Letra veguera | Reflexiones

Rutas y atajos de fin de año

28/12/22.- El chavismo, o lo que en algunos ámbitos del país se ha venido desarrollado casi silentemente como el constructo del modelo, del ejercicio de la real politik, ese principio que sustenta el modelo que propuso Chávez, basado en la democracia participativa y protagónica, cuyo sujeto es el pueblo organizado que debe seguir gobernando.

Pensar lo contrario sería un exabrupto que no tendría justificación alguna, ni siquiera admitiendo, a riesgo de ser fusilado, errores, desatinos, incongruencias o aspectos del gobierno del presidente Maduro que han contrariado, o en algunos casos maltratado, la esencia del chavismo o la propia personalidad del presidente Chávez, su recuerdo, su forma y estilo venezolanos, que tan hondo quedaron en los sentimientos nacionales y de otras civilizaciones.

Sí, la corriente chavista debe luchar para no ser desplazada del poder político por factores políticos híbridos, producto de ciertos giros inesperados o, de algún modo, basado en una acomodaticia convivencia "democrática", como ha sido tradición en las culturas políticas europeas.

Pero es necesario revisar a fondo, subir y bajar el telón de estos últimos años de historia, acercarse al monstruo que comenzó a aparecer, sobre todo en los subsiguientes años a la muerte física de Chávez y en la histórica debacle del 2015 en la AN, Ppara buscar en la profundidad de su legado múltiple, dirigido a las diversas comunidades excluidas y empobrecidas, aquellas que principalmente se sublevaron en 1989, huérfanas de vanguardia política y por crudas necesidades de clase, las claves para comprender que la arteria de ese modelo no es otra que la que nos conduzca al Estado comunal, hoy día de tan escasa difusión entre las bases, aturdidas por la voltereta que ha dado la fibra nacional; esa reconstrucción de ser venezolano que, sin darse cuenta cómo, pasó de los años de Chávez en el poder a la absurda y sin sentido industria de los superhéroes de marketing en pleno bloqueo imperial y reacomodos y maquillajes de la oposición golpista a la oposición "moderada", simpática y conciliadora.

Esa corriente originaria no puede ser estática toda la vida ni debe ser patrimonio de nadie, aunque pareciera opacada por los efectos de la guerra total contra Venezuela, la imposición desmoralizante de la dolarización y el alza de los precios de los alimentos, entre otras expresiones amargas, la progresiva, y a veces culposa, pero inevitable desafiliación al fervor y la calidad moral que imprimió Chávez a la transformación colectiva que venía sonora y casi indetenible en su objetivo, en pugna constante contra el imperialismo y sus nexos que nos hacía dependientes, pero audaces en el afianzamiento de la soberania nacional y la lucha protagonizada por las clases subyugadas: los campesinos sin tierra, los pobres desbordados en los suburbios de las ciudades, los pescadores, las mujeres maltratadas y humilladas, la gente huérfana de sistemas que garanticen su calidad de vida, los niños de la calle, las etnias indígenas a merced de las injusticias y abandono, la vejez desamparada y otros parias.

A veces creo que esa no es una simple cuadratura de conciliábulos entre propios y extraños, sino que debe ser una constante diversificación de vías aún inexploradas, esfuerzos y debates ideológicos entre las posiciones de poder con la izquierda histórica, centrando la atención, especialmente, en las instituciones contraloras y los ministerios de mayor impacto social y operativo, donde es abrumadora la corrupción, convirtiéndolos en los regimientos de la profunda contraloría social y así cumplan el compromiso real con los planes de desarrollo nacional y el crecimiento cualitativo de una clase obrera, vanguardia de las más profundas transformaciones, capaces de luchar y producir para independizarnos del capital extranjero.

El liderazgo nacional requiere refrescamiento de caras y en el insondable mundo del chavismo originario hay que propiciar escenarios de autenticidad en los debates sobre los liderazgos que han escogido la penumbra de sus hogares para reflexionar casi a ciegas, sin modos, carentes de métodos, perdidos en un país desarticulado, paradójico y desconcertado ante los inauditos contrastes que se evidencian en conductas opulentas, ostentosas, como si una varita mágica los hubiera encantado de abundancia en dinero, alimentos exóticos y vestimentas cada vez más estrafalarias y propias de una sociedad capitalista que pareciera nacer diariamente con un atuendo nuevo para su exhibición frente a un país en franca desnudez moral, física y psicológicamente perturbada.

Sería muy importante que apareciera nuevamente en la escena ese chavismo casi en extinción y se colocara, batuta en mano, a ordenar la orquesta. Ese "volver a Chávez" del que tanto se habló es posible encontrarlo si se decide erradicar el bochinche y tomar el pulso de la delicada enfermedad que nos puede ocasionar una tragedia sin precedentes.

Este es un mensaje con aliento navideño a Clodovaldo Hernández y a su extraordinario análisis de estos días, agregando sus propias palabras, cuando afirma que el hecho de que el año "2022 haya sido un año perdido para la oposición (especialmente para su ala pirómana), [eso] no significa que haya sido victorioso para el gobierno. Al menos no en términos de perspectiva electoral".

Su artículo traza las rutas y sus atajos. "La recuperación es innegable en el campo de las grandes cifras económicas, pero ha tenido un marcado acento de inequidad, típico del capitalismo salvaje y, por tanto, radicalmente contrario al de una sociedad en vías al socialismo".

Con este entrecomillado párrafo, clave a mi entender, agrego sin sutiles eufemismos un dato que Hernández no coloca en el tablero donde arma el lego de los dos años por venir: la violencia; sí, sus tentáculos abarcantes, tan similares a los (re)brotes fascistas que rondan a la Europa o al imperio.

En Venezuela, no es un secreto, el paramilitarismo y el sicariato continúan la trocha que han abierto. No hay razón para pensar que se enmascararán de bufones para hacernos gracia.

Artículo de Clodovaldo Hernández extraído de  La Iguana.

Federico Ruiz Tirado


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