Ahora los pueblos | Batalla cultural en Latinoamérica (II)
Por Anabel Díaz Aché
Una clase dirige la sociedad no solo por la fuerza, sino logrando
que su visión del mundo se vuelva sentido común.
Antonio Gramsci
06/08/2026.- Como explicamos en nuestra edición anterior, el imperialismo estadounidense continúa implementando diversas estrategias orientadas a desestabilizar gobiernos soberanistas e instaurar administraciones afines a sus intereses geopolíticos. En el marco de los últimos ciclos electorales en América Latina, esta injerencia ha sido abierta y grotesca, como hemos podido evidenciar en El Salvador, Ecuador, Argentina y Bolivia. También expondremos los casos de Chile, Honduras, Perú y Colombia.
La ultraderecha avanza en Latinoamérica
En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 14 de diciembre de 2025, José Antonio Kast, candidato del ultraconservador Partido Republicano de Chile, se impuso ante Jeannette Jara, abanderada de la coalición de centroizquierda. Este resultado se produce a solo seis años del estallido social de octubre de 2019, movilización juvenil que irrumpió contra el gobierno de Sebastián Piñera en reclamo por la acumulación de demandas históricas no resueltas desde el retorno a la democracia en 1990: el alto costo de la vida, la precarización de las pensiones y la privatización de la salud y la educación, así como la impunidad ante la corrupción.
Las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025 en Honduras constituyen un claro ejemplo de la injerencia estadounidense en los procesos electorales de la región. Tras un dilatado escrutinio, marcado por serias denuncias del oficialismo sobre interferencias en el sistema de transmisión de resultados, el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró ganador a Nasry Asfura. La intervención directa de Donald Trump abarcó desde el respaldo explícito a Asfura y amenazas al electorado sobre "graves consecuencias" si ganaba la candidata del partido Libre hasta el indulto concedido al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en Estados Unidos. Ante esto, la mandataria saliente, Xiomara Castro, denunció las declaraciones de Trump como un acto de "chantaje, coacción e injerencia abierta" destinado a condicionar la soberanía popular.
Los resultados de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales en Perú el pasado 7 de junio fueron sumamente ajustados y mostraron el nivel de polarización del electorado. El conteo oficial definitivo demoró 22 días antes de que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamara a Keiko Fujimori como presidenta electa, con un cómputo final del 100% de actas, siendo la diferencia un estrecho margen de tan solo 9 mil 641 votos. El candidato Roberto Sánchez, de la coalición de centro-izquierda Juntos por el Perú, presentó varios recursos de impugnación, alegando irregularidades estadísticas y la manipulación de actas, así como el bloqueo del voto exterior. Solicitó la anulación de las valijas electorales de 119 oficinas consulares, entre ellas las de Estados Unidos y Argentina, argumentando deficiencias de custodia que invalidaban esos votos. Además, pidió la invalidación de 1 mil 751 mesas en Lima Metropolitana, sosteniendo la existencia de patrones numéricos "estadísticamente improbables" a favor de la derecha. Todo esto hace prever un recrudecimiento de la crisis política en el país andino.
En Colombia, tras unos ajustados comicios en segunda vuelta de las elecciones presidenciales para el período constitucional 2026-2030, resultó proclamado presidente Abelardo de la Espriella, del movimiento de derecha Defensores de la Patria, y asumirá oficialmente la jefatura del Estado el próximo viernes 7 de agosto de 2026. El presidente saliente, Gustavo Petro, no reconoce la legitimidad del mandatario electo y ha denunciado de forma reiterada la existencia de un presunto fraude electoral algorítmico y sistemático en el balotaje del pasado mes de junio. Sostiene que el verdadero ganador de los comicios fue el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, quien se ha declarado en desobediencia pacífica. La situación en este país hermano es de mucha tensión, en especial porque han sido publicados los nexos de La Espriella con grupos armados del paramilitarismo.
Hablan como nosotros para gobernar sin nosotros
La apropiación de Antonio Gramsci por parte de la ultraderecha responde al histórico proceder de las élites: despojar a los pueblos de todo aquello que les genere dividendos. En este caso, han robado las categorías y el lenguaje gramscianos para usarlos en contra de las mayorías. Se adueñaron de los conceptos con los que la izquierda ganaba la batalla cultural y moldeaba el sentido de la resistencia, de pensar el mundo y entender la realidad.
Este asalto cultural permite a la ultraderecha disfrazarse de pueblo y hablar de "revolución" cuando, en verdad, buscan sumisión. Este síntoma alarmante, potenciado por las plataformas digitales, ha dejado a las izquierdas sin palabras. Mientras tanto, figuras como Trump, Milei, Bukele, Noboa o Kast han entendido lo esencial: el poder no empieza en las urnas, sino en el lenguaje. Como señala Slavoj Žižek: "Hoy la derecha ha aprendido a usar las consignas de la izquierda para su propio proyecto reaccionario". Ya no necesitan vestir como cruzados ni como empresarios de corbata; ahora se camuflan de libertarios antisistema, outsiders o indignados para imponer regímenes que desmantelan derechos, blindan privilegios y usan el miedo como forma de gobierno.
Etiquetas
Compartir













