Letra fría | Hipódromo, Reina Guillermina y La Paz

12/07/2024.- Después que el pajúo del comandante de la Guardia Nacional en el pueblo de La Paz puso a mi padre entre tres y dos con respecto a mi permanencia en aquel paraíso terrenal, no fue fácil separarme de los seres queridos y de mis compinches juveniles. Apenas si pude despedirme, en el mejor de los casos; otros todavía se estarán preguntando qué pasó… si es que existen, porque ya esos carajitos pasan de 70. Yo era el menor y tengo 71… Siempre me he preguntado cómo podía convertir todos los castigos en delicias, y siempre me he respondido que todo ha sido seguramente por la conjunción astral que alumbró mi nacimiento. Desde muy joven fui muy pilas evaluando mis entornos. Me atrevería a decir que de niño también. Cuando nos mudamos a una casa cerca de la plaza Reina Guillermina, en Maracaibo, recuerdo que en mi primera evaluación entendí que tenía una bajada y un coñazo de metras. Entonces me inventé un hipódromo. Colocaba el aparato de salida —que era un rectangulito de madera que me construí— en la parte superior de la bajada, que era la entrada de la casa, y las bolitas —como les decíamos en Maracaibo— corrían desenfrenadas hasta la meta.

Ahí seguramente me hice locutor, porque yo narraba las carreras:

¡Partida!... Mala para el Piave, que se abre hacia la baranda exterior, y mientras tanto Primordial, el Tamao, Motín y Mademoiselle Jolie conforman un pelotón muy parejo en las primeras de cambio, en tanto que Primordial toma la punta seguido, muy cerca de Motín, a un cuerpo, y El Tamao a dos. Mademoiselle Jolie viene muy bien por la baranda interior y pasa de un viaje a dominar la carrera. Motín viene atropellando muy fuerte y sería un descalabro para el 5 y 6 porque cerró pagando 50 a 1, pero no hay nada que hacer, porque gana la gran favorita, la Señorita Jolie. En el segundo lugar, Motín a un pescuezo; en tercero, El Tamao; en cuarto, Primordial, y por último, El Piave, que terminó claudicando el preparado por Domingo Noguera Mora, pero que igual gana la carrera porque Mademoiselle Jolie también pertenece a su cuadra.

La Señorita Jolie (en francés, Mademoiselle) siempre ganó todas las estadísticas en mi hipódromo Reina Guillermina. ¡Era una metra muy veloz, ja, ja, ja! Los hípicos contemporáneos de entonces recordarán que El Tamao era el campeón de La Rinconada y los demás caballos también eran del óvalo de Coche, a excepción del caballo de mi padre Efraín Márquez García, Motín, que era un pura sangre campeón de La Limpia, hasta que claudicó después de ganar su último clásico y debieron sacrificarlo para gran dolor de papá y de su preparador Noguera Mora, que se inició, por cierto, en el hipódromo de Maracaibo.

Cuando llegué al pueblo de La Paz, hice el arqueo de siempre: ¿qué hay, qué tengo y cómo convivo con esto? Era el propio pueblo fantasma dejado por la petrolera después de extraerle el último barril de petróleo. No sé si papá invadió las oficinas, el club y algunas casas del entorno, o negoció con los adecos o con la misma petrolera que, como no podían ceder propiedades, vendían por sumas simbólicas. En los terrenos de la Chevron, por ejemplo, en la avenida El Milagro, al lado del Hotel del Lago, quedaba el colegio Gonzaga, donde estudié cuarto y quinto de bachillerato a la orilla de la playa. Ese se lo vendieron a los jesuitas en cinco bolívares... Lo cierto es que me tocó la casa del jefe del campo petrolero de entonces, y mi adorable señora Rita, una dulce anciana igualita a la actriz mexicana Sara García, me consintió y alcahueteó como le dio la gana durante mi estancia en el pueblo.

Mi otro compinche fue Vicente, un gallego genial, de mente ágil, con especial talento para resolver los problemas existenciales y emocionales de un loquito adolescente como yo. Vicente era gran bebedor de cervezas, experto en matemáticas y simpático hasta la médula.

 

Humberto Márquez


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