Ahora los pueblos | Migrar no es un delito

Vamos a buscar hasta el último migrante venezolano en Estados Unidos.

Nicolás Maduro

 

27/03/2025.-

El imperio contra Venezuela

Desde el triunfo electoral del comandante Hugo Chávez en diciembre de 1998, Estados Unidos inició un plan sistemático contra el pueblo venezolano, que incluyó guerra económica, guerra mediática, sabotaje petrolero y golpe militar en abril de 2002. Ninguna de estas agresiones imperialistas logró debilitar el gobierno bolivariano. Al contrario, el chavismo se creció al punto de lograr una victoria contundente en las elecciones de diciembre de 2012, derrocando una estrategia denominada "cambio de régimen". Resalta de este período la bonanza económica de que gozaba la República, producto de la recuperación de los precios del crudo y de la soberanía ejercida por el Estado sobre el negocio petrolero.

Luego de la muerte del máximo líder de la Revolución Bolivariana, arreció la segunda fase de este plan sistemático de agresiones, cuando Barack Obama emitió un decreto que califica a Venezuela como "amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos de América", el 8 de marzo de 2015. Desde entonces, esta pequeña nación suramericana ha sufrido, en apenas diez años, un cerco económico y financiero que la ha llegado a privar del noventa por ciento de sus ingresos, con más de mil medidas coercitivas unilaterales que limitaron su libertad de comercio y sirvieron de excusa para la confiscación de importantes activos de la República en el extranjero.

Recordemos que durante el primer mandato de Donald Trump se aplicó contra Venezuela la táctica de la "máxima presión", que combinó todas las formas posibles de agresión contra el pueblo venezolano. El presidente Nicolás Maduro ha enfrentado acciones desestabilizadoras como guarimbas, intentonas golpistas, intentos de magnicidio, guerra eléctrica, operaciones psicológicas e intentos de invasión por parte de la primera potencia militar del mundo. Todo esto con la intención de derrocar el gobierno bolivariano, objetivo que no han podido alcanzar a pesar de contar con el apoyo irrestricto de la ultraderecha continental.

 

Trump escala la guerra contra Venezuela

Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, creció la incertidumbre sobre el rumbo que tomarían las relaciones binacionales. El escenario parecía despejarse a finales de enero, con la llegada a Caracas del enviado especial de Estados Unidos, Richard Grenell, para reunirse con el presidente venezolano. Pese a los acuerdos alcanzados, la política hostil de Estados Unidos contra Venezuela continúa, con la declaratoria de la extinta banda criminal denominada Tren de Aragua como organización terrorista. También, la posterior activación de la Ley del Enemigo Extranjero contra los migrantes venezolanos y la decisión del gobierno estadounidense de trasladar a 238 venezolanos al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), cárcel de máxima seguridad del gobierno de Nayib Bukele en la República de El Salvador.

Decisión que plantea varios posibles escenarios sobre los fines y objetivos trazados por el Departamento de Estado, con la operación de secuestro de este contingente de jóvenes venezolanos, que han sido trasladados sin juicio, sin cumplir el debido proceso, sin derecho a la defensa. Actúan bajo una narrativa muy parecida a la que desató la islamofobia contra los pueblos árabes y musulmanes luego del derribo de las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York, el fatídico 11 de septiembre de 2001. La acción terrorista sirvió de excusa para ejecutar una guerra de exterminio contra naciones como Irak, Afganistán y Libia, genocidio que hoy continúa contra Palestina, Líbano y Yemen.

Todo parece indicar que el principal ideólogo de esta operación sería Marco Rubio, enemigo declarado de la Revolución Bolivariana. Algunos analistas sostienen que se trata de negocio simple y puro entre la asociación mafiosa Rubio-Bukele para sacar provecho de las condiciones de esclavitud a las que serían sometidos los venezolanos secuestrados. En definitiva, se trataría de tráfico humano con fines de lucro ilícito. Otros investigadores en el área de inteligencia han trazado la hipótesis de que se trata de una operación encubierta para convertir el Cecot en un centro de entrenamiento para mercenarios, que usaría a los migrantes secuestrados para planes desestabilizadores cuando sean retornados a Venezuela.

Una tercera presunción, de carácter más político, asegura que su objetivo sería a corto plazo y mucho más pragmático, pues intentaría la administración Trump usar a este contingente de migrantes venezolanos como ficha de cambio para doblarle el brazo a la comisión negociadora y alcanzar un acuerdo sobre algún asunto estratégico en los diálogos entre ambas naciones. Mientras tanto, fuentes militares revelan que una ley de este tipo se aplica sobre una nacionalidad en específico cuando su territorio será blanco de una agresión militar directa y se trata de minimizar una respuesta desde el interior de la nación agresora, expulsando de su territorio a grupos que pudieran generar opinión, movilización y de alguna manera obstaculización de dichos planes.

 

Todas las hipótesis están sobre la mesa

Todas las hipótesis están sobre la mesa. Lo único que podemos asegurar es que las vidas de los migrantes venezolanos sí importan y que esta operación xenofóbica e ilegal los expone a ser víctimas de violación de sus derechos humanos. Se hace urgente implementar acciones tanto legales como de movilización y denuncia pública sobre el incumplimiento de las normativas internacionales que garantizan a todos los seres humanos, sin distingo de origen, sexo, religión o clase social, su derecho a la movilidad.

 

Anabel Díaz Aché


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