Punto y seguimos | Si te matan, hermana, no es tu culpa

Quítese la idea de que en cualquier caso de abuso o violencia, la culpa es de la m

31/01/23.- Cuando ocurre un feminicidio, es decir, el asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia, y este llega a alcanzar alguna notoriedad mediática o viral en redes sociales, encontramos -sin excepción- a personas cuestionando más a la víctima que al victimario. Pareciera no importar que el crimen mayor, que es el de arrebatar una vida, sea atenuado o incluso justificado con conjeturas que se hacen sobre el comportamiento de la fémina, en una suerte de enjuiciamiento moral que recae siempre con mayor peso sobre la mujer. Su vida es entonces secundaria, menor, y si la perdió fue porque algo habrá hecho o dejado de hacer para “provocar” esa reacción en el sujeto y ese desenlace fatal. 

Un caso viralizado en días recientes fue el asesinato de una DJ colombiana en el que el principal sospechoso es su novio estadounidense. La chica apareció mutilada y dentro de una maleta en un contenedor de basura en la ciudad de Bogotá, apenas horas después de que se la viera con el susodicho, quien habría ido por primera vez a Colombia a verla en esa oportunidad, y por sospechar que ella se veía con otro, según revelaron los chats de los implicados y amigos. El novio huyó del país ese mismo día hacia Panamá donde fue detenido en el aeropuerto tratando de viajar a Turquía y, posteriormente, fue deportado a Colombia, donde espera juicio. Como en todo caso mediático, las noticias abundan y ya se ha descubierto que el hombre tiene familia en EE. UU. y que ha recibido el apoyo de su embajada, de su congregación Cristiana y de supuestos empresarios que costearán los gastos de defensa.

Así las cosas, con el pasar de los días y las averiguaciones, el supuesto homicida, rodeado de hechos sospechosos y vinculado a evidencias del crimen, recibe cada vez mayor respaldo, especialmente desde su sociedad de origen que intenta presentarle como un ciudadano ejemplar, caído en manos de una oportunista del tercer mundo con aspiraciones de Green Card. Claramente este tipo de comportamiento es esperable a los ojos de una sociedad colonizadora, pero resalta y mucho el eco de parte de este “argumento” en el debate del ciberespacio local, que se ha volcado a utilizar la supuesta ambición de la chica para, si no justificar el crimen, por lo menos para explicarlo. Como si realmente pudiera hacerlo. 

“A esas que se las dan de vivas y quieren sacarle plata a los tipos les pasan esas cosas, les toca uno más loco que ellas y terminan picadas en una maleta” leí por ahí. Muchos “me gusta” también, porque están de acuerdo. Están de acuerdo en que si no fuera por ambiciosa (cosa sin comprobar además), ella quizá estaría viva. Porque los deseos de las mujeres matan, no los hombres que las tratan como propiedad privada. La terrorífica apología del machismo que vemos a diario en nuestra sociedad se escuda en discursos de “igualdad” vacíos y enunciados desde el privilegio, el privilegio que tienen los hombres de reducir o eludir culpas morales, judiciales y/o sociales por la idea general de que, en cualquier caso de abuso o violencia, la culpa siempre es de la mujer. 

Son ellas las que “causan” comportamientos y acciones negativas en los varones. Son ellas las que provocan con su vestimenta llamativa, su actitud de “zorras”, su gusto por el sexo, su tendencia a subir fotos sexies en redes, sus ganas de “escalar” posiciones utilizando a los hombres, o, en el mejor de los casos, en su poco cuidado, en no saber cuidarse lo suficiente de los riesgos que hay por la calle (¿es que a nadie le parece más importante que esos riesgos existan para las féminas más que para los varones?), y así una larga lista de “razones” con las que se obvia el problema principal, que es que a las mujeres nos matan por ser mujeres en unas estadísticas de vergüenza regional que algunos se atreven a refutar con un “a los hombres también los matan”, como si ese fuera el meollo del asunto, como si fuera que a esos hombres los asesinaran, principalmente, sus novias, esposas, madres, amigas o cualquier mujer que se les cruza en la calle. 

No importa qué tanto se nos trate de exageradas y feminazis, lo cierto es que el machismo existe y mata. Mata impunemente cada día, salga en la prensa o no, y los culpables no suelen pagar por ello, gracias en gran parte a las miles de personas que esgrimen esos juicios de valor como si fueran argumentos reales, revictimizando a las víctimas y exculpando -sin querer o queriendo- a quienes muy conscientemente violan, golpean y matan mujeres todos los días, porque se creen con el derecho y las “razones” para hacerlo. 

Mariel Carrillo García

 

 

 

 

 


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