Caracas 25, de Mayo de 2026
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Caracas, una hechicera inolvidable

¡Sin sombras, no hay luz!

20/05/2026.- La tentación acecha cada noche cuando la capital se dispone a dormir luego de agobiar a sus habitantes y hacerles saber que solo forman parte de un desgraciado sistema de explotación, consumo excesivo, sexo desenfrenado y comida gourmet.

Luis (así lo denominaremos) va volado en perico (cocaína); el vodka quema su garganta y no está de más un bocadillo para calmar el estómago, ávido de degustar el verdadero elixir de sentir las ruedas sobre el asfalto, mientras la piel de la carajita desdibuja su figura de quinceañera justo a su lado.

“Karina”, fresa, rica y mimada, es los ojitos de papá, un empresario con conexiones en las altas esferas políticas. No en vano, anteriormente han resuelto "transacciones comerciales" para equipar oficinas con tecnología de punta dirigida a organismos de seguridad del Estado.

El Sr. Sousa está muy preocupado por su hija, pues pasó de ser una chica tierna, dulce, obediente, sumisa y sensible para convertirse en una adolescente controversial que dejó de temer a su madre y ahora se enfrenta a ella diariamente en discusiones estériles y sin sentido durante horas.

Luis, por su parte, tiene 35 años; recuerda como si fuera ayer la tasca en Las Mercedes, donde se convirtió en el “sugar daddy” de Karina. Descendiente de portugueses: alta, catira, cuerpo de infarto, de hogar conservador donde priva el estudio, trabajo honesto y valor del sacrificio para conseguir las cosas.

La chica tiene todo en su vida; ambos padres han trabajado duramente para pagarle colegio privado, alimentación balanceada, plan odontológico, seguro hospitalario, vestido, zapatos, cultura y entretenimiento, siguiendo los valores y principios inculcados por generaciones.

Sin embargo, eso no parece importarle en absoluto a Karina; ella solo quiere divertirse, conocer mundo, ir a las mejores fiestas, beber, conocer chicos y, por qué no, hasta fumarse un porro, para así relajarse y apreciar su propia vida desde otra óptica…

Así llega a la tasca de Las Mercedes, donde resulta deslumbrada por ese tipo encantador, bien parecido, con camioneta del año, empresa propia y apartamento en Los Samanes, municipio Baruta, o sea, un partidazo, pues. De paso, el hombre se le pone al frente y deciden intercambiar números.

De vuelta a la autopista, Luis no distingue ni siquiera las luces de los demás vehículos; el perico hace efecto sobre el acelerador, la camioneta va sobre alas y él piensa ejecutar entonces su largo plan de seis meses, convencer a Karina de darle su muestra de amor.

Para ello enfilan hacia La Guaira; playa Pantaleta es la cómplice de la consumación del coito. Karina termina agotada sobre su hombro, feliz de fumar cripy y meterse unas buenas líneas. Él promete cielo y estrellas; para eso elige mantenerla y consentirla.

El Sr. Sousa, deshonrado en su amor propio al enterarse de todo, comienza a investigar qué sucede con su hija y descubre al pedófilo. Sus órdenes son precisas: "Métanlo preso y que pague en cana todo el daño que ha hecho”. Luis, el partidazo, resulta estar casado y con dos hijas, dos apartamentos, una esposa y una amante menor de edad.

Comandos de la policía arriban al hogar de Luis en Los Samanes, sí, al Este. Traen una orden de captura emitida por una jueza. Ahora él tendrá que enfrentarse a la justicia, tras ser el autor material de delitos sexuales con penetración contra una menor de edad.

La sentencia de la Corte es tajante: 15 años de presidio sin posibilidad de libertad condicional a pagar en Tocorón. Luis pierde todo: familia, esposa, hijas, empresa, propiedades, socios, amigos, amantes y ahora enfrenta una dura realidad: ¡la cárcel!

En lo profundo de su alma lamenta su terrible elección: la carajita. ¡Esa misma que desvirgó, le hizo de todo! Se ufanó con sus amigotes; la tenía como una princesa. Ahora es él quien debe buscar protección para no convertirse en la princesa del otro, por las deudas que tiene en piedra y que debe pagar antes que lo quiebren.

 

José Antonio Ramírez

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