Estoy almado | La calle

13/07/2024.- Asistimos a una campaña electoral enfocada en la comunicación digital, muy distinta a las del pasado. Antes, la televisión, la radio y la prensa escrita se imponían en la construcción y legitimación de creencias sobre los candidatos en disputa. Conformaban una verdadera hegemonía comunicacional. Mientras tanto, las redes se mantenían en segundo plano.

En la actualidad, existe la certeza de que todos consumimos contenidos que nos llegan por redes digitales y aplicaciones de mensajería, principalmente WhatsApp y, en menor medida, Telegram. Así nos enteramos de lo que ocurre y podemos saber más allá de lo evidente, incluso cómo van las movilizaciones y concentraciones en campaña electoral.

Esto puede sonar obvio para quienes andan consumiendo redes a diario de manera hiperconectada. Sin embargo, el país, al parecer, no se informa de la misma manera. El auge del nuevo ecosistema comunicacional todavía no ha desplazado por completo a los medios tradicionales. Es un complemento, como ocurrió en su momento con la aparición de la televisión, que se esperaba que eliminara el uso de la radio.

Según una investigación realizada por la UCAB, la televisión y la radio aparecen, sorpresivamente, como las principales fuentes de información de los usuarios, sobre todo en poblaciones alejadas de las capitales, donde el acceso a internet no es estable o predominante. En todo caso, donde hay conexión a internet, la gente se informa por WhatsApp, según arroja el estudio.

Ahora, en el campo de las redes, la más usada es Facebook. Le siguen Instagram, WhatsApp, TikTok y, por último, X (antes Twitter), de acuerdo con la clasificación mensual (del mes de julio) que realiza el portal Similarweb.

Así las cosas, entonces el país se está informando por dos vías: un sector que todavía usa medios tradicionales y otro que emplea plataformas de mensajería y redes digitales. Unos poquísimos, seguramente, combinarán ambos métodos. En todos, la característica común es la poca explicación de los contextos y hechos que suceden a diario.

No obstante, ningún mensaje consumido por redes o WhatsApp le gana a la conciencia nacional; a la percepción que tengamos de lo que vivimos cotidianamente en la calle y en nuestros entornos más íntimos: en casa, reuniones sociales y sitios de trabajo. Allí se forma un imaginario poderoso, alimentado, claro está, por la influencia de lo consumido poco antes en redes y medios electrónicos o tradicionales.

En esto hay un detalle a valorar: la realidad de tu cotidianidad. Lo que vives cada día es poderoso; trasciende una foto o video en X o Facebook, que se presenta como la supuesta mayoría aplastante. Para efectos de la campaña electoral, un material audiovisual sirve de conexión para quien apoya una idea. También para ganar adeptos y moderar el triunfalismo desbocado. Pero las fotos o videos de un dron no reflejan las mayorías, considerando que el material audiovisual puede sufrir alteraciones o realizarse con planos que muestran una realidad microsegmentada distinta al sentipensar de la realidad real. La última foto que viste en X no es un plebiscito fiable de lo que ocurrirá. Sí, puede ser una señal, un llamado a la esperanza, pero la realidad es distinta.

Por tanto, en campaña electoral lo más verídico es lo que la gente siente, padece, disfruta y piensa a diario, derivado de las condiciones económicas y sociales que en los últimos años están cambiando favorablemente.

No todos son consultados en una encuesta. No todos participan en una marcha o se expresan activamente en las redes. No todo el país se refleja en el último video o imagen que te llegó ayer por WhatsApp. Los que han resistido y cabalgan la sobrevivencia; los que han contenido la estabilidad social; los invisibles en las redes; los ausentes en encuestas y cálculos estadísticos; los sabios populares; los conscientes anónimos; los bregadores de buena fe, todos ellos también votan.

Al final, la calle, el poder popular, la verdadera noción íntima que tiene la gente de la realidad (eso que subyace por encima de la opinión pública, ahora formada en los nichos digitales) les ganará a las redes (y a las encuestas) y lo que se presume en ellas.

 

Manuel Palma

manpacabe@gmail.com


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