. Como lo señala el ensayista colombiano Giuseppe De Corso (2023):

… un territorio de fronteras, con mayor libertad, sin recursos mineros, (entonces), con una baja densidad demográfica de población originaria, movilidad social, un mestizaje cultural y biológico, y vivaz, y como consecuencia de la guerra de independencia, se despliega una acentuada cultura política igualitaria (p. 12).

A ello hay que subrayar la personalidad étnica del llanero como vanguardia de las luchas independentistas, donde el componente indígena y negro le dio la capacidad para resistir los embates del enemigo y del clima, así como el conocimiento y uso de los recursos de subsistencia que le permitieron mayor capacidad operativa y voluntad para triunfar.

Algunos aspectos significativos de la batalla de Clarines (1817) dan cuenta de asuntos de orden militar, tácticos y estratégicos, pero también de la personalidad política bolivariana, en tanto el Libertador tenía, ante su liderazgo, un archipiélago de intereses personalistas de los caudillos orientales y de circunstancias políticas que —como amenazas internas— ponían en riesgo la empresa formidable de la independencia. Sin embargo, él impuso su firmeza unitaria.

El actual cronista de Clarines, en el estado Anzoátegui, Álvaro Armas Bellorín, describió algunos detalles precisos sobre la llegada al río Unare de 700 patriotas en armas, comandados por el Libertador Simón Bolívar —acompañado por Juan Bautista Arismendi—, el 8 de enero a la una de la tarde. Bolívar se ubicó en las alturas del cerro de los Chivos. Desde esa elevación, el Libertador corroboró toda la información que le había llegado sobre el atrincheramiento de las fuerzas de 550 realistas del otro lado del río Unare, en el sitio conocido como Los Barrancones, a tres kilómetros del campamento patriota, según Armas Bellorín.

Algunos documentos que reseñan la batalla de Clarines dan cuenta de tres aspectos significativos de ese combate. Primero, la fuerza patriota era superior, pero le falló la táctica operativa, por la dispersión de un batallón que se perdió en las montañas, y por no contar con tropas conocedoras de la zona y oficiales como Monagas y Zaraza, a quienes Bolívar envió a Aragua de Barcelona. Segundo, el combate frontal sin control del territorio fue una desventaja para los patriotas, que lucharon con fiereza hasta que el mismo comandante patriota de la vanguardia, Tomás Hernández, sacrificó su vida en el primer ataque. Sin embargo, los realistas tenían suficientes recursos físicos defensivos. Tercero, el enemigo contó con el apoyo de las comunidades indígenas del lugar, lideradas por los caciques Chauran y Benito Guaita, quienes atacaron a los patriotas por la retaguardia, lo que provocó pánico y dispersión al creer que eran los ejércitos de Morales quienes atacaban.

Bolívar sufrió esa derrota, que le provocó no menos descalificativos entre los caudillos orientales. Al respecto, Augusto Mijares dejó un análisis digno de considerar:

Una fatalidad insuperable parecía ensañarse contra Bolívar. Hasta sus subalternos más adictos [sic] comenzaron a pensar en un misterioso influjo maléfico mezclado en aquellos acontecimientos. Como antes se habían asombrado de verlo sacar de la nada recursos y victorias, ahora consideraban, con no menor estupor, que el destino parecía haber descendido a luchar personalmente con aquel hombre y se encarnizaba en derribarlo una y otra vez. Llegó a enterarse él mismo de aquella deprimente conseja: "La voz corrió [de] que yo era desgraciado y que todo me salía mal", le confió, muchos años después, a Perú de Lacroix" (p. 484).

A pesar de la derrota parcial, Bolívar logró superar el percance y entendió entonces los razonamientos estratégicos de Manuel Piar para tomar Guayana, lo que significaba fortalecer al ejército patriota y hacer un giro gigantesco para alcanzar la liberación del occidente, centro y Caracas, lograda con una titánica voluntad y el apoyo del pueblo guayanés, oriental y llanero, a los que se sumaron pueblos andinos, neogranadinos y venezolanos, las provincias de Maracaibo y Coro.

En un acto de comprensión de la situación política, Bolívar decidió entonces girar hacia el sur y transitar los riesgos de celadas y emboscadas realistas para llegar al Orinoco, e iniciar la instauración del Estado nación de Colombia desde y con toda la fortaleza guayanesa.

 

Aldemaro Barrios Romero

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