Micromentarios | El Salvaje

30/04/2024.- Desde hace años, existe en los Andes larenses una leyenda que habla de un ser semejante al pie grande de los Estados Unidos.

A este ser, medio humano y medio animal, cuyo cuerpo está cubierto por una tupida pelambre rojiza, se le conoce como el Salvaje.

De los múltiples relatos que de él se cuentan, llama la atención el del eminente conservacionista larense —fallecido en 1985— Francisco Tamayo. Este, en uno de sus escritos, refiere un hecho ocurrido en su estado natal.

Apuntaba el profesor Tamayo que "los ejemplares masculinos de estos animales tienen gran afición por las mujeres, a las que raptan y alojan en árboles o cavernas, cuyas entradas tapan con una pesadísima piedra".

Durante los días siguientes al rapto, el Salvaje lame los pies de la secuestrada, con el fin de ponérselos tan delgados que no pueda caminar ni, por supuesto, escapar.

A la raptada no le queda otra sino aceptar la vida marital que le propone el Salvaje. El fruto de tal unión es un ser mitad humano y mitad salvaje.

Refería el mismo profesor Tamayo que, en una ocasión, una de esas criaturas doblemente híbridas notó que su madre lloraba inconsolablemente casi todo el día y quiso saber la causa de su tristeza.

Al escuchar la historia del cautiverio de esta, el hijo resolvió devolverla al hogar paterno, para lo cual removió la piedra que cerraba la cueva.

Luego, cargando con su madre a cuestas, se trasladó hasta una población que, aunque el profesor Tamayo no la menciona, otros testimonios han ubicado en El Tocuyo, estado Lara.

Al cabo de unos meses, el joven semisalvaje fue inscrito en un colegio del que, al poco tiempo, fue expulsado, después de una pelea que sostuvo con todos sus compañeros varones de clases y de la cual salió victorioso.

Pese a que, desde su ingreso, sus condiscípulos lo hicieron objeto de bullying, debido a su pelaje, y no hizo otra cosa que defenderse de un ataque en cayapa, nadie abogó por él. Incluso el profesor Tamayo, en su texto, al referir la historia, atribuyó la riña al mal carácter que el extraño estudiante había heredado de su padre.

En el viejo Servicio de Información Folklórica que existía en el país, había una gran cantidad de relatos sobre el Salvaje. El último de ellos se remontaba a 1960.

En las últimas décadas, nada se ha sabido de su presencia en el estado Lara o en otras regiones andinas, por lo que para los niños y los jóvenes de ahora se trata de un personaje legendario desconocido.

Lo más que se ha dicho con respecto al Salvaje es que se trataba, en realidad, de osos frontinos, pero esto jamás se demostró.

Hace un tiempo, leí uno de esos comentarios desafortunados que inundan las redes sociales. Su autor señalaba que la escasa popularidad del Salvaje se debía a haber elegido como hábitat un país subdesarrollado.

Apuntaba que, de haber vivido en un lugar donde se enorgulleciesen de sus mitos, leyendas e historias, el Salvaje sería tan conocido como sus parientes norteamericanos e himalayos: big foot, sasquatch o el yeti.

 

Armando José Sequera


Noticias Relacionadas