Historia viva | Violencia y fascismo oligarca

10/07/2024.- Cuando el alemán Gustavo Zingg Miersen llegó a Venezuela, finalizando el siglo XIX, lo hizo como representante de una de las casas de comercio de Hamburgo localizadas en Maracaibo. Sin embargo, se anotó en otra historia cuando, en los años cuarenta, el nazismo alzó banderas en una Alemania hitleriana. Junto a otros germanos residenciados en Venezuela, colaboró en la operación Invierno con logística y dinero, con el objetivo de que sesenta agentes de la Gestapo establecieran las coordenadas para cumplir con el propósito de destruir los barcos petroleros venezolanos o norteamericanos que surtieran de energía a la Armada norteamericana. Esta fue la siembra del fascismo en Venezuela, que luego se ha reproducido hasta nuestros días por una genética de la arrogancia y la violencia política.

La hija del alemán nazista Gustavo Zingg, Carmen Zingg Aranguren, no se iba a casar con un don nadie y buscaron el pedigrí de los amos del valle de Caracas, hoy conocidos como "los apellidos". Se casó con Alfredo Antonio Machado Gómez, gestando la dinastía de los Machado Zingg. Una de sus hijas, Mercedes, se casó con Carlos Zuloaga Rodríguez, hijo de Ricardo Zuloaga Pérez-Matos, el heredero de la Electricidad de Caracas. Su padre fue Ricardo Machado Tovar y su abuelo materno Manuel Matos, muy reconocido por vender a los Estados Unidos el asfalto venezolano con que pavimentaron las calles de Nueva York y Washington a principios del siglo XX, a través de negocios turbios con la New York & Bermúdez Company. También fue enemigo acérrimo del nacionalismo de Cipriano Castro, financista y colaborador de Juan Vicente Gómez como prestamista y usurero, además de fundador del Banco Caracas y del Banco de Venezuela.

Se ha divulgado la idea de que estas familias fueron emprendedoras y promotoras del desarrollo nacional, cuando realmente fueron instrumentos avaladores de la dependencia económica estructural que neutralizó nuestra industria. Facilitaron que las transnacionales norteamericanas —del petróleo, del hierro, del aluminio o de la industria eléctrica— impusieran sus intereses en detrimento del provecho del país.

Además, una vez perdidos los privilegios que le facilitaron los partidos políticos del Puntofijismo —eso es Acción Democrática y Copei— en comisiones, "pagos opacos", corruptelas, y la posterior asunción de un gobierno de corte popular como el de Hugo Chávez en 1998, "los apellidos" sacudieron las cortinas detrás de las cuales siempre se ocultaron para luego disparar la carga genética fascista y nazista de abuelos como Gustavo Zingg o Enrique Romer.

Durante el gobierno de Medina Angarita fueron desvelados los planes del nazismo en Venezuela y hombres como Gustavo Zingg, Enrique Romer (abuelo materno de Enrique Salas-Romer) Ernesto Blohm (Casa Blohm), entre otros, colaboraron con logística y dinero para llevar a cabo la operación Invierno. En las pesquisas que hizo el Departamento de Estado norteamericano a principios de 1942, a través de sus espías, determinaron que muchos de los empleados venezolanos de Zingg, Romer y Blohm eran usados para realizar incursiones en sitios estratégicos de la industria petrolera para obtener información, sin que lo advirtieran las autoridades de Venezuela. Así ocurrió en Maracaibo, Puerto Cabello, Caracas, La Guaira, Puerto La Cruz, El Tigre y Ciudad Bolívar.

Estos hombres, cuyas familias siguieron manteniendo privilegios políticos y económicos durante el gobierno de Pérez Jiménez y todo el trayecto puntofijista, legaron una semilla ideológica fascista en algunos de sus familiares, hijos y nietos. Estos han estado tras bastidores financiando o sirviendo de enlaces para operaciones de sabotaje y violencia financiadas por agencias como la Usaid, que ha aportado millones de dólares para acabar con la Revolución Bolivariana.

En la década de los ochenta, un brote de "inquisidores" con visos nazifascistas se empolló en lo que fue una secta conocida como Familia, Tradición y Propiedad de la cual eran miembros Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López, acusada de planificar supuestas acciones diabólicas y terroristas y donde estarían vinculadas familias pudientes de Caracas como los Machado y los Mendoza. Hoy estos grupos, que son derivados del falangismo de Copei, terminaron en Primero Justicia y la subderivación Voluntad Popular, miembros de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), hoy Plataforma Unitaria Democrática.

El pedigrí familiar nazi de algunos dirigentes de la derecha venezolana, como los Romer, los Zuloaga y los Zingg, entre otros, tuvo su cenit con las grabaciones hechas públicas en Venezuela en 2004, cuando un descendiente de Gustavo Zingg con el mismo nombre, pero con un segundo apellido de la alcurnia caraqueña: Gustavo Zingg Machado, financió y participó en la operación Daktari. En 2012, los participantes de dicha operación intentaron actos terroristas y el magnicidio contra el presidente Chávez, junto al financiamiento de la campaña del líder oposicionista de derecha Henrique Capriles Radonski, entonces flamante candidato presidencial.

Para conseguir los antecedentes históricos de la actual derecha venezolana basta revisar los archivos desclasificados del Departamento de Estado norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial y explicarse de dónde vienen sus comportamientos fascistas. Como escuela del mal, se han cultivado por generaciones en Venezuela y hoy intentan recuperar el poder para entregarle al norte las riquezas de la patria a cambio de privilegios familiares. Todo ello terminó con Hugo Chávez Frías a partir de 1998. El presidente Maduro ha continuado esa saga, aunque la violencia fascista ha vuelto a brotar por su naturaleza genética.

 

Aldemaro Barrios Romero

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