Vitrina de nimiedades | Siempre nos quedará enero

El tiempo puede ser verdugo y también, ilusión

03/12/22.- En diciembre se habla en clave de “Se terminó esto”, como si el fin del calendario es también el punto final de esos asuntos pendientes que arrastramos desde hace años y que seguirán ahí, algo borrachos y llenos de energía, el 1 de enero. De una vez, lanzamos algunas metas a la franja “2023”, pero con otras promesas pensamos que aún hay chance. Podemos intentarlo por última vez. Unas veces, tentados a forzar la barra; otras, para decirnos socarronamente: “No era el momento”.

Cada quien tiene su propia lista de pendientes que espera terminar antes del 31 de diciembre, pero algunos temas son tan recurrentes como la insistencia de vivir bajo ciertas formas y modos. Uno de esos asuntos es la fantasiosa idea de tener tiempo “para lo importante”. Eso puede ser estudiar, vivir, viajar, estar con la familia o, simplemente, tener oportunidades para hacer nada y desconectarse del mundo. Es, quizás, una de las aspiraciones más cándidas de estos tiempos, cuando tantas cosas nos distraen y nos hacen dilapidar horas-vida en asuntos que, después de todo, no tenían razón de ser.

¿Esa no es su aspiración? Puede calmarse. Es probable que esté en el grupo de aquellos que esperan aprender a tener paciencia y no preocuparse, porque cuenta con una imaginación súper dotada para el drama y la catástrofe. Ve una gotera en el techo y ya imagina su casa hecha un parque acuático. Le da gripe y se siente el paciente 0 de un virus inexplicable. Ve una larga cola de pasajeros en una parada de autobús y se piensa ahí, sembrado por horas, calculando cuánto le tomará llegar a casa caminando.

Si escogió estas fechas para empezar a cambiar, le advertimos que serán momentos extremos. ¿Busca una terapia de shock? Le recomendamos caminar por el centro de Caracas, tratar de atravesar la ciudad en carro o comprar los ingredientes de las hallacas la mañana del 24 de diciembre. Su fuerza de voluntad será la clave para no desesperar y tirar al olvido sus promesas… Pero si ocurre, no caiga en pánico: 2023 está ahí mismito. Tendrá 365 días para lograr que nada lo perturbe.

En nuestra lista no pueden faltar las fantasías laborales, especialmente porque juegan por el tiempo límite. Muchos se imaginan un glorioso Fin de Año entregando una carta de renuncia: mientras más cerca del 31 de diciembre, muchísimo mejor. Planifican cada cosa que harán desde el momento en que digan:  “Me voy” hasta que salgan de ese lugar al que no quisieran volver ni trabajando dos horas a la semana. El detalle (caramba, ¿por qué habrá siempre un detalle?) es que enero y su austeridad se asoman como Sayona en carretera. A más de uno le tocará repensar el asunto.

¿Pueden existir promesas más fantasiosas? Pues, sí. Quienes llevamos un año de excesos alimenticios siempre pescamos esta fecha para cuidarnos un poquito. Nos proponemos hacer algo de ejercicio, comer vegetales de vez en cuando y aplicar ayunos intermitentes, aunque no tengamos idea de sus efectos. Todo por decirle “Sí” a un plato de comida bien resuelto por estos días. Total, confiamos en el mañana para enmendar nuestras cargas corporales.

Por suerte, quienes guardamos la esperanza hasta el final conformamos una legión extraordinaria. Siempre nos quedará enero para volver a casarnos con estas metas que cumplen años, se hacen mayores de edad y nos hacen tener fe en un futuro que aún no sabemos cómo dibujar. El tiempo puede ser verdugo y también, ilusión.

Rosa E. Pellegrino

 

 

 

 


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