De deporte rey a deporte elitista
¿Hace la FIFA del Mundial una fiesta inaccesible para los pueblos?
18/06/26.- No es sorpresa la cantidad de sucesos que empañan hasta ahora el Mundial 2026, entre ellos destacan las barreras económicas, políticas y geopolíticas de los países anfitriones que, con la complicidad de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) están transformando el Mundial en un evento de élite, excluyendo tanto a las clases populares como a protagonistas del propio juego por su origen.
El filtro económico: entradas prohibitivas y el golpe a la inclusión
El Mundial de 2026 se está perfilando como el más caro de la historia para los aficionados, destruyendo cualquier noción de "fiesta popular".
- Precios exorbitantes: Las entradas más económicas para la fase de grupos promedian entre 140 y 450 dólares, mientras que los asientos premium para la final superan los 10.000 dólares. En la reventa oficial de la FIFA (donde la organización cobra 15% de comisión tanto al comprador como al vendedor) las entradas para partidos comunes ya alcanzan los 3.100 dólares.
- El balonazo a los fanáticos con discapacidad: La gran polémica de esta edición es el incremento brutal en los boletos de accesibilidad. En el Mundial de Catar 2022, una entrada accesible costaba 10 dólares e incluía un boleto gratuito para un acompañante/cuidador. Este 2026 la FIFA eliminó la gratuidad del acompañante (obligándolo a pagar precio completo) y restringió los asientos accesibles a las categorías más caras. El resultado: un fanático con discapacidad paga hasta 38 veces más que en el torneo anterior, llegando a costar más de 4.180 dólares una entrada accesible para la final.
- Costos de transporte y logística: La inaccesibilidad no es solo la entrada. Las ciudades sede están imponiendo tarifas restrictivas; por ejemplo, las autoridades de Nueva Jersey confirmaron que el transporte público en tren al estadio costará 150 dólares y el estacionamiento accesible llegará hasta los 225 dólares (escalando a 300 dólares en Los Ángeles).
El filtro geopolítico: el calvario de la selección de Irán
El fútbol, históricamente un puente entre naciones, se ha topado con el muro burocrático y político de Estados Unidos.
- Desplazamiento forzado: La selección nacional de Irán tenía planificado realizar todo su campamento de preparación en el estado de Arizona. Sin embargo, debido a un severo conflicto con la emisión de visados por parte del gobierno estadounidense, el equipo se vio obligado a trasladar su base de entrenamiento de última hora a Tijuana, México.
- Delegación incompleta: Aunque tras exhaustivas revisiones las autoridades norteamericanas terminaron aprobando los visados de los futbolistas y del director técnico Amir Ghalenoei, negaron el visado a 13 miembros del staff administrativo y técnico. Esto ha obligado al equipo a entrenar bajo fuertes medidas de seguridad del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional en el Estadio Caliente de Tijuana, afectando directamente su preparación deportiva y exponiendo cómo las fronteras políticas dañan la equidad de la competición.
El veto migratorio al árbitro somalí
El caso del árbitro Omar Abdulkadir Artan es quizás el reflejo más crudo de esta exclusión.
- Un sueño histórico truncado: Artan, de 34 años, fue elegido el año pasado como el Mejor Árbitro Masculino de África (CAF) tras dirigir la final de la Champions League africana. Venía de superar el colapso de la infraestructura futbolística en su país natal debido a décadas de guerra civil y amenazas directas de grupos terroristas. Estaba listo para hacer historia como el primer somalí en arbitrar en una Copa del Mundo.
- Retenido y expulsado: Al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami para unirse al campamento de árbitros de la FIFA, las autoridades de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU (CBP) lo declararon "inadmisible" alegando vagas "razones de seguridad en el escrutinio", negándole la entrada al país y cancelando su participación en el torneo.
- La complicidad de la FIFA: Mientras la Federación Somalí de Fútbol y su gobierno protestaban argumentando que la medida atenta contra el mérito y el juego limpio, la FIFA emitió un comunicado lavándose las manos: "La FIFA no está involucrada en los procesos de inmigración del país anfitrión... un gobierno determina en última instancia quién es admitido". La organización ha preferido la sumisión ante las políticas migratorias restrictivas del gobierno estadounidense antes que defender a sus propios oficiales de élite.
El Mundial ya no es de "los pueblos". Al permitir que el país anfitrión imponga restricciones migratorias severas a profesionales acreditados (como Artan o el staff iraní), sumado a una política de precios de entradas que resulta impagable para el ciudadano común y directamente discriminatoria para las personas con discapacidad, la FIFA ha dejado claro que el negocio y la geopolítica están por encima del espíritu universal del fútbol. El "Deporte Rey" hoy se juega a puertas cerradas para el mundo real.
DUBRASKA ESTEVES / CIUDAD CCS
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