Guatire se viste de tradición para la centenaria Parranda de San Pedro
Programación especial para conmemorar este día festivo con cronogramas de dos días
24/06/26.- La celebración de la Parranda de San Pedro en Guatire, estado Miranda, trasciende la mera festividad folclórica para erigirse como un complejo entramado de fe, resistencia histórica e identidad comunitaria que late con especial fuerza cada 29 de junio.
En este contexto, el Centro de Educación Artística (CEA) Andrés Eloy Blanco, bajo la égida de su presidente Miguel Alciro Berroterán, ha estructurado una rigurosa programación para los días 28 y 29 de junio que no solo busca dinamizar el espíritu festivo de la entidad, sino también salvaguardar una tradición reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Este esfuerzo institucional se despliega a través de un itinerario multidimensional que fusiona la convivencia comunitaria, la rigurosidad académica del relevo generacional y la solemnidad mística de los rituales religiosos, convirtiendo a la víspera y al día central en un espejo del alma Mirandina.
La jornada del 28 de junio se concibe como un preludio donde la gastronomía y la integración social preparan el terreno para el fervor colectivo. El denominado "Desayuno Sanpedreño" y el subsiguiente almuerzo articulado en torno a un tradicional sancocho de res no son simples actos de alimentación, sino espacios de comunión horizontal donde los propios cultores y los asistentes diluyen las barreras entre espectador y protagonista, integrándose en una atmósfera de hospitalidad compartida.
A medida que la tarde de la víspera avanza, el componente sagrado toma el control del espacio público a través del ritual del "encierro de la imagen" a las cinco de la tarde, una liturgia contemporánea que, según declaraciones del propio Berroterán, ha logrado una aceptación masiva debido a su capacidad para profundizar el arraigo afectivo de la feligresía.
El traslado procesional de la efigie de San Pedro Apóstol hacia el templo parroquial y su posterior custodia por parte del clero abren paso a la noche de las promesas. A las siete de la noche, el encendido de cirios y velas frente a altares especialmente erigidos se transforma en un testimonio visual de la devoción popular, donde las peticiones individuales se funden en un silencio místico colectivo, consolidando la víspera como un espacio de recogimiento indispensable antes de la explosión festiva del día siguiente.
El amanecer del 29 de junio marca el cenit de la conmemoración con una alborada litúrgica a las seis de la mañana que convoca a la comunidad a la misa solemne, punto de partida para el estallido danzario y musical que inundará las calles guatireñas durante toda la tarde.
Es en este despliegue callejero donde la riqueza semiológica de la parranda se hace evidente ante el observador, rememorando el milagro originario de la esclava María Ignacia, cuya fe sanó a su hija Rosa Ignacia y cuya promesa de cantar y bailar al santo fue continuada por su esposo mediante el travestismo ritual. El desfile de personajes como los Sanpedreños con sus rostros cubiertos de hollín, levitas y sombreros de copa, interactúa coreográficamente con los Tucusitos, cuyos trajes amarillos y rojos evocan la reconciliación política del siglo XIX venezolano.
Finalmente, la identidad acústica de la celebración se sella con el vigoroso zapateo de las cotizas con chapitas sobre el asfalto, un sonido que resuena no solo como música, sino como el eco de una herencia afroepistémica que se niega a desaparecer y que encuentra en la gestión del CEA un bastión de continuidad cultural.
ORIANNA GONZÁLEZ / CIUDAD CCS
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