Letra fría | Crónicas de repele

Iré contando mis aventuras así sea a punta de repeles

21/10/22.- Casi que enconillo los repeles, pensando que era otra palabra de la invención popular como la expresión "corotos", que viene de anécdotas varias de los generales Guzmán Blanco y José Tadeo Monagas, sobre unos lienzos de Jean Baptiste Camille Corot que había en Miraflores. Remito a las de mi profesor Ángel Rosenblat, que deben ser más certeras. La que yo me sabía es que en una mudanza, la esposa de Guzmán pidió a los obreros que tuvieran cuidado con los Corots, y de allí quedó el comodín de un objeto cualquiera que no se quiere mencionar o cuyo nombre se desconoce, que incluye trastos de cocina, peroles, cachivaches, macundales, bicho o guarandinga.

Y dejo para otra ocasión macundales, para que mamá no diga: ”Ya te vais a dispersar otra vez”... Volviendo a los repeles, que aparecían como conjugación del verbo repeler y la que yo quería usar, parecía ser otro invento nuestro… 

Lo cierto es que las comillas quedaron engatilladas, porque en el diccionario de la RAE, encontré la acepción de repele como: “Resto, especialmente de comida o de dinero”. Así que si de comidas se trata, nunca olvidaré la fiesta de los repeles que hacían Cheo y La Chicha cada 6 de enero, cuando los amigos llevaban hallacas, trozos de pernil y pan de jamón, panetones, así como otros repeles que habían quedado de Navidad y Año Nuevo, la de dinero traduce que, cuando no andamos pelando, a veces uno carga un repele de la quincena, pero hoy trataré de mis repeles literarios.

Todo para decir que de la nota del conversatorio Para contarte a ti, mi Caracas, quedó un repele al ser interrumpida por mi última caída, la de la Barbería Gochos, donde conocí a Kimberly, bella barbera de 20 años que escribe ficciones de reinas, brujas y princesas, que te corta el pelo con destreza y te brinda una cerveza..., pero retomando el tema dese aquel entonces no he podido escribir sobre las aventuras de mi viaje a Bogotá, estas han sido interrumpidas por obituarios ineludibles por el gran afecto a Fruto Vivas, Aquiles Báez y Efraín Valenzuela. Así que ya veré cómo hago, pero el coctel de la terraza del Hotel BOG, la boda misma en la iglesia Santa Bibiana de Usaquén y la cena-rumba después del acto eclesiástico en El Cumbia House de Gaira, el restaurante de Carlos Vives en Bogotá, y la cena de despedida en el restaurante Andrés Carne de Res en Chía, no puedo dejar de contarlas, así sea a punta de repeles. Jajajaja.

Humberto Márquez


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