Vitrina de nimiedades | Labia digital

08/06/2024.- El mundo online parece revolución constante, y hasta cierto punto lo es. Pero algunas de esas cosas que nos aflojan la quijada por asombro en ese entorno realmente son reinterpretaciones de lenguajes, sistemas y métodos probados en el mundo offline. Algunas, incluso, plantean enigmas sobre su alcance y poder. Podríamos abrir la lista con los podcast, novedad digital que diluyó uno de los temores más extendidos en el mundo audiovisual: hacer radio por televisión. Este formato ha impuesto una estética adaptable a casi cualquier espacio y, al mismo tiempo, nos hace preguntarnos si hay audiencia para tanta diversidad sonora.

Según Statista, 400 millones de personas consumían este formato a finales de 2023: Brasil es el país donde se escucha más. Dentro de esa comunidad se encuentran los miembros de la generación bisagra entre los medios tradicionales y las novedades gestadas en internet. Para varios de ellos, los podcast son un cruce de estéticas y discursos. Como alguna vez se dijo de la crónica, este formato audiovisual es como un ornitorrinco: a veces parece un documental radial; en otras ocasiones, es una conversa en línea entre panas y, en varios casos, es un magazín televisivo llevado a la web. Hay tanta libertad que no es posible definir de qué se trata: ¿es un producto para escuchar? ¿Es la producción televisiva simplificada? ¿Es una cabina de radio abierta al mundo? ¿Qué es?

Las búsquedas en línea, algunas asistidas por inteligencia artificial (IA), no son tan generosas: se consiguen definiciones como “serie de contenidos grabados en audio y transmitidos en línea”. Algunos conceptos agregan más precisiones: es un producto sonoro en serie, descargable en dispositivos inteligentes y cuya reproducción no está atada a horarios.

La práctica, sin embargo, rompe con esos planteamientos. YouTube, ese reino audiovisual de la web, acoge varios ejemplos de podcast convertidos en productos audiovisuales marcados por elementos inconfundibles: micrófonos y audífonos profesionales usados por los participantes de las conversaciones más diversas. Aunque parece ser la corriente más extendida, no es la única forma de producción. Existen otros pensados únicamente como un producto sonoro, con un esfuerzo de producción tremendo para recrear climas, ambientes y situaciones. Herederos de la creatividad de las radionovelas, tienen en el paisaje sonoro su mayor fortaleza y enganche.

Pero, más allá de la forma, la gran pregunta es: ¿quién está hablando a través de esa modalidad? Según Demand Sage, en el mundo existen 5 millones de podcast, un número que puede sonar a libertad discursiva, que arropa humor, provocación, seriedad, ironía y testimonios. Eso incluye a gente común contando historias difíciles, especialistas médicos, humoristas, amas de casas, madres y padres, parejas y cualquier otra figura que se escude en la etiqueta (discutible) de “creadores de contenido”.

Son muchísimos quienes hablan hoy, pero ¿cuántos realmente logran conectar con una audiencia? ¿Quiénes alcanzan el reconocimiento más allá de un nicho? ¿Existen voces inconfundibles? Parece que la época de los locutores reconocidos ya murió, mas no la estructura que domina la producción sonora. Si vemos quiénes son los principales impulsores de este género, veremos a grandes cadenas audiovisuales con visión multiplataforma. ¿Es el podcast entonces una simple evolución de un negocio o sí es un formato revolucionario? Solo el tiempo, como en todo, lo dirá. Por ahora, parece que la labia digital alcanza para casi todos.

Rosa E. Pellegrino 

 

 

 

 

 

 

 

 


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