Cívicamente | Las redes sociales y control social

Es necesario que a las redes sociales también les salga el Coco

17/11/22.- Las redes sociales, poco a poco, se van convirtiendo en un mecanismo para el control social. Cada vez son más las conductas “inadecuadas y transgresoras” que en ella se exponen, presentándose como un medio novedoso y efectivo para reportarlas. 

Ya las cámaras de los teléfonos celulares dejaron de ser solo para filmar nuestra propia imagen, ahora son más útiles para captar la de otros, sobre todo en circunstancias comprometedoras. 

Si hacemos conciencia de ello, debemos entonces cuidar de nuestras acciones en público y modo de conducirnos socialmente porque no sabemos quién nos está expiando con cámara en mano y aspirando volverse tendencia con un contenido viral donde el protagonista sea uno de nosotros. 

De tal suerte que el control social, representado formalmente en la ley, tiene actualmente su mejor contrincante en las redes sociales. 

La religión que también juega un papel fundamental en ello ha quedado igualmente relegada por este fenómeno, porque hay quienes temen más a una publicación con imagen o video que al ojo de Dios desde las alturas. 

El temor ha sido una herramienta exitosa desde tiempos de la colonia hasta la actualidad para modelar conductas sociales. El miedo a ser sancionados, cuestionados, señalados, hace que nuestro comportamiento sea el esperado e idealizado en las leyes y en la religión, que son reproducidos y reforzados en la escuela y la familia. 

Ahora es necesario incluir también en esta lista a las redes sociales y hacer mención especial de su alto alcance y efectividad. 

Sin duda que tiene sus ventajas contar con un espacio en el que cualquier ciudadano pueda sin la menor formalidad y con gran incidencia denunciar cualquier hecho o circunstancia contrario a los valores socialmente validados y aceptados, y en un mismo acto probarlo con imágenes, no obstante sin tener la debida regulación puede ser pernicioso en una sociedad con tantos jueces y pocos culpables. 

Y aunque partimos de la premisa civil de que todo aquel que cause un daño a otro debe repararlo, así sea por redes sociales, las lesiones morales y psicológicas no se disipan con estimaciones pecuniarias ni con indemnizaciones. 

Es necesario entonces que a las redes sociales también le salga “el Coco” y este debe ser por excelencia la ley. 

No se trata de coartar libertades, se trata de estimular responsabilidades, las que se tienen cuando se emiten juicios y opiniones.  

Carlos Manrrique

 


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