Palabras | Gracias Donald Trump, por los favores recibidos

03/04/2025.- A la pesadilla del sueño americano se le deslizó la máscara. En el espejo de Palestina, los pueblos del mundo quedan a la merced del poder global, desvelándose quién es quién, unos a favor del dólar, otros de los Brics. Al final, no hay salida sensible cuando todas las partes de la contradicción, en lucha, aspiran al botín del modelo económico. Mientras, Dios, el milagro y El Salvador cruzan los brazos, mirando la muerte imperial en Gaza a cambio de un trozo y un eructo del diablo (gas y petróleo). Ahí, queda disuelta la humanidad en el individualismo, para imposibilitar el unirnos en la lucha de internacionalizar en el combate la respuesta de la lágrima.

Desde hace tiempo, se le ha financiado a los pueblos amigos la deshonestidad. Unos pagan negándonos tres veces la vida y la visa; otros, en imitación de payaso burdo, se alían con el enemigo. Lo hacen con xenofobia y campaña mediática o prestando las cárceles a cambio de dinero mal habido y cobrando por negar el derecho de andar por esta tierra de nadie haciendo el horizonte. Todos la deben y todavía no pagan ni con demandas.

Quien no incursiona de manera integral al profundo y simple significado de la vida no sabrá preocuparse por el lugar al que pertenece, y menos acertar adónde ir para coincidir con su carencia. Toda esta retórica viene al caso en tanto que siempre se ha dicho que el sueño americano no es un sueño, sino una pesadilla. Para muestra un botón irrefutable, comprobado en estos momentos. Tampoco es una alternativa amable, pero sí un señuelo económico para incautos necesitados de saciar una pobre ambición.

Una caterva de emigrantes británicos se instalaron en esas tierras indígenas como si fueran sus casas, imponiéndose a sangre y fuego contra ellos. Primero, fundaron trece colonias en tierra ajena, ya habitada milenariamente por las poblaciones originarias, llamadas ridículamente en su contexto y con déficit de sustento legítimo.

Estados Unidos fue fundado como país en 1776. Los tipos que llegaron a esa tierra y se adueñaron de ella por la fuerza se independizaron de sus mentores y cometieron el genocidio contra los originarios que habitaron allí por milenios, cuya sabiduría les había enseñado que solo pertenecían a la tierra como la flor, el pájaro o el río y eran hermanos del viento y sus muertos, sagrados. Así lo dijo el indio Seattle, jefe del pueblo Duwamish, quien murió en un pedazo de tierra llamada reserva —o zoológico, para el fin da lo mismo— que fue arrasada, ultrajada y expropiada por aquellos pichones del imperio llamados padres de los emigrantes… hoy contra los emigrantes…

A estos emigrantes colonizadores criminales les dio por llamarse los Estados Unidos de América, gustándoles que los llamaran "los americanos", por creerse dueños de América y, ahora, del mundo. Una casta superior, al estilo ario o nazi, capaz de comprar todo —gente, naciones y pueblos— al estilo bélico de esclavizar, discriminar por el color de la piel y explotar la fuerza de trabajo de los necesitados a cambio de un salario miserable, que supuestamente salda por igual las abundantes necesidades creadas por ellos mismos.

De todas maneras, al margen y sin menospreciar la brecha, decimos: gracias, Donald Trump, por quitarnos "la esperanza", bajarle la máscara al sueño americano y a la alienación y devolvernos la posibilidad de construir nosotros mismos la esperanza que no se espera, sin el modelo rentista ni simbologías decadentes, sin monedas ajenas ni instituciones copiadas. Nada nuevo, por cierto. Es lo que siempre y por siempre nos han sugerido, explicado, analizado, reiterado científica y políticamente, y no hemos hecho caso: la independencia alimentaria, "sembrar el petróleo"… Es demasiado sabido y concluyente, con argumentos múltiples y sobradas evidencias, que es lo que nos asegurará de nuevo la energía cultural tapiada y excluida. Juntos, con dignidad, sustentamos un modelo agropecuario sensible en conjunto con otros emprendimientos que sustituyan en nuestro territorio el modelo económico imperial como defensa contra la emboscada del futuro que nos reservan.

Es la hora de mirarnos hacia dentro, retomar el Consejo Federal de Gobierno para ir desarrollando el territorio comunal sustentable, a la vez de ir desmontando la institucionalidad verticalmente contradictoria (gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos, parroquias) que facilita el trabajo al agente dominante del capital global.

Un ejército de empleados públicos, sin proyecto vital, que ronda los varios millones de personas desaprovechando sus vidas en la decadencia son contentivos de una gran inventiva en fuerza de trabajo capaz de impulsar el nuevo modelo productivo venezolano para beneficio de la familia ampliada en lo comunal. Tanta gente perdiendo su tiempo vital en vez de un sueño colectivo que ayude a este mundo a desdolernos, a desmorir, también es una triste negligencia. Duplican el gasto público en dos situados constitucionales, uno para la institucionalidad heredada del poder fáctico y la otra, muy lentamente en proceso, la del Poder Popular.

El olvido de la vida nacional igual está inmerso allí, similar a un borrador de pizarra de equivocados pedazos muertos de lo que podría haber sido la continuidad de la maravilla, que caen efímeros al fondo de la fosa común hecha tiza, como cuando la muerte que no es la nuestra poco importa.

Ninguna revolución será capaz de sobrevivir usando para sus intereses los símbolos del enemigo, digamos la moneda, las estructuras piramidales expresadas en las heredadas instituciones de la esclavitud, el idioma del conquistador, y sin haber medios avanzados en la liberación alimentaria.

No sobrevivirá si no sabemos soltar lo que ya cumplió su preforma, alcanzando el límite de una institucionalidad repetitiva, vencida, corroída. Entendamos entonces la vida como un país. Estemos seguro de que en nada ayudará a un pueblo a morir en paz, agradecido de haberse servido a sí mismo.

Nada se transforma con no dejar crecer lo nuevo. Para respirar, hay que soltar. Toda la fuerza del universo está en cada quien, como réplica que somos de su energía. Si se juntan como seres sensibles y respetuosos de la Abya Yala, al unirse se logrará nuevamente el universo y mucho más, porque se expande también en el hacer, cuando exactamente también es la hora de sembrar los sueños.

 

Carlos Angulo


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