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Letra invitada | La mujer venezolana redefine su belleza

Por Werther Sandoval

11/08/2026.- Desafiando su entorno con el realce de sus atributos naturales. Mostrando mayor dominio del aura física y psicológica que la rodea. Quebrando prejuicios contra su cuerpo. Dándole a sus caderas bamboneos y moviendo con más orgullo y altivez sus brazos entre la espalda y la frente. De este modo, la mujer venezolana se ha propuesto redefinir, una vez más, su concepto de belleza.

Luego de un imponente lapso histórico durante el cual el sincretismo logró mezclar hasta la saciedad los valores estéticos aportados por las diásporas italianas, españolas y portuguesas con el determinante gen africano, hoy la mujer criolla ha vuelto a mirarse a sí misma desde una realidad más signada por lo cultural venezolano.

Ahora las venezolanas encuentran en sus espejos patrones estéticos diferentes a los eurocéntricos que, guiados por la tesis colonizadora de civilización y barbarie, dominaron —y aún dominan y signan— los valores de belleza, al grado de imponerse durante buena parte del siglo XX y hacer ganar, a partir de la primera Miss Mundo, en 1955, Susana Duijm, concursos nacionales y mundiales de belleza.

Sin embargo, ha ocurrido que un grueso importante, no cuantificado, de las mujeres venezolanas que emigraron desde 2015 —empujadas por las crisis y manipulaciones morales y mediáticas en todos los órdenes, creadas por las aún vigentes sanciones— tienen algún grado de ascendencia europea, condición que les facilitó la salida del país —en búsqueda de esas "sociedades civilizadas"— debido a la posesión heredada de documentos migratorios.

Una cantidad significativa de jóvenes de origen europeo se fue de Venezuela. Por eso, hoy, quién sabe, quizás, tras haber propiciado la salida de millones de muchachas de origen europeo, el esposo de la también inmigrante en Estados Unidos y modelo de belleza Melania Trump —nacida en la nación europea de Eslovaquia—, como buen observador de las chicas seleccionadas por el pedófilo Epstein, no las ve con tanta frecuencia por nuestras calles y afirma, sin desparpajos ni la más mínima delicadeza, que "la gente venezolana es fea".

Es decir, las sanciones aplicadas por su gobierno en contra de Venezuela sacaron a una buena cantidad de las mujeres dotadas de su estereotipada, adorada y admirada belleza eurocéntrica, y quizás, quién sabe, luego de hacer su obsesivo balance contable en su caja registradora de bellezas, afirma que las antes venezolanas ganadoras de los certámenes de bellezas de su corporación Miss Universo ahora son "feas".

Pero no. La belleza de la venezolana es rebelde; es un estado de permanente voluptuosidad y hermosura en constante movimiento. Ahora está en la búsqueda, con éxito, de una belleza más atrevida. No teme exponer su maruto ante fisgonas miradas ni elevar y mostrar sus sinusoidales y afrodescendientes formas.

La mujer venezolana ya no se siente obligada a imponerse senos y pompis falsamente inflamados. Hoy los muestra con toda su natural belleza y propiedad. No abusa de su maquillaje, porque sabe que en su rostro dominan las siluetas y veleidades que le dan su atractivo. Sus cabellos dominan su espacio con más autonomía, sin abandonar la integración a sus rostros. En su constante redefinición, la venezolana muestra su belleza sin el moralismo que hace propicias las orgías pedófilas de Epstein.

A la mujer venezolana hoy la distingue estar convencida y usar, cual infalible atracción, la gentileza, la solidaridad, la facilidad del diálogo espontáneo y entregado como expresión de afecto y esencia de su belleza. La venezolana, con solo una sonrisa, es capaz de derribar cualquiera de los sesgos estéticos impuestos en Trump por esa civilizada Europa que masacró a los bárbaros americanos.