Memorias de un escuálido en decadencia | Dolor
Por Roberto Malaver
10/07/2026.- ¡Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé! Como dicen por ahí, nosotros no vamos a morir nunca de infarto, porque no tenemos corazón. La tragedia de La Guaira ha puesto de manifiesto lo peor de nosotros. Soltamos los demonios. Hemos demostrado que nos importa muy poco el dolor ajeno porque no respetamos nada. Lo primero que hacemos es aprovecharnos de las redes para salir a decir todo lo que nos plazca, menos la verdad. Hay por ahí un señor que salió con un peluche diciendo que estaba buscando a su hijo, que estaba perdido entre los escombros y solo tenía ese peluche, hasta que después se descubrió que todo era un montaje. De los compañeros que hemos defendido siempre y que están en el exilio entregados a la lucha por un mejor país no sabemos si han ayudado en algo; por ninguna parte hemos visto que llegaron las ayudas de Juan Guaidó, del poeta López, de Julio Borges, Antonio Ledezma y Carlos Vecchio. Todos se han aprovechado del negocio de ser opositores para darse la gran vida consentida. Ahora, cuando pueden demostrar que es cierto, que sí luchan por el pueblo, dan una que otra declaración muy simplista y pendeja, y uno se queda esperando algo más que no llega. No reconocemos el trabajo que ha hecho el Gobierno, porque reconocerlo es darlo por bueno, y para nosotros el gobierno o, mejor dicho, la dictadura, con el perdón de Trump, nunca ha sido buena. El odio que hemos puesto a circular en las redes nos ha identificado claramente. Y lo peor es que el odio es un recurso que no se nos acaba nunca; tenemos odio para rato.
Y en una entrevista de la compañera María —Súmate— Machado vimos que decía que una madre que estaba buscando a sus dos hijos bajo los escombros le escribió para decirle que la esperaba, que viniera, que estaba haciendo mucha falta. Ese video lo agarró entre manos la periodista Patricia Poleo y se la comió viva, diciendo que no sabía cómo calificar aquella declaración. Porque nadie cree que una madre que busca a sus hijos esté esperando a una mujer para que haga política; en todo caso, espera a los bomberos o a los rescatistas. En fin, que se nota que aprovechamos todos los espacios para ver cómo logramos seguir manipulando. También había prometido que venía a Venezuela, y por lo visto el compañero Trump no la dejó venir y entonces comenzó una campaña en las redes sociales de nosotros mismos contra el compañero Trump, y allí fue cuando surgió un tal Javier Negre diciendo que iba a denunciar al enjambre de tuiteros de María —Súmate— Machado porque estaban perjudicando la política del compañero Trump hacia Venezuela, y tenían que respetar las tres fases: la estabilidad, la transición y las elecciones libres y por puesto. Y al referirse al enjambre, que de paso fue un concepto usado por nosotros en una de nuestras tantas campañas contra la dictadura, allí nombraba a Claudia Macero, Enmanuel Rincón, Orlando Avendaño y David Smolansky. De repente todos callaron; sus labios no se abrieron para decir un carajo. Y por un momento hubo los gritos del silencio en X. Es decir, que estamos locos de bola a bola. Nos descubren en todas las vainas que montamos y nos quedamos siempre esperando que pase la tormenta para que se olviden de las vainas que hacemos y después volvemos con nuestras caras lindas bien lavadas.
El papá de Margot veía en las redes lo que estaba pasando en La Guaira y se lamentaba, y en verdad que allí se veía un corazón herido, y cuando descubría que algún compañero lo que hacía era hablar paja para ganar seguidores, entonces gritaba: “Así no es, carajo; así no se hace”. Hasta que se cansó de rogarles, de ver tanto odio y tanto malquerer, que se puso de pie, se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro, que la vecina salió gritando: “Desgraciado, vas a provocar una réplica con esa vaina”.
—No tuve tiempo para odiar —me dice Margot.
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