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Ahora los pueblos | Negociación asimétrica

Por Anabel Díaz Aché

No tiene salvación el mundo por otras vías (...) Búsquese la paz en todas partes para proteger a todos los pueblos...1

Fidel Castro Ruz

13/08/2026.- El análisis de Francisco Ameliach, titulado "3 de enero de 2026: Venezuela en el conflicto global moderno"2, fue presentado el viernes 7 de agosto en el pódcast Fuera de la Caja, conducido por Érika Farías, y posteriormente censurado por la plataforma YouTube. En este trabajo, Ameliach sostiene que la guerra híbrida contra Venezuela, caracterizada por un asedio multidimensional, comenzó formalmente en 2015, cuando Estados Unidos la declaró una "amenaza inusual y extraordinaria". Este bloqueo financiero y comercial provocó una caída superior al 98% en los ingresos de divisas del país. A su vez, señala que Venezuela se convirtió en el laboratorio de una intensa guerra cognitiva en la que se emplean medios masivos y redes sociales para intentar promover un conflicto civil fratricida.

Además, plantea que los hechos del 3 de enero de 2026 representan una acción militar directa dentro de esta confrontación de largo aliento. Según el analista, este hito marca la quiebra del derecho internacional, exponiendo a las instituciones multilaterales como estructuras vacías e incapaces de frenar las acciones unilaterales de las potencias. Con esto se consolida el secuestro como doctrina de un nuevo orden mundial basado en la fuerza, bajo la premisa de que Rusia y China habrían pactado no interferir en América a cambio de asegurar el repliegue de Occidente en Europa del Este y el Indo-Pacífico, cediendo así el control del hemisferio occidental a Estados Unidos.

Tres encrucijadas para el futuro: escenarios posibles en Venezuela

Los acontecimientos del 3 de enero han reconfigurado de forma abrupta el tablero político y estratégico de Venezuela, abriendo un abanico de complejas lecturas sobre el porvenir del país. En este contexto de alta tensión, el análisis político formulado por Francisco Ameliach traza una cartografía de tres rutas divergentes que van desde el colapso institucional hasta la pragmática supervivencia a través del uso de activos estratégicos.

El primer escenario contempla la capitulación total del Estado, una vía activamente impulsada por los sectores de la oposición radical que aspiran a alcanzar por la vía de los hechos el poder político que no han logrado conquistar en las urnas. De materializarse esta alternativa, el desenlace implicaría el desmantelamiento inmediato de la Revolución Bolivariana, la derogación de la Constitución de 1999 y una persecución generalizada contra las bases y los liderazgos del chavismo. Lejos de representar una transición ordenada, este panorama encendería la mecha de una peligrosa guerra civil de imprevisibles consecuencias para la estabilidad nacional.

Frente a la disyuntiva de una entrega incondicional, surge como segunda posibilidad la hipótesis de una resistencia militar abierta frente a una intervención directa de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Si bien la doctrina defensiva venezolana se ha estructurado históricamente bajo el concepto de la "guerra de todo el pueblo" para resistir incursiones de corte convencional, el análisis advierte sobre una profunda mutación en la naturaleza de los conflictos contemporáneos. En plena era de la inteligencia artificial, las potencias ocupantes ya no dependen de despliegues masivos de tropas sobre el terreno. Por el contrario, la alta dependencia tecnológica de la infraestructura nacional dejaría al país expuesto a enjambres de drones autónomos, ciberataques quirúrgicos contra servicios públicos vitales y bombardeos automatizados de precisión. Este desbalance tecnológico, que dejaría al país sin capacidad de infligir daños simétricos al enemigo, derivaría en una derrota militar con un devastador saldo humano —en un trágico espejo de lo observado en Gaza—, provocando la destrucción física del Estado-nación y la fragmentación territorial.

Es ante este abismo donde cobra vigencia el tercer escenario, concebido como la única vía real de supervivencia: la negociación asimétrica. Esta ruta parte del reconocimiento lúcido de la desventaja militar, pero subvierte la correlación de fuerzas al apostar por dos activos estratégicos inalienables: el control territorial efectivo y el recurso petrolero. Al instrumentalizar estos elementos como factores de disuasión y palancas de presión, las fuerzas soberanistas buscarían forzar un acuerdo internacional multilateral. Lejos de interpretarse como una rendición encubierta, la negociación asimétrica se erige en el análisis como el único salvavidas institucional posible, capaz de frenar el costo humanitario extremo y evitar la disolución definitiva de la República.

La paz como legado de Chávez

En un momento de profunda sensibilidad para el futuro de la República y el equilibrio multipolar, el legado del comandante Hugo Chávez cobra una vigencia insustituible. Su visión estratégica no solo redefinió la diplomacia bolivariana, sino que legó a todo el continente una de sus conquistas doctrinales más significativas: el compromiso irrenunciable con la solución pacífica de las controversias y la soberanía de los pueblos.

El camino hacia esta histórica consolidación comenzó a trazarse en diciembre de 2011, durante la Cumbre de Caracas, cuando Chávez sentó las bases conceptuales para la edificación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Aquel impulso originario se cristalizaría en enero de 2014, durante la II Cumbre del bloque en La Habana, donde los 33 jefes de Estado y de Gobierno firmaron y adoptaron formalmente la emblemática "Proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz". La esencia de esta doctrina quedó inmortalizada en el último mensaje oficial que el líder bolivariano dirigió al organismo regional desde La Habana, previo a la Cumbre de Santiago de Chile. Con un marcado sentido de urgencia geopolítica, Chávez reflexionaba sobre el papel estratégico de la región frente a las tensiones globales:

Cuando resuena el fúnebre sonido de los tambores de la guerra en el mundo, cuánto valor tiene que los Estados de América Latina y el Caribe estemos creando una zona de paz, donde se respete celosamente el derecho internacional y se reivindique la solución política y negociada de los conflictos. Tenemos el deber de anteponer a la lógica de la guerra una cultura de la paz, sustentada en la justicia y en la igualdad.

Hoy, frente a los complejos escenarios que amenazan la estabilidad regional, la vigencia de este pensamiento ratifica que la diplomacia de paz no es solo una posición táctica, sino el único camino viable para garantizar la existencia, la dignidad y el libre destino de los pueblos de Nuestra América.

Fuentes consultadas:

1Cubadebate. (2025, 21 septiembre). Fidel Castro: Búsquese la paz en todas partes [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=on2ZusG_w-8

2Ameliach, F. (2026, 9 agosto). 3 de enero 2026: Venezuela en el conflicto global moderno. Francisco Ameliach Orta. https://www.franciscoameliach.com/3-de-enero-2026-venezuela-en-el-conflicto-global-moderno/