Templanza económica | Versalles: ilusión de entendimiento
Por Marcial Arenas
22/06/2026.- No es casual la jugada que sus socios del G7 le han hecho a Trump en Versalles. Con un instrumento más típico de los negocios que de la diplomacia bélica, en el mismo lugar donde se suscribió el Tratado de Versalles, con los duros términos impuestos a Alemania al final de la Gran Guerra en 1919, le han tomado una foto histórica en pose de capitulación. Parecen recordarle que mejor le hubiese ido, si previamente los hubiere incorporado. Tal vez le enristran la extinción de la unipolaridad.
Normalmente, el cese del fuego en una contienda toma la forma de un armisticio que da inicio a negociaciones para la redacción final de un tratado de paz. J. D. Vance mordió el polvo logrando un MOU, para la distante firma electrónica de The Boss, como se autoproclamó Trump al sentarse en la mesa de la cúpula de las potencias mundiales, sin China ni Rusia, con un instrumento propio de los negocios.
El señuelo de este insólito memorándum para el entendimiento entre dos países en guerra, que por definición no se entienden, viene a ser una especie de carta de noviazgo. En realidad, forma parte de la preparación de un matrimonio forzado al estilo del Don, cuyas insaciables pretensiones están guiadas por los métodos aprendidos en la selva neoyorquina. Su corolario es ahorcar, más propiamente bombardear, hasta que la nación más débil ceda. Pero, en términos simbólicos, este gesto es una capitulación.
La firma implica una "compra de tiempo", recurso característico del gobierno estadounidense cuando las aguas llegan al cuello geopolítico o sus bolsillos crujen. Un notable antecedente fueron los tratados firmados en París con la victoriosa Vietnam. Ese tratado de paz lo incumplieron de la A a la Z. Entre otros recursos, prolongaron la guerra usando sanciones coercitivas unilaterales hasta 1996. Otro ejemplo, es la cláusula referida a las reparaciones de guerra. La eludieron con el pretexto de haber entendido que se trataba de un fondo para el desarrollo. Obviamente, nunca lo constituyeron. Sobre el agente naranja que aún hoy destruye humanidades vietnamitas, alegaron que era un asunto de las corporaciones proveedoras: Dow Chemical y Monsanto.
En el caso de la contra en Centroamérica, Nicaragua acudió a la corte internacional de justicia logrando en 1986 un veredicto contra EEUU por financiar actividades militares y paramilitares contra el gobierno nicaragüense. La corte dictaminó la obligación del agresor a pagar reparaciones que se estiman en 17 mil millones de US$. No han acatado.
De modo que los iraníes no se hacen ilusiones con la firma del memorándum. En numerosas ocasiones son atacados mientras están en la mesa negociando. En cambio, esa forma de documento es ahora parte de su ingeniería de defensa, a cuya caja de herramientas han sumado el manejo del perfil del atacante: quien lidera la agresión es un empresario. Por ello, el arsenal ahora incluye el MOU. Saben que es apenas un gesto, un respiro, como llamamos en mi tierra un "taime" de caimaneras. Saben además que el verdadero instigador de la agresión es la bestia sionista, que solo será sometida por la fuerza. De hecho, Israel ha roto una de las primeras intenciones del documento: el cese del fuego. Con las aguas sin calmarse y sin abrirse el estrecho, Netanyahu alega que ese documento no le obliga a cesar los ataques al pueblo libanés.
La elección de Versalles como escenario para el pulso entre la Unión Europea y Trump no es un capricho diplomático, en plena preparación de la cumbre de la OTAN de Ankara en julio próximo, con Erdogan, presidente de Turquía, como anfitrión, país que aparece en el mapa de la pretendida Gran Israel. Pero el sitio de la firma más parece un guiño histórico cargado de simbolismo: en el mismo lugar donde se firmó el tratado que humilló a Alemania, los europeos reciben a un Trump disminuido. No solo lo sentaron en la mesa de negociación, sino que lo ubicaron en el metafórico banquillo de los vencidos, en un gesto que delata la percepción de un viejo continente que aún se cree el ombligo del mundo y desvela una vez más las contradicciones entre potencias capitalistas ansiosas de incluir a Ucrania y continuar agrediendo a Rusia.
Pero esa coreografía mediática no borra la realidad de fondo: Estados Unidos e Israel siguen dictando el ritmo de la policrisis mundial. Dejan un rosario de intervenciones y crímenes: Vietnam, Libia, Irak, Siria, Venezuela, Irán. En cada rincón, el patrón se repite. La diferencia hoy, es que algunos actores han aprendido a resistir al hegemón como lo hizo Vietnam en su momento histórico. Irán, con sus misiles hipersónicos, sus drones, sus lanchas rápidas, su solidez cultural y su capacidad para disuadir en el Estrecho de Ormuz, escribe un capítulo de resistencia asimétrica. Su desarrollo científico y militar es el escudo que le ha permitido superar la asfixia de 47 años de medidas coercitivas y sabotaje, sembrando esperanza en la derrota definitiva del fascismo y el sionismo.
La "humillación" a Trump en Versalles podría ser el preludio de un reacomodo mayor. Los analistas hablan del Nuevo Orden Mundial con el fin de la unipolaridad que tendría a Caracas como punto de inicio entre el 3 de enero y el 12 de junio en el estado Bolívar, con el traslado de acciones militares probadas en el sur de Asia Occidental al Caribe, el Pacífico y el territorio continental suramericano mediante asesinatos sumarios con drones y misiles de precisión. Se rumorea incluso una irrupción temeraria sobre Cuba para mediados de octubre, con un doble objetivo: satisfacer el morbo visceral de Marco Rubio y compensar la previsible derrota electoral de medio periodo.
La agresión a Irán ha demostrado que no se puede extrapolar impunemente la realidad del bombardeo del 3 de enero sobre Caracas y el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa. Sin embargo, el nubarrón que se cierne sobre La Habana parece haberse disipado en los salones del Palacio de Versalles, aunque solo sea temporalmente.
Mientras tanto, en Teherán, el pueblo y sus funcionarios miran con recelo la firma. No creen en la palabra de Washington. Saben que EEUU no busca un acuerdo justo, sino ganar tiempo para calmar los mercados, celebrar el Mundial y sortear las elecciones parlamentarias. Es una pausa, no es la paz. La lección de Libia está fresca: aunque se entreguen todas las armas, como hizo Gadafi, la voracidad no cesa. Porque el objetivo real no son las armas, ni cambiar un sistema de gobierno. Buscan la rendición absoluta, el despojo total del país, dejando solo lo mínimo para que la gente sobreviva con raciones, como en el Irak post-invasión. Al final del "taime" de la caimanera, el verdadero desenlace aún está por escribirse.
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