Vitrina de nimiedades | Hernán o nosotros mismos
Por Rosa E. Pellegrino
05/07/2026.- Difundido ampliamente por la mediática internacional, el rescate de Hernán Gil es, además de la combinación entre un milagro de una fuerza superior y el empeño innegociable de un colectivo, una lección cuya profundidad aún no logramos dimensionar en su total amplitud. No importa la versión que de esta historia leamos de acá en adelante: es tanto lo que deja para nuestra reflexión que podríamos pasar años reinterpretando el significado de uno de los rescates más simbólicos tras el doble terremoto del pasado 24 de junio.
En estas líneas no nos atreveremos a indicar todas las enseñanzas dejadas por este momento. Apenas intentaremos asomar tres o cuatro aspectos sobre los cuales valdría, al menos, conversar con el vecino o con aquel amigo que, parado en ese punto odioso llamado "la acera de enfrente", piensa que los venezolanos somos los mismos. Un semestre de intensidad, precedido por años de desafíos, tiene peso en nuestra visión del porvenir.
Quizás la primera lección se encuentra en la redefinición de la "unidad de los pueblos". Esa frase, que suena bien porque parece borrar fronteras y acercar ideales, descansa en algo muy simple: reconocer al otro, admirar su valor y considerarlo un sujeto válido para avanzar juntos en las causas más nobles. Cuando rescatistas de diez países trabajan a contrarreloj en momentos donde se reducen las posibilidades de hallar sobrevivientes, unen sus experiencias por un mismo fin y hablan el idioma del compromiso. En el caso de Hernán, se demuestra que la cooperación y la solidaridad brotan donde vemos y reconocemos al otro.
Con ello también llega otro aprendizaje: el agradecimiento infinito a las delegaciones internacionales que pusieron a nuestra disposición su conocimiento y capacidad tecnológica. Esa gratitud no solo se fundamenta en su entrega, sino también en la humildad con la cual asumen la posibilidad de auxiliar en este momento histórico. Esa gratitud, además, se expresa en el reconocimiento que hacen estos grupos de expertos al compromiso de los efectivos venezolanos, que salieron a socorrer sin importarles en muchos casos ser también víctimas de esta tragedia. Es una clase de humildad para valorar más nuestras propias capacidades.
Las alianzas y la generosidad dan buenos frutos si se unen por la vida, esa palabra que encierra tanto para nosotros, nuestro futuro y nuestro derecho a pervivir. Nada ni nadie puede estar por encima de la existencia de ningún ser humano. Eso no es una obviedad; es una lección que llevaremos tatuada en la piel por generaciones enteras. Frente a la miseria que algunos grupos prefieren exhibir, cada vida latiendo hoy es una victoria de la constancia frente a la infamia, el afán de división y el empeño de quebrar el gentilicio venezolano. Al final, cada persona rescatada desde el 24 de junio es un recordatorio de nuestro derecho a ser. Por eso, con Hernán no solo se salva una vida; también se reivindica el derecho a ser nosotros mismos.
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