Caracas, 08 de julio 2026
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Campamento Ávila: tejido humano guaireño está listo para reconstruirse

Cobija a 204 habitantes que resisten con dignidad tras el sismo

Población del campamento transitorio relatan duras vivencias del desastre.

08/07/26.- Dicen que en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar, que en tan solo una fracción de segundo la vida es capaz de llevarnos desde lo más alto hasta lo más bajo. El 24 de junio quedará grabado de esta manera en la memoria colectiva del venezolano, con un doblete sísmico de 7,2 y 7,5 que dejó a cientos y miles de ciudadanos sin hogar, o en los peores casos, sin vida.

Hoy escribo a dos semanas del trágico suceso, desde entonces, decenas de campamentos transitorios han sido habilitados en la ciudad capital, Caracas y en el estado La Guaira, con el propósito de brindar un techo y recursos básicos a los damnificados.

Es en este contexto que recorrí el recientemente habilitado campamento transitorio, El Ávila, en el antiguo Hotel Ávila, en San Bernardino, Caracas, un albergue que responde a la necesidad habitacional y sanitaria de cientos de guairenses que sufrieron los daños del doblete sísmico.

Este campamento transitorio, hasta la fecha, resguarda a un total de 204 refugiados, una cifra que se divide en 64 familias, 56 niños y niñas, y 11 adolescentes, los cuales habían estado refugiándose en la plaza de San Martín y en la plaza del Panteón.

El albergue, cuenta con áreas destinadas a cocina, comedor, camas dobles, baños, triaje, atención veterinaria y atención médica las 24 horas, además de recreación y supervisión por parte de la alcaldía, sin embargo, lo que verdaderamente llena estos espacios son los relatos de quienes deben afrontar la dura realidad de haberlo perdido todo, con sus voces, aunque cargadas de dolor y tristeza, nos recuerdan la importancia de seguir hacia adelante.

Un espacio donde se respira calma

El trato cercano del equipo multidisciplinario del campamento devuelven la tranquilidad a las familias guairenses tras semanas de incertidumbre.

El colapso de las estructuras de media y alta densidad en La Guaira, dejó atrapados a varios de sus habitantes, dejó a cientos sin hogar, un escenario que desencadenó el trabajo de rescatistas y voluntarios en el litoral, y obligó el traslado de familias hacia los campamentos transitorios de la capital.

Hoy, los relatos de quienes vivieron la situación extrema, reconstruyen los sucesos de una de las catástrofes más grandes del país en las últimas décadas.

Entre lágrimas, Ivonne Granadillo, agradeció a todo el personal de la Alcaldía de Caracas que han hecho de su estadía, grata, desde los cocineros, los doctores que los atienden, hasta los supervisores, un sentimiento con el cual Ivonne se identifica, dando a conocer que finalmente puede sentir algo de tranquilidad:

“Tanto mi persona, como mi familia hemos recibido una excelente atención, desde aquí quiero darle gracias a la alcaldía, (…) nos han atendido muy bien en cuanto a medicinas, alimentación, en todo”, delcaró.

Sin embargo, los recuerdos de lo ocurrido en la tarde del 24 siguen siendo difíciles de procesar para algunos, nuevamente entre lágrimas, Ivonne contó que al momento del terremoto ella se encontraba con su hija.

“Yo sentí como si la muerte estuviera encima de mí, pensando en mi familia, en mi madre, quien no puede caminar muy bien, todo esto que ocurrió fue horrible, y aunque aquí estemos tranquilos, como venezolana yo me siento de luto, por la cantidad de personas que han fallecido y por quienes aún no se sabe nada”.

Jornadas de atención veterinaria dentro del campamento garantizan la salud y el bienestar de las mascotas.

Por otro lado, historias como la de Yudith Salazar y Heucaris Alba, madre e hija, nos recuerda que aún hay camino por delante. Solicitan ayuda en la residencia privada Jardín Botánico de Tanaguarena, las mismas declaran que en la zona aún hay personas que necesitan ayuda.

Tal es el caso de Adolfo Julián Arreaza, con quien no han podido comunicarse desde el pasado 25 de junio, día en el que visitaron el sector.

“Cuando sucedió el terremoto, estábamos conversando en la mesa, y en cuanto comenzó a temblar todo el edificio, lo que hicimos fue abrazarnos, cuando todo se calmó bajamos a planta baja, y vimos como el resto de inmuebles se derrumban, gente fallecida en las calles… no sé decir a cuántas personas tuvimos que pasarles por encima de los escombros”, relata Heucaris.

Solidaridad que abraza al litoral

Detrás de cada comida servida en el albergue, hay manos voluntarias que cocinan con el corazón.

Finalmente, Talena Aristigueta, ciudadana de tercera edad, quien vivía en Catia la Mar, relata que vivió en carne propia la tragedia, vio cómo los edificios se desplomaban uno tras otro, mientras que poco a poco el humo nublaba su vista, solo podía escuchar los gritos y llantos de quienes yacían bajo los escombros en un intento de pedir ayuda, y cuando se despejó un poco su visión, observó a decenas de personas que perdieron la vida en el acto.

A pesar del funesto escenario descrito por Aristigueta, mantiene la esperanza de que pronto todos los afectados tendrán su casa digna como es debido, y tras agradecer a todas las manos que han puesto un grano de arena para ayudar, enfatizó que dicho esfuerzo debe ser constante, y que no debemos olvidar a quienes perdieron la vida en el desastre.

Este esfuerzo constante del que habla Talena Aristigueta, se ve reflejado en la atención médica que ha recibido el campamento.

El personal de salud declaró que, hasta la fecha, se atendió al 100 % de la población a través de jornadas de vacunación, atención odontológica, psiquiátrica y quirúrgicamente.

Reconstruir sobre las grietas

Venezuela duerme con una herida abierta en sus estados y ciudades más afectadas, sin embargo, el despliegue de estos albergues transitorios demuestra que el desamparo no tiene la última palabra.

Luego de escuchar a las víctimas de este terremoto, queda claro que la resiliencia del venezolano es, sin lugar a duda lo que más nos caracteriza frente a la adversidad, y aunque aún queda por afrontar la incertidumbre y miedo que genera pensar en el porvenir, hoy el campamento El Ávila amanece con la certeza más importante de todas: el tejido humano de La Guaira sobrevivió a las ruinas y está listo para volver a empezar.

HÉCTOR RODRÍGUEZ / FOTOGRAFÍA: JESÚS CASTILLO / CIUDAD CCS