Memorias de un escuálido en decadencia | Lula

Bolsonaro no reconoció un carajo, solo se le veía que estaba arrecho por la derrota

3/11/22.-  ¡Hasta la garota de Ipanema votó por Lula! Hemos venido sufriendo derrotas por todas partes, menos por una que nos une al cielo. En Colombia perdimos al compañero Uribe-Iván y ahora en Brasil, una vaina que nos tiene con la cabeza en otro mundo, llegó el comunista de Lula y le ganó al batallador de la democracia que nos gusta a nosotros, al campeón de las libertades: Jair Bolsonaro. Y 48 horas después fue que el compañero Bolsonaro decidió salir a decirle unas palabras a su pueblo. No reconoció un carajo, solo se le veía que estaba arrecho por la derrota, así como lo estuvo Embajada Radonski en su momento, solo que aquí la arrechera de Bolsonaro es con clase y elegancia, y distancia y categoría. Ya en los diferentes pueblos de Brasil, camioneros y población civil habían cerrado calles para manifestar su descontento, pero claro, los jueces mandaron a la policía a abrir las calles y volvió de nuevo el sentimiento de paz al pueblo. Todos estaban pensando que Bolsonaro podía dar un golpe, pero nosotros no somos hombres de eso, como lo hemos demostrado en muchas partes; de Venezuela y Bolivia no hablemos, por favor.

Y luego de esta nueva derrota, nosotros con esa cara que nunca se nos cae de vergüenza, ya estábamos preparados porque nos habían dado la noticia de que el interino estaba derrotado antes que Bolsonaro. Ya antes, el Lula de Brasil había declarado que “Guaidó no es nadie”, y da pena reconocerlo, pero dijo una gran verdad. Y nos vino otro coñazo por todo el centro del pecho el Día de los Santos. El primero de noviembre,  a comienzos de la tarde venezolana, llegó a Miraflores desde Colombia, el comunista Petro. Uno no sabe dónde carajo meter la cabeza de la vergüenza, pero ya no nos da pena nada. Lo que faltó fue que en el avión nos trajera a Matemático Borges y a Pedro –Golpe– Estanga y a Ismael –Instin– García. Y le dijera al dictador: “Recoge tus gallos muertos”. Petro estaba en Miraflores, limpiecito como un sol. Hemos venido llevando caña durante este tiempo. La compañera Patricia Poleo informó en su programa que Carlos –Dólares– Vecchio abandona Washington y se va para Miami, pero ahí no lo van a dejar en paz, por bandido, así dice la periodista. Tendremos que bañarnos con cariaquito morao porque esta pava macha que nos cayó encima parece que no la para nadie.

Los chavitas gozando una bola por todo el país con el hombre del garrote juramentando jefes de calle, de callejones y de comunidad en todos los estados. Y ahí se ve a esos carajos muertos de la risa y llenos de contento con su cargamento de felicidad, en cambio nosotros seguimos pelando bola de la buena. Nos estamos matando entre nosotros. No hay nadie que le tenga más arrechera a la oposición, que la misma oposición. Entre nosotros no sale nadie capaz, nadie inteligente, nadie con lucidez que diga de dónde son los cantantes. No hay a quién creerle. Y lo peor es que parece que hay dictadura para rato, por culpa de nosotros que no somos capaces de encontrar a un hombre o a una mujer en quien creer. Estamos tristes, solitarios y finales.

El papá de Margot veía por televisión la llegada de Gustavo Petro a Miraflores y decía: “Dios mío. Dios mío. Dios mío. Ayúdame a soportar las cosas que no puedo cambiar. Mete tu mano, Dios. Y ojalá que el mes que viene no venga el Lula de Brasil a Miraflores, porque boto tierrita y no juego más”. Y se fue para el cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro, que los vecinos a coro gritaron: “Deja de joder, muérgano”.


  –Yo quiero tener un millón de amigos –me canta Margot.

Roberto Malaver


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