Zozobra e incertidumbre se instala en el sector los Frailes de Catia
Los habitantes del edificio Los Cuatro Vientos se turnan entre vivir, vigilar y esperar
08/07/07.- Los terremotos del 24 de junio dejaron personas afectadas de todo tipo y en todos los planos: en el mental, familiar, sicológico y hasta material. Si bien La Guaira es el epicentro de los mayores efectos de la catástrofe, en sitios muy puntuales de Caracas la gente sufre y quedó suspendida en una especie de limbo sin solución clara.
En el sector Los Cuatro Vientos de la Parroquia Sucre, en el oeste de Caracas, justo en el límite de Los Frailes y Ruperto Lugo, los habitantes del edificio Los Cuatro Vientos cuentan las horas e intentan dar algo de normalidad a su rutina sin un panorama claro sobre sus viviendas.
Más de 30 familias que habitan ese inmueble quedaron entre nerviosas y asustadas, entrando y saliendo del edificio, haciendo turnos para no dejar solo los apartamentos y protagonizando una vida como a pedacitos, como los capítulos de una historia sin final claro.
Movimiento y consecuencias
Grizka Osilla, residente en el edificio Los Cuatro Vientos, rememora el momento del terremoto y las consecuencias (quizás peores) que generaron los seísmos.
“Todos salimos corriendo, esa es la verdad. Algunos más organizados, otros menos organizados. Quizás dejamos pasar los dos momentos telúricos dentro de los apartamentos, después nos encontramos por las escaleras cuando nos dimos cuenta de que estaban en buen estado y que podíamos salir”, rememora.
Para la profesora de educación y con actividad en dos colegios de Caracas, el impacto le hizo rememorar sufrimientos pasados. “Yo soy sobreviviente de la vaguada de Vargas (de 1999). De ese momento es que me vine para acá (Caracas)”, explica.
Y rememora: “Sí, es terrible porque no es sabroso recordar absolutamente nada, pero de allá vine yo aquí, y aquí, bueno...”, deja la frase en el aire, como el futuro de ella y el de sus vecinos.
Porque el impacto inmediato del doble terremoto afectó duramente las bases del edificio, y ese es el limbo en el que viven en los actuales momentos.
Por la vivienda (siete pisos, dos “torres” aparejadas, tres o cuatro apartamentos por piso) pasó una comisión de bomberos y un ingeniero particular, pero necesitan la evaluación oficial de Protección Civil.
“Hasta donde lo sabemos, como le dije, una persona vino y conversó con nosotros, es ingeniero, y dentro de todo, nos confirmó que el edificio tiene reparación”, afirmó.
Pero, ese es el limbo número uno: no son los propietarios y lo que hacen es depositar en una cuenta el dinero de la renta y su caso lo lleva SUNAVI (Superintencia Nacional de Alquileres).
Capítulo dos: mitad adentro y mitad afuera
El edificio Los Cuatro Vientos de Catia es un “oasis” de peligro en el sector, el único afectado severamente en un radio de cientos de metros, con tres apartamentos internos muy dañados. La afectación de sus bases tiene a los vecinos sin pegar un ojo, en vigilia y expectantes por lo que pueda pasar si llegaran a producirse réplicas de sismo mucho más fuertes que las sentidas recientemente.
Y para quien habita el edificio, la señora Grizka Osilla y resto de usuarios (incluido dos locales comerciales en planta baja) la realidad se les partió en dos. Estar o no estar, hacer vida normal o pasajera, tener todo recogido y esperar.
“No abandonaron (los apartamentos), pero sí van y vienen, o pernocta uno de los vecinos y los demás al resguardo, y así sucesivamente”, responde con una calma externa, sin saber a lo interno cómo lleva la situación atípica.
Y en su caso comparte el apartamento con tres hijos (casados), tres nietos y dos perros. ”Yo me quedo formalmente (a cuidar y dormir), a veces en compañía de alguno de los muchachos, otras veces, como algunos otros (vecinos) van y vienen, van y vienen, pues entonces para evitar el cansancio me quedo acá (adentro)”.
Confiesa que en el edificio hay muchas personas mayores y familias con niños pequeños. Muchos vecinos con hijos optaron por sacarlos y tenerlos resguardados en otros lados.
La señora Osilla confiesa un temor del impacto de la experiencia. “Yo he visto cosas y sé que todo se puede reconstruir siempre y cuando nuestro pensamiento lo permita. Pero lo que más me preocupa ahorita, ahorita, son los muchachos, la juventud. Esos sí no estaban preparados absolutamente para nada de esto”.
Pese a la entereza que muestra externamente sí se confiesa sobre días por venir marcados como con un interrogante. “Asustados sí estamos, no te lo vamos a negar. Cada vez que nos paramos sentimos como que está temblando; pero no, definitivamente esa es la psiquis de uno que sientes que pones una mano en un sitio y, ¡ay, está temblando”.
Capítulo tres: sí, pero no
Para tratar de aligerar una solución optaron por la proactividad: “automáticamente todos nos registramos en los diferentes las diferentes plataformas que nos fueron llegando, y tenemos los papeles al día y llenamos los que nos pidan llenar”, señala Osilla.
“Queremos el informe de Protección Civil y por eso le digo, ya estamos registrados absolutamente todos los vecinos, familias completas. Desde los niños hasta el adulto mayor”.
En espera de la revisión respectiva, la profesora de educación graduada en la Universidad Experimental Simón Rodríguez sabe que eso será un obstáculo que debe superar el inmueble (“el semáforo de colores que se quiere aplicar”, explica), pero no el único.
Y recuerda: “también tenemos un limbo este legal. Nosotros somos inquilinos, no somos propietarios. Al no ser propietarios, no tenemos potestad para hacer muchas cosas”, y por eso deben esperar (el eterno verbo que planea sobre Venezuela) a que SUNAVI se avoque al caso.
Grizka Osilla y sus vecinos del edificio Los Cuatro Vientos en Catia (Caracas) cuentan los días, horas y minutos para aclarar su futuro, y esa “carrera” no la controlan ellos. Tampoco la posibilidad de un nuevo temblor con sus efectos.
OSCAR GALVIS / FOTOGRAFÍA: ENRIQUE HERNÁNDEZ / CIUDAD CCS
Compartir















