Retina | Los camellos de los Reyes Magos

No podré hacer avanzar mis asuntos hasta que se hayan ido los camellos de los Reyes Magos

26/12/22.- La Navidad me resulta una saturación. Sus luces y sus colores imponen una presencia que impide que uno vea lo demás, lo que estaba y estará después de la jornada de excesos. Su música apaga el gusto musical y la glotonería vuelve optimistas hasta a los más desesperados.

Yo me cuento entre quienes desde demasiado temprano descubrieron que los regalos del niño Jesús no dependían de que tan buena niña o niño hubieras sido durante ese año, como tampoco había seguridad de que te llegara exactamente el juguete que habías pedido.

Ser uno de los mayores de una camada de siete le enseña a uno mucho sobre las navidades en muy poco tiempo. Una de las cosas que uno descubría era que existía una relación inversamente proporcional entre número de descendientes y calidad de los juguetes. Menos regalados, mejores regalos.

Muy pronto los más grandes transferimos la alegría hacia los más pequeños. No recibíamos nada y nos alegraba la felicidad de los más pequeños. A los seis o siete años ya teníamos la sapiencia necesaria como para hacer que unos trozos de madera, unas latas y unos clavos, parecieran en nuestra imaginación como los mejores juguetes del mundo. Todo lo demás eran fuegos artificiales.

La magia de esta época la realizaba mi abuela, que tenía la habilidad de satisfacer el apetito de de entre 20 y 30 nietas y nietos. Con dos litros de refresco lograba que la bebida alcanzara para todos. No había dinero para comprar más que eso. Ella hacía que con esas dos botellas, y con su amor, nos alcanzara.

Como la Navidad resulta ser uno de los temas capaces de generar los más altos niveles de sectarismo, es un asunto al que uno no se puede referir sin el temor a resultar acribillado con adjetivaciones.

Quizá es cierto que las felicidades no se discuten. No está bien que uno le diga a nadie que su felicidad es una memoria impostada porque nunca recibió el juguete que había pedido, pero tampoco es adecuado nos acusen de estar denunciando la navidad solo por ser inconformes.

Me encuentro en un momento de mi vida en que puedo desear a cada quien las navidades que quiera tener. Se las deseo un poco mejor de la que sueñan. Me ocupo de hacer que lleguen a tiempo mis regalos y luego me dedico a mis cosas y a esperar a enero. Todo el mundo se entrega a ser feliz en esta época y a mí siempre me quedan cosas por resolver, que no podré hacer avanzar hasta que se hayan ido los camellos de los Reyes Magos.

Freddy Fernández

@filoyborde


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