Caracas, 12 de junio 2026
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Ritmo, garrote y devoción: La historia detrás del Tamunangue

Cada 13 de Junio, las calles larenses se llenan de color, música y danzas para celebrar

Los caballeros empuñan un garrote de madera en simulacion a la resistencia.


12/06/26.- Cada 12 y 13 de Junio, se escuchan los choques entre garrotes de madera, no se trata de un conflicto, se trata de la fuerza que se hace presente en las culturas y creencias ancestrales que rodean la celebración en honor a San Antonio de Padua en Venezuela.

Esta celebración es originaria del estado Lara, una devoción a San Antonio específicamente de localidades como El Tocuyo, Curarigua, San Miguel, Barquisimeto, San Antonio, Carora y Quibor, sin embargo también se ve presente en los estados Portuguesa, Yaracuy y Falcón.

Aparte de ser una fiesta tradicional, Venezuela también honra con misas Solemnes, procesiones y el reparto de panes benditos. Así, por agradecimientos, los más devotos cumplen promesas adornando altares, ofreciendo servicios de salud, amor y de objetos perdidos, también visten trajes ya que este mismo es uno de los Santos más venerados por la iglesia católica.

Aunque el 12 marca la festividad, en noche de víspera se llevó a cabo el Velorio de San Antonio, posteriormente el 13 es bienvenido el estallido de alegría, suenan campanas y fuegos artificiales lo que hace el momento idóneo para sacar la imagen del santo sobre los hombros de los fieles.

En 2024 se presenta formalmente al Estado venezolano el expediente de postulación ante la UNESCO para la integración de esta festividad en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Además de eso, en 2014 el Tamunangue fue declarado Patrimonio Cultural de la nación, esto llega luego de que se realizara una exhibición espiritual que transcendió al ser una expresión venezolana.

Inicios de la expresión cultural

Nace aproximadamente hace 300 años en El Tocuyo, y se extendió a diversas localidades del territorio nacional, en especial al estado Lara.

Lo que comentan los oriundos es que los trabajadores, hombres y mujeres que eran esclavos de la dominación de la iglesia, aun mantenían sus culturas africanas. Ellos ofrendaron sus rituales a la imagen de San Antonio de Padua, pero el pastor pretendía borrarles la memoria.

Por otro lado, se dice que según algunas investigaciones, el Tamunangue era un ritual de agradecimientos por propiciar las lluvias y la fertilidad de las cosechas.

Más que una lucha, una resistencia al son del baile

Este acto cultural es la conformación de sones en los cuales los bailes, pasos, música, y teatralidad emanan la devoción y la resistencia de un pueblo.

Al realizar este ritual, deben caminar hacia el altar, recoger las varas allí situadas, hacer una reverencia ante sus santos, hacer la señal de la cruz y comenzar la danza. Concluyendo con la cesión de la vara a los siguientes bailarines.

El primer acto consiste en la simulación de dos hombres con garrotes de madera, simbolizando la fertilidad y la apertura a la procesión.

Posteriormente se regresa el santo al Altar provisional, continúan el baile formal de los 7 ritmos, en parejas por turnos. La bella tras una melodía suave, baila libre en giros sobrios, elegantes y coquetos. Luego prosigue el Yiyivamos, el hombre persigue, La Juruminga mantiene la fluidez con pasos similares de galanteo.

En estas últimas escenas llega la explosión de alegría con el Poco a Poco: en el hombre finge calambres y la mujer lo auxilia, hasta que la música de la guabina lo reanima, después, él simula ser un caballito al que ella intenta dominar y montar.

La diversión continúa en La Perrendenga, donde usan varas sutilmente para dibujar círculos en el aire. En El Galerón, las parejas bajan juntas o alternadas con zapateados y balseados, para culminar con la complejidad del Seis Figureado, donde se presentan de tres a seis parejas que danzan de manera simultánea.

Además, al Tamunangue, con sus características vivas, como la alegría, la riqueza y el arte popular, es un símbolo a las parejas y la interacción entre ellas. Con este ritual invocan a San Antonio y los más devotos le piden por salud y la relación entre buenas parejas.

Para esta cultura, aquellos fieles que participan por promesas, visten trajes típicos, los hombres usando camisas sencillas y sombreros de cogollo, mientras que las mujeres lucen  faldas largas y floreadas, blusas escotadas de faralaos con los hombros descubiertos, alpargatas y flores en el cabello.

Quienes conforman este la banda de música para acompañar el baile, generalmente está compuesto por cuatro, cinco, medio cinco y tiple, además del tambor tipo cumaco y las maracas. Los cantos son interpretados por los músicos en referencia a la espiritualidad de los pueblos.

CARLOS CARRASCO/CIUDAD CCS