Historia viva | Bolívar admirable

08/05/2024.- El año 1813 fue un período crucial para las luchas de independencia. Simón Bolívar, el militar, pero sobre todo el ciudadano, mostró su estatura moral y dignidad ética ante la barbarie desatada por los realistas, al mando de Domingo de Monteverde, quien, en un arrebato criminal, desencadenó un odio demencial contra los patriotas y la población venezolana, de manera indiscriminada.

Todos los desafueros posibles fueron puestos en práctica por los realistas, desde la pena capital sumaria hasta la persecución contra todos aquellos que durante los eventos ocurridos entre 1810 y 1812 fueron procesados como traidores al rey o los que desconocieron su autoridad.

La Academia Española de la Historia lo ensalza en glorias al describir su hazaña en tierras americanas: "En 1810, pasó a Costa Firme al frente de una pequeña expedición de soldados de marina, y puede decirse que ello hubo de marcar los rasgos de su importante contribución en defensa de los territorios españoles en América".

Sin embargo, quien enfrentaría al ejército libertador, no podemos menos que calificarlo de patibulario y siniestro. Es más, él mismo en sus cartas manifiesta gozo por las atrocidades cometidas con sus subalternos, en acciones criminales emprendidas bajo su mandato como capitán general de Venezuela entre 1812 y 1813.

Tal era su demoníaco y visceral comportamiento que algunos de sus propios seguidores detestaban su proceder, como cuando violó la capitulación de Miranda en 1812, lo sometió y lo envió a morir en las barracas de La Carraca, en España. Y luego, durante las campañas, cuando intentó exterminar todo lo que le oliera a patriota, algo muy similar a los sentimientos de odio de los opositores extremos de hoy.

En las Memorias de Level de Goda, un abogado y político realista que luego pasó a las filas republicanas, se describen las atrocidades cometidas por Monteverde y sus mandos. En una carta, el mismo capitán general relata:

Antoñanzas había hecho marchar trescientos cumaneses al mando de Zuazola, español Sargento de Marina, con destino al interior de Aragua (de Maturín), que en formación al mismo acto de salir les arengó diciéndoles que por cada oreja de insurgentes que le remitiesen, pagaría un peso, que aunque no habrían encontrado ningún campo insurgente, toda la gente de Aragua lo era, y Zuazola mandó a matar a los que hallasen y cortarles las orejas para enviarlas al Gobernador Antoñanzas.

En 1813, Napoleón estaba en el cenit como emperador, en cambio, Bolívar aceptó la bendición popular con el título de Libertador, que tiene otra significación histórica.

Ante la violencia y excesos del jefe realista Domingo de Monteverde —por las sangrientas crueldades y el exterminio de los patriotas, incluyendo mujeres y niños—, Bolívar escribe desde el Cuartel General en Mérida, el 8 de junio de 1813: "Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte".

En las filas patriotas también hubo desafueros, como los ocurridos con el oficial Antonio Nicolás Briceño, tildado de loco entre la oficialidad. Una carta escrita con la sangre de dos españoles decapitados por Briceño, en San Cristóbal, fue enviada junto con las cabezas de las víctimas. El Libertador le respondió:

Advierto a usted que, en lo delante, de ningún modo podrá pasar por las armas ni ejecutar otra sentencia grave contra ningún individuo sin pasarme antes el proceso que ha de formársele para su sentencia, con arreglo a las leyes.

Briceño le respondió iracundo:

Si le ha estremecido a usted el acto que llama violento de haber matado a los dos únicos españoles que encontré y si le ha horrorizado al ver escrita la fecha de mi carta con la sangre de aquellas víboras, yo también me he admirado al leer la carta de Usted, llena de insultos e improperios, por solo aquel motivo (…) Jamás lo creí a Usted capaz de contrariar estas ideas (…) Si les va a seguir causa a los españoles para matarlos, jamás los condenaremos.


La campaña Admirable comenzó en medio de estos escenarios de atrocidades, que se mostraron tanto en los campos de batalla como en las áreas de producción. Al respecto, Federico Brito Figueroa señala:

La República de 1813, inspirada en la política de "guerra a muerte", secuestró y embargó los bienes de los adversarios de la independencia —criollos o peninsulares—, y restituyó las haciendas, hatos y casas que el Tribunal de Secuestros y la Junta de Prescripciones habían arrebatado a los antiguos propietarios y sus descendientes (…) Muchos hacendados al regresar a sus posesiones, las encontraron ocupadas por sus esclavos.


Bolívar, entre la piedad de sus fueros internos y lo despiadado del momento, supo mantener la dignidad y estatura de estadista, más político que militar. Fue su consagración con un título que le honró y que él mismo enalteció al sostener su condición de republicano, lo que nos habla de la trascendencia de la ética bolivariana.

 

Aldemaro Barrios Romero


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