Protocolos de rescate se aferran al milagro del silencio en La Guaira
Rescatistas de todo el mundo se suman en carrera contrarreloj para hallar sobrevivientes
01/07/26.- A siete días del doble terremoto del pasado miércoles 24 de junio, que con dos zarpazos brutales de 7.2 y 7.5 estremecieron los cimientos del norte de Venezuela, el aire del Litoral Central sigue oliendo a polvo de concreto, a mar caliente y a una tensa expectación.
En Playa Grande, Macuto, Los Corales, Caraballeda, donde el mapa urbano se desdibujó en menos de un minuto, el silencio ya no es sinónimo de paz sino el enemigo a vencer. Cada vez que una grúa se detiene y los rescatistas levantan el puño cerrado pidiendo silencio absoluto, el tiempo se detiene y parece congelarse.
Es el protocolo del milagro: escuchar latidos, quejidos o los golpes desesperados de quienes resisten a quedar sepultados bajo las toneladas de escombros que alguna vez fueron hogares. En esa carrera contrarreloj, el acento local de los bomberos y brigadistas de Protección Civil se mezcla con una polifonía de idiomas y voluntades.
El llamado de auxilio humanitario trajo a las costas guaireñas a contingentes especializados de distintas partes del mundo que hoy desafían el riesgo de las constantes réplicas de los sismos. Más de un centenar de efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME) de España, junto a brigadas caninas expertas en localización, recorren los restos de las estructuras colapsadas en Caraballeda y Tanaguarena.
Al brigadista Alberto Garcés lo conseguí en el recorrido por los escombros derivados de las residencias OPP, frente a playa Los Cocos, y me dijo estar muy impresionado. "Estamos intentando rescatar posibles víctimas vivas y extrayendo los cuerpos ya encontrados. Esto es devastador, viví una situación parecida en el terremoto de Marruecos, en 2023, pero esto es mucho más grande. Allá se afectó la zona del Atlas, afectó aldeas, falleció muchísima gente tambièn pero esto sobrepasa todo lo que yo había visto", dijo consternado.
Junto a los españoles, rescatistas de América Latina despliegan teconologías de punta como sensores de movimiento, cámaras térmicas y micrófonos ultrasónicos capaces de percibir el suspiro más leve a metros de profundidad. No es una tarea sencilla, el colapso del puente que conectaba Caraballeda con el resto del estado, sumado a las réplicas constantes que mantienen elnalerta a la población no han dado tregua, y han convertido el terreno en una inestabilidad que despierta el temor.
"Aquí estamos, no importan las banderas ni los idiomas. Estamos para ayudar a los venezolanos", me comentó una brigadista con la mirada cansada mientras acariciaba a uno de los perros que iría a una grieta a verificar si había señales de vida entre los escombros. "El idioma que nos debe mover en estos momentos es el de la mano que busca salvar una vida", dijo Ana Teresa.
A pesar del dolor acumulado y de las cifras que estremecen al país, las historias de fe sostienen el espíritu de los voluntarios y familiares que pernoctan en carpas improvisadas por todos lados. En Macuto, el rescate exitoso de personas que lograron sobrevivir aferrados a los marcos de sus puertas o protegidas por triángulos de vida aumenta la convicción de que cada minuto cuenta.
Anthony Gómez, un rescatista del estado Falcón, nos confirmó que la cifra de afectados es muy alta y que hay muchas personas que aún no han salido de los escombros a una semana de la tragedia. "Básicamente ya no estamos buscando personas con vida aunque siempre hay esperanzas pero hay que entender que quienes están hoy bajo los escombros aún, son personas que ya murieron. Es bastante caótico", afirmó.
Sin embargo, la fe no se rinde, el voluntariado y el pueblo organizado se han convertido en el soporte vital de este despliegue. Desde el café listo para los rescatistas internacionales que llevan horas sin dormir, hasta la gestión de plataformas digitales para reportar desaparecidos y coordinar la llegada de insumos alimenticios y médicos a los lugares vulnerables.
"Lo que hemos encontrado aquí ha sido mucho apoyo de parte del pueblo venezolano, de sus instituciones, nosotros venimos como apoyo del servicio de sanidad y estamos brindando las atenciones en conjunto con ustedes los venezolanos. Ha sido muy duro ver tanta gente lesionada y afectada, emocionalmente quebrada. Nos ha tocado lidiar con eso, es bastante difícil estar en esa situación", nos contó el jefe de la misión médica de México, Jesús García.
La reconstrucción no es fácil ni sencilla, será larga y dolorosa. Hoy mientras el sol de nuestro Caribe se oculta en las aguas de La Guaira, la imagen que queda en nuestras retinas no es la de las estructuras colapsadas sino la de los hombres y mujeres que de rodillas sobre el polvo siguen excavando, con las manos, con las palas, con lo que encuentren, buscando una señal de vida.
SABINA DI MURO/FOTOGRAFÍA: JESÚS CASTILLO/CIUDADCCCS
Etiquetas
Compartir














