Caracas, 29 de junio 2026
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Letra invitada | A usted, pueblo venezolano

Carta abierta de una sobreviviente del terremoto de 2010 en Haití

Por Maryse Saint-Pierre Cyprien, Ph. D.

Sobreviviente del terremoto de Haití de 2010


29/06/2026.- Les escribo estas palabras en un momento de profunda aflicción ante el balance humano y material de los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 —ocurridos en el lapso de 39 segundos—, los cuales han sumido a su hermoso país en una inmensa tragedia.

No conozco sus rostros. No conozco sus calles desaparecidas. Pero conozco, por haberlo vivido, ese instante en que la tierra se desmorona y en que las referencias fundamentales de una nación se derrumban en cuestión de segundos.

En 2010, Haití fue golpeado por una catástrofe sísmica de una magnitud excepcional. Ese acontecimiento marcó profundamente mi trayectoria, dejando una huella duradera tanto en mi memoria como en mi vida, con la pérdida de una pierna.

Hoy, al enterarme de la tragedia que afecta a Venezuela, esa experiencia resuena en mí con una intensidad particular.

Dado que los terremotos pueden abolir las distancias geográficas y revelar una cercanía humana entre los pueblos, estos fenómenos tienden a poner de relieve vínculos de solidaridad que no nacen del instante, sino que se inscriben en trayectorias históricas, culturales y políticas más amplias.

Haití y Venezuela comparten, en efecto, una antigua historia de relaciones y solidaridad que se remonta a los tiempos de las luchas de emancipación en América Latina y el Caribe. Esta memoria común se ha prolongado en la historia contemporánea. En 2010, tras el terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter que golpeó Haití, la República Bolivariana de Venezuela aportó una contribución significativa al esfuerzo internacional de rescate y asistencia humanitaria. Ese compromiso permanece en la memoria colectiva haitiana.

En este momento, mis pensamientos están con las familias en duelo, con las personas heridas, con los desaparecidos y con todas las comunidades afectadas por esta tragedia.

Más allá de la urgencia humanitaria inmediata, las catástrofes naturales exigen una atención sostenida a largo plazo. La fase de reconstrucción requiere una movilización coordinada de la comunidad internacional que incluya apoyo técnico, institucional y financiero adecuado, así como un compromiso duradero que contribuya al fortalecimiento de la resiliencia de los territorios expuestos a riesgos sísmicos.

Hoy, al pueblo venezolano le envío mucho más que mi compasión. Le envío mi profunda solidaridad, alimentada por una experiencia que conozco demasiado bien.

Ojalá podamos transformar esta tragedia en un nuevo impulso de fraternidad entre los pueblos. Cuando la tierra tiembla, no es solo una nación la que vacila: es nuestra humanidad entera la que es puesta a prueba.

Con consideración, respeto y solidaridad.