Al derecho y al revés | Mientras vienen las elecciones...
Por Domingo Alberto Rangel
31/07/2026.- De las tragedias se puede aprender, pero puede suceder lo contrario y así seguir abonando desgracias futuras en aras de una velocidad que no ayuda. Por la velocidad de "limpiar" Caracas de viviendas precarias —después llamadas "ranchos"—, el dictador Marcos Pérez Jiménez pasó por alto que la guerra del canal de Suez había terminado. Con ello, Venezuela regresaba a producir más o menos la mitad de los casi tres millones de barriles que producíamos merced a la guerra entre Egipto, Gran Bretaña, Francia e Israel. Esa producción de millón y tantos barriles no era nada malo para un país de más o menos cinco millones de habitantes, pero no suficiente para que MPJ lograra el sueño de una "Caracas sin ranchos".
Entre la velocidad y los cuates del dictador, llegó como solución seguir construyendo lo que después se llamaría el 23 de Enero y dejar los pagos "para después". Era una deuda estimada en cien millones de bolívares, inmensa para la época y que, casi en su totalidad, le pertenecía a don Eugenio Mendoza, el hombre más rico de aquella Venezuela y tío abuelo de Leopoldo López. Don Eugenio, con velocidad y astucia, lo solucionó haciendo que lo designaran para integrar la Junta de Gobierno, que condujo al país tras la vergonzosa huida del dictador. Esta veloz solución le permitió pagarse su deuda en un solo cheque y dejar las reservas nacionales en el esterero. La velocidad en mi país ha sido motivo de marramuncias desde la independencia.
Ahora hay bots e influencers que no influencian a nadie, pero que sirven velozmente para obligar a un país invadido, sin el control de su mayor ingreso en divisas, a hacer elecciones "libres y sin trampas". Lo de las trampas es una idiotez, toda vez que se sabe que cuando está en juego el poder de un Estado, unos y otros intentarán hacerse trampitas o trampotas, si los dejan...
Por eso, el Poder Electoral se pacta entre los que concurren a una elección y no se deja a nadie desamparado.
Sin embargo, sucede que —lo saben hasta las piedras— nuestro país fue invadido y a los perdedores —nosotros— nos han impuesto lo que todos los vencedores imponen: la pérdida del control económico del territorio. Ese asunto se debe resolver antes de pensar en elecciones, en las que pretenden participar aquellos que pidieron sanciones contra quienes habitamos Venezuela, y también los que se salvaron cuando extrajeron al presidente y a la primera dama.
Hay, por otro lado, otros asuntos importantes que se pueden resolver antes de ir a una elección. Por ejemplo, la educación, que sigue atada a moldes del siglo XIX, cuando lo que viene es la inteligencia artificial y la tecnología de punta. Son soluciones que implican grandes mejoras en los sueldos de los educadores, amén de un cambio de filosofía.
Hay que fortalecer la educación básica y media, de manera que quienes no fueron a la universidad puedan pensar y participar en una conversación de tú a tú con los universitarios, que manejen la IA y que sea la vida quien permita hacer ganar mucho dinero a unos y a otros, menos.
Este cambio implica convertir las universidades en hogar de las élites del pensamiento, con carreras nuevas, más que las tradicionales del siglo XIX. En esas universidades, llegarán los mejores bachilleres que aprenderán a usar la radiación solar para ahorrar energía, a modificar el ADN para atacar ciertos males, desarrollar la energía nuclear, etc.
Todo se puede ir logrando mientras dure la intervención de los gringos, intervención que está demostrando que nuestro Estado puede funcionar con menos recursos, es decir, que estábamos derrochando...
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