Fidel Castro: un apasionado de los deportes
Practicó fútbol, baloncesto, beisbol y llevó al deporte cubano a los primeros planos
13/08/26.- Al cumplirse 100 años del natalicio del líder de la revolución cubana, Fidel Alejandro Castro Ruz, un repaso por su legado evidencia su amor y apoyo por la práctica y desarrollo de la actividad deportivas, en Cuba y muchos otros países del continente..
Castro desde muy temprana edad mostró gran pasión por el deporte en general, desenvolviéndose en disciplinas como baloncesto, beisbol, fútbol, ajedrez, entre otras, y ya al frente de su nación le dio inicio a un nuevo proyecto para subir al país a lo más alto del deporte mundial, convirtiendo a sus deportistas en verdaderos embajadores de la revolución en la arena deportiva.
Su pasión por el fútbol
A los 11 años de edad se sintió atraído por el fútbol debido a que las caminatas, las excursiones a las montañas y los terrenos de juego del colegio despertaron rápidamente su interés por la actividad física. Le apasionó jugar como delantero, ya que disfrutaba correr y drenar energía, sin embargo, más adelante en una entrevista con la prensa cubana señaló que los balones de esa época era pesados, lejos de ser lo que hoy en día son.
“Realmente debiéramos haber sido futbolistas, porque fuimos colonia española. Y los españoles no juegan beisbol, jugaban fútbol. Creo que es el resultado de la influencia norteamericana y el prestigio de las Grandes Ligas, la gran publicidad (…) Creo que el fútbol, como ejercicio, es un deporte más completo", llegó a comentar.
Su logro más destacado mientras practicaba la disciplina fue fichar por el Colegio de Belén en 1940; equipo que competía por la Liga Intercolegial de La Habana, que reunía a los mejores talentos jóvenes de los colegios privados de la capital cubana. Aunque solía ser un jugador de cambio (suplente), participar en este torneo escolar era un logro importante para cualquier estudiante de la época.
Castro desarrolló a través del fútbol el reflejo de la estructura del sistema deportivo cubano mediante tres pilares tácticos: la resistencia física colectiva, el sentido de posición estratégica y el internacionalismo solidario.
Su vida por el baloncesto
Fidel se muda a La Habana para estudiar en el Colegio de Belén, aunque jugaba fútbol, en los intercolegiales empezó a sentir atracción por el baloncesto, lo que lo llevó a mostrar un rendimiento destacable en su vida deportiva. Su mayor logro escolar llegó gracias a su entrega en la cancha, tanto que en su último año de bachillerato (1944-1945) la dirección del colegio lo eligió y premió como el Atleta del Año de la institución, al destacar principalmente su desempeño en el equipo de baloncesto.
Posteriormente, al ingresar a la Universidad de La Habana para estudiar Derecho, continuó jugando baloncesto en los torneos universitarios antes de volcarse por completo a la actividad política.
En una entrevista con Gianni Miná detalló que su rol en el equipo de básquet fue multiposicional al jugar cerca del tablero y que después participó en campeonatos en los que la posición que tenía era defensa, y en el ataque.
“Hay dos técnicas que yo siempre defendí mucho. Una de ellas es el gardeo a presión, hombre a hombre. (...) En el ataque era partidario de penetrar en el tablero, hacer lo posible por penetrar en el tablero, jugar a la ofensiva, procurando no cometer faul a la ofensiva, y obligando al contrario a cometer faul”.
Esta disciplina influyó en la política al servir como metáfora táctica para la guerra de guerrillas, herramienta de distensión psicológica para su gabinete y un recurso de diplomacia blanda durante sus visitas.
Utilizó su propia pasión por este deporte para fundamentar la creación del Instituto Nacional de Deportes (Inder), promoviendo el baloncesto en escuelas y fábricas de todo el país bajo la premisa socialista de eliminar el profesionalismo elitista y masificar la actividad física.
Ruta deportiva como puente
Castro abandonó el baloncesto a los 56 años luego de que sufriera una fractura en un dedo del pie derecho, lo que lo llevó a abocarse a las prácticas y exhibiciones del beisbol y deportes de menor impacto como el ajedrez, la natación y la pesca deportiva.
Participaba frecuentemente en juegos amistosos con veteranos, trabajadores y delegaciones internacionales.
“Lo que más saben de mí los norteamericanos es que me gusta la pelota. Claro, me gustan otros muchos deportes, pero cada norteamericano que nos visita me trae o una pelota, o un guante, o un bate, o un libro con una biografía de una gran estrella, con la biografía de muchos, con los índices, los campeonatos, todo, a mí me identifican como un deportista y como un pelotero”.
Solía asumir roles menos exigentes físicamente pero con alta carga simbólica, desempeñándose como mánager táctico o realizando lanzamientos ceremoniales (como pitcher). Su famoso partido contra el mandatario venezolano Hugo Chávez, en 1999, ocurrió años después de su retiro del baloncesto.
En un evento que trascendió lo deportivo para convertirse en un hito de la diplomacia latinoamericana, los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez, protagonizaron un memorable partido amistoso de beisbol en el Estadio Latinoamericano de La Habana. Más allá del resultado del juego, el encuentro marcó la consolidación pública de una alianza estratégica que redefinió el mapa político de América Latina.
Ante más de 45 mil espectadores, el Comandante Chávez asumió el rol de lanzador abridor por la selección de veteranos de su país, mientras que el líder cubano dirigió estratégicamente al conjunto local desde el banquillo. El ambiente de hermandad en el terreno reflejó la profunda sintonía ideológica entre ambos líderes.
Aunque Castro realizaría un gesto de picardía, esto fomentó aún más la amistad entre los pueblos de Cuba y Venezuela, entre Fidel y Chávez, entre un padre y un hijo.
CARLOS CARRASCO / CIUDAD CCS
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