Caracas, 28 de junio 2026
Logo
Image

Las dos orillas | El muro invisible

La autosuficiencia y las consecuencias psicológicas del dinero


Por: Armando Carrieri 


28/06/2026.- A finales de la década de los ochenta, terminando mis estudios de Filosofía y Letras en la Católica, se ofertó una electiva que llevaba por nombre “El complejo del dinero”; el profesor que la conducía era el escritor, psicólogo y empresario —así se define en su portal— Axel Daniel Capriles Méndez. Recuerdo que mi amiga María Celina Núñez, escritora y crítica literaria, tomó la electiva. Ella venía de la Escuela de Psicología y esos temas siempre estuvieron en su aparato analítico. Yo fui consecuente con mis estudios electivos y tomé el curso de la antropóloga austríaca Angelina Pollak-Eltz. Yo venía tomando esas electivas con Angelina por un afán de evidenciar los transportes de la cultura popular a la literatura elitesca. Desde aquella época, mi línea de investigación quedó determinada. También mi distancia con respecto a mis compañeros y compañeras de curso, quienes me comenzaron a llamar “El Popular”, y no en tono reivindicativo. El tema de la electiva de Capriles y la estigmación de los estudios de la cultura popular, que después intenté hacer en la Escuela de Antropología de la UCV, mueven el desarrollo de estas líneas, con el espíritu de “las dos orillas”.

El efecto dinero

Por mucho tiempo, se ha debatido el impacto del dinero en la conducta. Para algunos, el dinero representa el incentivo definitivo que permite el intercambio de bienes y servicios; para otros, es el factor que socava la armonía interpersonal. No obstante, más allá de su evidente valor económico, el dinero funciona como un potente disparador psicológico. Según un estudio de Vohs, Mead y Goode (2006), titulado "Las consecuencias psicológicas del dinero", el simple hecho de activar el concepto de dinero en nuestra mente altera de forma radical nuestra disposición social, fomentando un estado que los autores denominan autosuficiencia.

El estado de autosuficiencia se expresa como una orientación aislada en la que las personas ponen todo su esfuerzo en alcanzar metas personales, pero prefieren mantenerse separadas de los demás. Bajo esta mentalidad, los individuos buscan estar libres de dependencias y, decisivamente, optan porque otros no dependan de ellos. A través de una serie de nueve experimentos, el estudio arrojó que el dinero nos convierte en agentes autónomos, pero también en seres socialmente insensibles.


El dinero y el surgimiento del homo autosuficiente

Uno de los hallazgos más inesperados con los que se toparon los autores es cómo el dinero modifica nuestra relación con la ayuda. En un estado de autosuficiencia, pedir asistencia es percibido como una vulnerabilidad o una lesión a la autonomía. En el primer experimento descrito, los participantes fueron expuestos a recordatorios de dinero mediante tareas de descifrar frases relacionadas con salarios o riqueza. Posteriormente, se les asignó una tarea difícil de resolución de problemas. Los resultados fueron contundentes: aquellos a quienes se les recordó el dinero trabajaron significativamente más tiempo antes de pedir ayuda al experimentador, en comparación con el grupo de control.

Este patrón se repitió incluso cuando la tarea era técnicamente imposible de resolver. En un segundo experimento, los participantes motivados por la idea de abundancia financiera persistieron mucho más tiempo intentando solucionar un acertijo irresoluble antes de recurrir a un compañero para obtener ayuda. Lo que esto deja ver no es solo una mayor tenacidad, sino un deseo subyacente de no depender de nadie para lograr un objetivo, una característica central del "homo autosuficiente" que el dinero activa en nuestra psicología.

La moneda de la indiferencia

Estamos claros en que la autosuficiencia puede parecer una cualidad deseable para la productividad personal, pero los experimentos revelan un "lado oscuro" en términos de cohesión social. Las personas influenciadas por el concepto de dinero muestran una marcada reducción en su disposición a ayudar a otros. Esto se debe a que, al valorar su propia independencia, proyectan la expectativa de que cada persona debe valerse por sí sola.

En las pruebas de los autores con voluntarios, el grupo motivado por el dinero ofreció dedicar solo unos 25 minutos de su tiempo para ayudar en una tarea de codificación de datos, frente a los 42.5 minutos del grupo de control. Esta falta de generosidad no se limitó a promesas futuras, sino que se manifestó en situaciones inmediatas y directas. Por ejemplo, cuando un compañero fingía no entender las instrucciones de una tarea, los participantes "monetarizados" dedicaron solo la mitad del tiempo a explicarle lo que debía hacer en comparación con quienes no habían pensado en dinero.

Incluso en accidentes cotidianos, como la caída de una caja de lápices, el impacto del dinero es visible. Aquellos que habían jugado Monopoly con grandes sumas de dinero ficticio o que imaginaron un futuro próspero recogieron significativamente menos lápices que los participantes en condiciones de control. La insensibilidad llega incluso al plano de la caridad: las donaciones monetarias a fondos estudiantiles fueron considerablemente menores entre quienes recibieron recordatorios de riqueza financiera.

Distancia física y preferencia por la soledad

Las consecuencias psicológicas del dinero trascienden la conducta de ayuda y afectan la forma en que habitamos el espacio social, tema estudiado por la proxémica (término acuñado por Edward T. Hall). La autosuficiencia impulsa a los individuos a construir barreras físicas y sociales. En uno de los experimentos más reveladores de Vohs, Mead y Goode, usaron un protector de pantalla con billetes flotando bajo el agua para activar el concepto de dinero de forma sutil. Al pedirles que acomodaran dos sillas para tener una conversación con un desconocido, los participantes influenciados por el dinero colocaron las sillas mucho más alejadas entre sí que los grupos que vieron imágenes neutrales de peces.

Esta preferencia por la distancia se extiende a nuestras decisiones de ocio y trabajo. Los autores indican que el dinero hace que las personas prefieran actividades solitarias frente a las sociales. Cuando se les dio a elegir entre experiencias para una persona (como lecciones de cocina personales) o para un grupo (una cena para cuatro), el grupo del dinero optó mayoritariamente por la opción individual. Del mismo modo, ante la opción de trabajar en un proyecto publicitario solos o con un compañero, los recordatorios de dinero redujeron drásticamente el deseo de colaborar. Trabajar con alguien más implica la posibilidad de que esa persona dependa de uno, algo que el "homo autosuficiente" trata de evitar a toda costa.

El dinero como herramienta y distanciamiento

El estudio de Vohs, Mead y Goode afirma que el dinero ha permitido a las sociedades humanas perseguir objetivos sin la necesidad de depender constantemente de amigos o familiares. Históricamente, esto ha potenciado el individualismo y ha permitido el desarrollo de metas ambiciosas. Sin embargo, el costo de esta evolución es la disminución de las motivaciones comunales.

Es significativo y alarmante que cambios menores en el entorno —como ver un afiche con billetes o resolver un acertijo de palabras— sean suficientes para activar la insensibilidad. El dinero evoca una visión del mundo donde cada persona "se las arregla sola", una perspectiva que se refuerza incluso en estudiantes de disciplinas como la economía, quienes tienden a tomar decisiones más interesadas en juegos de dilemas sociales.

En definitiva, las investigaciones de Vohs y sus colaboradores nos inducen a sentipensar sobre la paradoja del dinero. Aunque nos otorga la libertad de ser autosuficientes y competentes en la consecución de nuestras metas personales, también nos aleja silenciosamente de la interdependencia humana. El dinero, según el estudio, no solo cambia lo que podemos comprar; cambia, fundamentalmente, quiénes somos ante los demás. Al final, ese estado de aislamiento psicológico podría ser el precio no visible que transamos por la autonomía financiera.