Las dos orillas | Una breve historia del hoy
El desafío de la soberanía en la era de la guerra cognitiva
Por Armando Carrieri
07/06/2026.- En los últimos 26 años, Venezuela se convirtió en el centro de uno de los experimentos geopolíticos más intensos y complejos de nuestra era. Lo que intentó hacer pasar como una crisis política es, en realidad, una "guerra invisible" o híbrida que combina acciones militares, económicas con operaciones psicológicas. Esta confrontación fue evolucionando desde los enfrentamientos callejeros de 2013 y 2017 hasta un escenario de competencia estratégica prolongada que, en 2026, después de la agresión militar del 3 de enero y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores, ha puesto a prueba la capacidad de resistencia tanto del Estado como del pueblo venezolano.
El origen del asedio
El punto de inflexión internacional de este conflicto se inició el 8 de marzo de 2015, cuando el entonces presidente estadounidense Barack Obama emitió un decreto calificando a Venezuela como una "amenaza inusual y extraordinaria" para la seguridad de EE. UU. Este instrumento jurídico fue la "columna vertebral" que ha justificado la imposición, a la fecha, de más de 1.088 medidas coercitivas unilaterales destinadas a colapsar la economía nacional y fundamentar la idea de “Estado fallido”. Como consecuencia, los ingresos en divisas del país sufrieron una caída catastrófica, pasando de 56.000 millones de dólares en 2013 a apenas 1.768 millones en 2021, obligando al Estado a operar con solo el 3% de su presupuesto histórico.
Esta estrategia de asfixia buscó generar un estado de caos y desabastecimiento inducido para forzar un cambio de gobierno. Sin embargo, la respuesta interna se articuló a través de la organización popular, destacando la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que llegaron a atender al 74% de las familias venezolanas, distribuyendo más de 120 millones de combos de alimentos al año bajo un esquema de protección social en medio del asedio.
2026: el relevo estratégico
En enero de 2026, el conflicto escaló a una fase cinética como señala el profesor Pedro Penso. Una fase de confrontación convencional selectiva con la ejecución de la denominada "Operación Resolución Absoluta". En una incursión militar de alta precisión, fuerzas estadounidenses secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a la primera combatiente, la diputada Cilia Flores, en Caracas, la madrugada del 3 de enero. Este evento, calificado por analistas como un "hecho social total" de absoluta ilegalidad, buscaba provocar el colapso inmediato del chavismo, pero se encontró con una respuesta política inesperada.
El alto mando venezolano tomó la decisión estratégica de no escalar hacia una guerra abierta, permitiendo que la continuidad del proyecto bolivariano se siguiera gestionando bajo la conducción de la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia en calidad de encargada. Esta maniobra de "descompresión de la tensión militar" permitió mantener la cohesión de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y la continuidad del funcionamiento estatal. Tras los primeros cien días de su gestión, Rodríguez destacó que se ha logrado consolidar la paz y fortalecer la recuperación económica, garantizando que Venezuela mantenga su autodeterminación.
Misiles invisibles
Más allá de la presión militar, Venezuela ha sido un laboratorio para la guerra cognitiva de quinta generación. A diferencia de la propaganda tradicional, esta táctica utiliza la neurociencia y la inteligencia artificial para realizar un "hackeo de mentes", buscando manipular las emociones y percepciones de la ciudadanía para que actúen contra sus propios intereses. Se trata de una intervención profunda en la subjetividad política que utiliza "bombas invisibles" de desinformación para generar zozobra e incertidumbre permanente.
Frente a este ataque psicológico, las organizaciones populares han enfatizado la necesidad de fortalecer la identidad nacional y el pensamiento crítico. Colectivos como Utopix han surgido como espacios de comunicación visual alternativa, construyendo relatos que enfrentan los prejuicios de los medios hegemónicos y preservan la memoria de las luchas populares en lo que denominan un "Kumbe" para la resistencia digital.
El milagro comunal y la soberanía productiva
Uno de los pilares fundamentales de la resistencia ha sido el crecimiento de la economía comunal, que ha pasado de ser un sector marginal a ser el motor de la soberanía alimentaria. Venezuela ha logrado producir más del 96% de los alimentos que consume su pueblo, un hito alcanzado en medio del bloqueo comercial en el gobierno del presidente Nicolás Maduro. La comuna El Maizal, por ejemplo, ha producido más de 18 mil millones de kilos de maíz en una década, demostrando la eficiencia del trabajo colectivo frente al modelo capitalista tradicional.
Este modelo de "reproducción de la vida" frente a la "reproducción del capital" se manifiesta en experiencias como la Asociación Cooperativa Cecocesola, que gestiona la distribución de 400 toneladas de verduras semanalmente para atender a más de 100.000 familias. Asimismo, el protagonismo de las mujeres es decisivo: el 80% de los CLAP y el 70% de los liderazgos en consejos comunales están integrados por mujeres, quienes lideran la defensa territorial y la gestión de la salud comunitaria.
Ofensiva financiera: el rescate de los activos nacionales
Bajo la conducción actual, Venezuela ha iniciado una agresiva ofensiva diplomática para recuperar sus activos bloqueados en el extranjero. Tras una década de aislamiento financiero, el país ha recuperado el acceso a 11.000 instituciones financieras internacionales, lo que permite al Banco Central de Venezuela (BCV) normalizar las transacciones petroleras y la recepción de remesas.
Un punto clave fue el reclamo de los 5.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG) en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los más de 4.000 millones en oro retenidos en el Reino Unido. Estos recursos están destinados por ley a la estabilización de la moneda y la recuperación de infraestructuras vitales como el sistema eléctrico y el agua potable. La meta es transformar la renta petrolera en un fondo soberano de inversión para el bienestar social, similar al modelo noruego.
La unidad nacional como única divisa
El escenario actual de 2026 demuestra que la victoria en esta guerra invisible no depende de la superioridad militar, sino de la madurez política y la unidad total del pueblo. Venezuela se encuentra en el centro de una etapa de transición hacia un mundo multipolar, fortaleciendo alianzas estratégicas con potencias como Rusia y China para equilibrar las presiones del norte global.
El llamado insistente del liderazgo es evitar la división interna y el "sectarismo", reconociendo que la narrativa enemiga apuesta a fracturar la cohesión social. Como concluye el análisis geopolítico actual, Venezuela sigue en el tablero de ajedrez mundial, demostrando que la determinación de un pueblo por su soberanía y autodeterminación puede resistir incluso los ataques más sofisticados de la guerra híbrida del siglo XXI.
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