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Micromentarios | Explosiones al mayor y al detal

Por Armando José Sequera

04/08/2026.- En los últimos tiempos, a los elementos sonoros contaminantes en la vida diaria se ha sumado un dispositivo que, incorporado a los autos y las motocicletas, provoca explosiones controladas en los tubos de escape.

Dicho dispositivo recibe los nombres de limitador de revoluciones o sistema de corte de encendido, y funciona —según información que obtuve en internet— de la siguiente manera: el aparato "corta la chispa de la bujía de forma intermitente al llegar la moto al límite de sus revoluciones". De este modo, la gasolina que no se quema pasa directamente al escape. Allí, el calor detona el combustible acumulado y produce esas explosiones que resuenan a cada rato y molestan en demasía. En algunos casos, no solo ocurren detonaciones, sino que de los tubos brota una pequeña llamarada.

Detrás de donde resido, en Valencia, hay una recta de trescientos metros que numerosos motociclistas utilizan como pista de carreras. Al principio, aceleran y mantienen una gran velocidad durante al menos doscientos metros. Luego, al irse deteniendo, parecen sometidos a una revolución de gases intestinales.

Al llegar al semáforo donde concluyen esos trescientos metros, una de cada diez o doce motocicletas provoca las referidas explosiones que, en ocasiones, se presentan en racimo. No se trata de una sola ni de dos, sino de tres, cuatro o cinco consecutivas, que oscilan entre los 80 y los 120 decibeles y perturban reiteradamente la vida cotidiana.

Durante el día, tales estallidos tienden a pasar inadvertidos, pero en la noche —en especial después de las 12:00 a. m.— son insoportables.

Hay un automóvil que también usa el mencionado dispositivo y pasa a diario entre la 1:05 y la 1:20. Tras su carrera por la avenida, cuando llega al semáforo, produce entre dos y tres estruendos.

Unos minutos más tarde, pasa un motociclista cuyo limitador de revoluciones deja oír entre tres y cinco explosiones.

Como ya he señalado, estos sonidos oscilan entre los 80 y los 120 decibeles, con lo cual despiertan al vecindario, a menos que se tenga encendido el aire acondicionado. A esto recurrimos quienes tenemos instalado ese equipo, pero como padecemos de manera periódica apagones nocturnos de cinco horas —que se extienden desde las nueve de la noche hasta las dos o dos y media de la madrugada—, no tenemos oportunidad de dormirnos cuando queremos, sino después de que pasan ambos energúmenos.

Más de diez o doce veces —son demasiado frecuentes los apagones en las noches—, el sueño me ha vencido en medio de estos cortes de electricidad, pero despierto alterado tan pronto pasan ellos con sus despliegues sonoros.

Ese sistema de corte de encendido tendría que estar prohibido y quienes lo utilizan deberían ser multados con cantidades que, de veras, les duelan. Las multas no pueden ser de 100 o 200 bolívares, que son risibles, sino de 200 o 300 dólares para arriba. Y en caso de reincidencia, de mil en adelante.

Estoy harto de tales explosiones a toda hora del día y, sobre todo, de la noche. Me hacen sentir que vivo en un lugar regentado por mafiosos y asesinos o en Gaza, que es prácticamente lo mismo.