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BORR El legado de Fidel está vivo en la soberanía de su pueblo

El líder cubano veía el mundo como un campo de batalla moral

El internacionalismo no representaba para Fidel Castro una idea tardía, sino el núcleo esencial del proyecto revolucionario.


12/08/26.- El análisis de la política exterior de Fidel Castro revela una proyección internacional de profundo alcance, sustentada en una confrontación directa y persistente contra la injerencia de Estados Unidos. Su legado trasciende la retórica: se traduce en una doctrina de principios y decisiones concretas que redefinen el lugar de Cuba en el escenario mundial.

Hoy, a 100 años del nacimiento del líder socialista, destacamos la política internacional de Castro, que se caracterizó por una firmeza ideológica que sostiene su estrategia antiimperialista. Esa visión descansa sobre dos pilares inamovibles: la no negociación de los principios y la defensa irrestricta de la soberanía nacional.

Cuando Fidel Castro levantaba la mano en la Plaza de la Revolución, el 2 de septiembre de 1960, para anunciar la ruptura de relaciones con Taiwán y el establecimiento de vínculos diplomáticos con la República Popular China, no solo abrió una nueva ruta para la diplomacia cubana, sino que también inauguró otra manera de concebir el poder desde la periferia del sistema mundial. Para el líder cubano, la geopolítica no era un tablero dominado por grandes potencias, sino un campo de disputa moral en el que la soberanía y la independencia constituyen los únicos principios legítimos.

El internacionalismo no representaba para Fidel Castro una idea tardía, sino el núcleo esencial del proyecto revolucionario. Como afirma la diplomática cubana y rectora del "Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García", Isabel Allende Karam,“Fidel estaba más que convencido de que "los principios no son negociables”. Gracias a esa convicción,  Cuba mantiene “una política exterior independiente y sin hacer concesiones, y eso nos da fuerza moral”.

Este pensamiento se nutre de una doble raíz: la tradición antimperialista latinoamericana de José Martí y la aspiración de unidad en la diversidad de Nuestra América. Para Castro, la integración regional no podía limitarse a la economía. “Hay que hablar de integración económica, pero hay que ir más lejos; hay que hablar de integración política, unidad económica, unidad política”, enfatizó en su momento el líder cubano. Esta visión impulsó mecanismos de integración como el ALBA, la CELAC y la AEC, concebidos como alternativas frente a las fórmulas neoliberales y a la hegemonía de Estados Unidos.


Ejercito cubano en Angola en la Operación Carlota años 70.


Proyección global desde Cuba a Angola


Para Fidel Castro, el internacionalismo no se limitaba a denunciar el intervencionismo ni a resistir el bloqueo promovido desde Washington. Cuba lo proyecta de forma concreta en los ámbitos militar, político y humanitario, con una de sus expresiones más significativas en el envío de tropas a Angola durante la década de 1970.

La operación trasciendió la solidaridad con los movimientos anticoloniales africanos. Representó, además, una decisión geopolítica de alto impacto: Cuba ofreció su apoyo en un escenario decisivo de la Guerra Fría, desafió la influencia de Estados Unidos y Sudáfrica en la región y demuestró su capacidad de acción más allá del Caribe. El respaldo a gobiernos enfrentados a Washington respondió también a un cálculo estratégico: defender la soberanía cubana, ampliar las alianzas internacionales y consolidar el peso político de la isla.

La Operación Carlota, como se le denominó, fue la materialización más ambiciosa del internacionalismo del lider cubano. Fue una jugada de alto riesgo que transformó el mapa político del África Austral y demostró que la doctrina revolucionaria, combinada con una ejecución pragmática, podía tener un impacto histórico real en la política mundial, desafiando directamente la influencia de Estados Unidos y sus aliados.


Medicos cubanos combaten el ébloa en Sierra Leona -África.


No obstante, el rostro más perdurable del internacionalismo fidelista es el médico. En 2014, en plena crisis del ébola en África Occidental, Castro destacó la disposición de Cuba a cooperar incluso con Estados Unidos para contener la epidemia, siempre que esa cooperación sirviera a la paz mundial.

En ese contexto, tras completar las gestiones diplomáticas necesarias, Cuba envió a Sierra Leona un primer contingente de 165 profesionales de la salud. Castro presentó esa misión como una expresión de solidaridad desprovista de interés material y estableció un paralelismo moral con el deber asumido por los soldados cubanos en otras causas internacionalistas.

Esta práctica se convirtió en una herramienta central de la diplomacia cubana: ofrecer una de las expresiones más elevadas de solidaridad humana y reforzar la dimensión humanitaria de la isla.


Un legado entre doctrina y realpolitik


El respaldo a Raúl en 2015 y el traspaso de mando fueron quizás su última gran jugada maestra. Fidel comprendió que su carisma era insustituible, pero que la institucionalidad del partido debía sobrevivirle. Al aceptar el deshielo y dejar que Raúl (un militar pragmático) gestionara la apertura, Fidel se aseguró de que la decisión final sobre el rumbo de Cuba siguiera en manos del círculo de poder revolucionario, y no en la mesa de negociación de Washington.

Su legado no es un cadáver ideológico congelado; es un método de adaptación. La esencia de su doctrina (la soberanía absoluta) se mantuvo intacta, pero el envoltorio táctico (el discurso antiyanqui más radical) se flexibilizó para garantizar la continuidad del proyecto.

“Defender la paz es un deber de todo (...) Defenderemos siempre la cooperación y la amistad con todos los pueblos del mundo, incluidos los de nuestros adversarios políticos”, reiteró el líder revolucionario.

El gesto revela la complejidad de su legado: un líder capaz de adaptar el discurso a las exigencias de cada coyuntura, sin abandonar su brújula estratégica. En el siglo XXI, el propósito esencial permanece intacto: evitar la expansión de la influencia estadounidense sobre Cuba y la región.


Vigencia de un pensamiento


El diplomático, Zhao Rongxian, embajador de la República Popular China en Cuba de 2005 a 2009, quien narró sus experiencias en torno a la figura del líder, afirmó que "su obra y pensamiento siguen vigentes, para comprender los conflictos regionales, fortalecer la integración continental, reafirmar el antimperialismo y superar las fórmulas neoliberales. Fidel Castro convierte a Cuba en un actor de alcance global" destacó el funcionario asiático, al tiempo que subrayó que Fidel demostró que la influencia internacional no depende únicamente de la extensión territorial o del poderío militar, sino de la capacidad de sostener una causa con coherencia, voluntad y determinación.

Para sectores académicos y políticos, el valor de Fidel Castro radica en haber construido una brújula para interpretar los complejos problemas económicos y financieros del mundo. Su pensamiento, que anticipa crisis sistémicas del capitalismo antes de su estallido, sitúa el internacionalismo no como un simple componente de la política exterior, sino, como un eje de supervivencia y emancipación para las naciones en desarrollo.

En un mundo convulso e interconectado, el legado de Fidel Castro conserva relevancia: su defensa de la autodeterminación y su cuestionamiento de un multilateralismo vacío resurgen en los debates sobre el futuro de la integración latinoamericana y la cooperación Sur-Sur.


CARMEN ADRIANA DAZA / CIUDAD CCS