Caracas 25, de Mayo de 2026
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Araña feminista | Las mujeres nos pusimos para la tarea

Por Eduviges Boada

Mientras el país busca los caminos de la paz, las mujeres ya estamos caminando.

25/06/2026.- Hay una forma de construir la paz que se teje en mesas de trabajo, donde mujeres de orillas políticas distintas se sientan juntas a revisar, artículo por artículo, las leyes y reglamentos que deberían protegerlas. Es una paz que huele a café frío y a madrugadas, a documentos que se corrigen y se vuelven a corregir. Es la paz de las que ya empezamos a caminar.

Cuando en enero de 2026 se lanzó el Programa para la Paz y la Convivencia Democrática, se abrió una ventana que muchos sectores miraron con cautela y otros con esperanza. Se convocó a partidos políticos, intelectuales, artistas, empresarias y empresarios, gremios. Se habló de pilares sociales, económicos y políticos. Todo eso es necesario; pero fueron las mujeres las que nos pusimos para la tarea.

En el marco de las Mesas Técnicas de Trabajo por la Paz, las mujeres venezolanas instalamos once comisiones temáticas: autonomía económica, participación política, ruta oncológica, parto humanizado y crianza respetuosa, protección a la familia, protección al adulto mayor, atención a personas con trastorno del espectro autista, y los reglamentos de las leyes contra la violencia hacia las mujeres, contra el abuso sexual de niñas, niños y adolescentes, y del sistema de cuidados. Once comisiones donde revolucionarias y opositoras nos encontramos en el terreno que nos une.

A tres de esas comisiones llegamos con propuestas de reglamentos completos, redactados artículo por artículo, auditados contra la Constitución, los tratados internacionales y la jurisprudencia del Tribunal Supremo de Justicia. La del Reglamento de la Ley Contra la Violencia hacia las Mujeres salda una deuda de diecinueve años: una ley promulgada en 2007, reformada dos veces, que todavía espera el instrumento que la haga funcionar en cada estación de policía, en cada tribunal, en cada hospital del país. Ya tenemos propuestas sobre la mesa, con aportes de magistradas, organizaciones feministas, abogadas penalistas y defensoras comunales.

Sabemos que estos años han sido extraordinariamente difíciles. Las sanciones, la contracción económica que redujo el PIB durante casi una década, la intervención extranjera: todo eso ha puesto freno a la capacidad del Estado de cumplir con lo que las leyes prometen. Eso es cierto y sería deshonesto ignorarlo. Pero también es cierto que la deuda existe, que las mujeres siguen siendo violentadas, que las niñas siguen siendo abusadas, y que el momento de saldarla es ahora, precisamente porque estamos construyendo paz.

Porque para las mujeres la paz es la presencia de justicia. Es que cuando una mujer warao del Delta del Amacuro sea violentada, exista un protocolo intercultural que la proteja. Es que cuando una adolescente de Petare sea víctima de abuso, el sistema la acompañe en lugar de revictimizarla. Es que las medidas de protección se cumplan, que las casas de abrigo existan en todo el territorio, que la evidencia digital se preserve en el momento de la denuncia.

Eso es la paz con cuerpo de mujer. La que se construye en la minucia de un artículo reglamentario que dice, con precisión, cómo debe actuar cada funcionaria o funcionario ante cada situación. La paz que las mujeres siempre hemos sabido construir: convirtiendo la palabra en acción, el dolor en herramienta, la urgencia en articulado para seguir caminando juntas.