Psicosoma | Sentenciar

Antes de juzgar mi vida, calce mis zapatos, recorra el camino que yo recorrí, viva mis tristezas y mis dudas, viva mis alegrías (…) tropiece donde yo tropecé y levántese, así como yo hice…

Clarice Lispector

 

06/02/2024.- Es tan fácil la interacción humana directa sin intermediarios, referencias, "amiguitos" que ponen "el caldo morao" con rumores, prejuicios, antipatías o crean leyendas. Me imagino las fiestas de Eunice Odio: a través de las cartas que tuvo con el poeta venezolano Juan Liscano salían "invenciones", pero ella ya estaba "rayada" en Costa Rica y, total, qué es una raya más…

Realmente, son envidias de mentes prejuiciadas que se han activado más en pandemia. Hay una psicosis de "corazones rotos" y habladores de paja.

Escribir de verdad es rudísimo —hay que evitar el "lomismo"— y si se quiere innovar, mencionemos a la ucraniana-brasileña e insoportablemente enigmática Clarice Lispector junto a la Eunice felina, apasionada, arisca —¡ay si le gustaba un hombre!—. Y nada más voy a decir de Consuelo Suncín-Sandoval Zeceña, de El Salvador, la esposa de Saint-Exupéry. A ella la acusaban de "vocación puteril"…

Socializar con librepensadores es como la "aguja en el pajar" de la "pura vida" costarricense.

En clínica, compartimos vidas surreales en que las historias duelen más cuando se trata de seres amados. Qué difícil es ser mujer en un mundo patriarcal y más en países chiquitos que están "bajo el volcán" del chismorreo y no se ven la punta de la nariz, y menos el ombligo conservador, católico, misógino y prejuicioso. Agreden a sus mujeres y no soportan a aquellas libres y desinhibidas, sino que la fuerzan a vivir para el esposo.

La familia es indiferente al maltrato y la hacen sentir culpable. Si toma la decisión del divorcio, los hijos claman: "Es una anciana y tiene que vivir con papá porque yo no acepto…". Condenan a la madre que les dio sus mejores tiempos. Muchas ni siquiera sacaron la secundaria por haber estado criando una familia. Recordemos el "cría cuervos…".

La mujer artista o escritora tiene mecanismos para reinventarse con las palabras, escucharse en soliloquios y dramones. Así ordena los pensamientos y los sentimientos. Es cuando surgen las frases: "Contigo ya no regreso" o "Las mujeres facturan". En cambio, "las amas de casa" mayorcitas y cuarentonas aguantan a tipos amargados cuanto más viejos y supranecios (aunque no todos los son). En nombre del matrimonio, viven a punta de pepas o dobles vidas y, para colmo, las hijas se resisten al divorcio de la madre.

En clínica, las mujeres adultas mayores tienen miedo de confrontar a la familia y nos repiten: "¿Quién me va a querer?", "Quisiera vivir sola y disfrutar sin estar atendiendo al esposo ni a los nietos", "No conozco a nadie y me provoca desaparecer", "Tengo miedo de salir sola y buscar adultos jóvenes".

Estas reflexiones son apenas la punta del iceberg frente a una nueva población que está sana física y mentalmente y podría disfrutar décadas con toda la ciencia a favor de la gerontología. Me contentan los clubes de bailoterapia y de arte, o cuando estas pacientes retoman sus sueños de estudiar una carrera, como Inés, que se graduó de enfermera, o Nuria, que se convirtió en actriz de teatro y modelo.

Vivimos en una sociedad machista y se siente la exclusión en pequeños grupos donde los "dueños de parcelas" se autoperciben como dioses y no soportan diálogos, sino que se limitan a prejuzgar sin conocer. En las entrevistas a mujeres artistas, casi todas han sido víctimas de maltrato físico y psicológico. Son "la loca de la casa", la "mandinga" o la "bruja", así que prefieren fundar nuevos grupos.

Se normalizó la inutilidad de la mujer mayor, se "olvidan" de sus capacidades, pero la sororidad abre nuevos caminos en este titánico cambio de creencias. Hemos notado cambios cognitivos, de sentir y de actuar, producto del destape de la revolución tecnológica. Recuerdo en un festival internacional de Venezuela al poeta uruguayo Eduardo Galeano: "En tiempos oscuros seamos lo suficientemente locos como para ser llamados locos. // En tiempos oscuros seamos lo suficientemente inteligentes como para ser desobedientes cuando recibimos órdenes contradictorias con nuestra conciencia o contra nuestro sentido común".

Las mujeres "somos lo que hacemos para cambiar lo que somos" y nos recreamos en tiempos de caos con más fuerza. Revertimos las redes al imantarlas con el sello personal y Pachamama. No es el puro individualismo: nos reconstruimos en identidad y autoimagen, deslastradas de visiones patriarcales. Por ello nada es extraño al compartir con seres excluidos por sexo, color, clase, religión, inteligencia o edad. Tenemos los ovarios de confrontar y casi ni gastamos saliva con tarúpidos. Nuestros jolgorios y aquelarres son maratónicos, con chamos y chamas de puro colágeno. Con sus nuevas compañías se recrea el amor libre. Compartimos o jugamos a la ruleta rusa al "arriesgarnos a estar juntos". La vida es "una danza con saltos de tijeras, sin regreso. Solo con una brisa y cuando me miras, vuelo".

 

Rosa Anca


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