Caracas, 15 de junio 2026
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Punto y seguimos | Coincidir con el Papa (II)


Por Mariel Carrillo García 

Continuando con la línea de la columna anterior, dedicada al análisis de la encíclica papal Magnifica Humanitas de León XIV, en la que plantea la defensa del ser humano frente a su propia creación técnica (la inteligencia artificial), destacamos el estado actual del mundo. Cuando una institución tan compleja y rodada en años como la Iglesia Católica, se decanta por advertir y criticar el rumbo, las intenciones y las formas de operar de aquellos que concentran el poder y son dueños de los viejos y nuevos modos de producción, la alerta debe ser máxima. En cristiano: llegó el momento en el que mono no carga a su hijo. 

La rápida y aplastante prevalencia de los modelos de lenguaje digital, y su aplicación en los ámbitos de la vida diaria de las personas, transforman radicalmente la percepción del mundo y de la realidad. Todo aquello que no está mediado por la tecnología, atravesado por la transmisión y la difusión en formatos digitales, pareciera no existir y, frente a eso, la sociedad no está demostrando tener ni la conciencia, ni las ganas, ni las capacidades de reaccionar al peligro que esto representa para su propia existencia; y es justamente a despertar esa conciencia a lo que llama León XIV en nombre de la Iglesia Romana.  

Pese a su larga historia de complicidad con el poder político de varias épocas- encarnándolo ella misma durante siglos – la iglesia llama al control y auditoría ciudadana sobre las corporaciones privadas que manejan los algoritmos, los datos y la infraestructura digital. El Papa explica la imposibilidad de que la ética y la regulación de herramientas como la IA recaigan en manos privadas. Lo califica como alienación y llama fervientemente a no permitir que empresas – y no ciudadanos, ni Estados en representación de los ciudadanos- impongan la legislación moral global a través de lo que decidan ellos, expandiéndolo de manera invisible dentro de la estructura de funcionamiento de las IA. 

Además, el Papa, en la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia que, en términos básicos indica que la propiedad privada no es un derecho absoluto, señala que los bienes son para todos, y que la existencia de los algoritmos y las plataformas atentan contra esa idea, promoviendo formas de propiedad nuevas que no son cónsonas con el “bien común”. En resumen: más opacidad, achicamiento de quienes controlan el poder y las narrativas y una subsecuente ampliación de la desigualdad y la marginación. 


Ninguna inglesia que defienda al individuo, al ser humano, al amor y a la igualdad de derechos, puede estar de acuerdo con este máximo nivel de concentración del poder y los recursos. Si se impone la lógica de la rentabilidad, y de las cifras sobre las personas, el mundo será un escenario de esclavismo moderno. Entonces si, los ateos coincidimos con el papa, es hora de detener la cultura del dominio corporativo y del valor de la técnica por sobre el valor de la vida.