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Los malos hábitos se forman más rápido debido a mecanismos cerebrales

Requieren menor esfuerzo mientras que los buenos exigen atención consciente y prolongada

Los malos hábitos proporcionan placer o alivio al instante.


13/08/26.- Aunque las personas conocen las conductas o hábitos que pueden beneficiar su salud y bienestar, convertirlas en parte de la rutina diaria resulta mucho más difícil. Según explica la psicóloga Milana Oréjova, citada por el canal de noticias ruso, RT, la razón no necesariamente tiene que ver con la voluntad o el carácter de una persona sino con los mecanismos del cerebro que intervienen en la formación de nuestras rutinas, es decir, al momento de crear hábitos.

Los malos hábitos se forman más rápido porque el cerebro humano está biológicamente predispuesto a repetir comportamientos que ofrecen recompensas inmediatas. Conductas como comer dulce, usar el teléfono o procrastinar generan refuerzo instantáneo (placer, ahorro de esfuerzo o dopamina), lo que activa rápidamente los circuitos de recompensa en el cerebro.

Por el contrario, los buenos hábitos suelen requerir esfuerzo inicial y sus beneficios son graduales y a largo plazo. Dado que la dopamina opera en un marco de tiempo de segundos, la falta de gratificación inmediata desmotiva la formación de rutinas saludables, haciendo que las viejas costumbres se impongan más fácilmente.

Los malos hábitos proporcionan placer o alivio al instante, mientras que los buenos tardan días, semanas o meses en mostrar resultados visibles y el cerebro refuerza las rutas neurales de los comportamientos que tienen consecuencias positivas inmediatas, independientemente de su impacto a largo plazo.

Las malas costumbres tienen otra ventaja: recompensan casi de inmediato. Comer algo dulce puede mejorar el ánimo, pedir comida ahorra tiempo y esfuerzo, y usar el teléfono proporciona una recompensa inmediata. Con los hábitos saludables ocurre lo contrario: sus beneficios aparecen de forma gradual, por lo que una sola caminata, un entrenamiento o una noche sin celular apenas producen cambios visibles.

El error de querer cambiarlo todo

Cada hábito nuevo requiere atención y energía. Si una persona intenta modificar al mismo tiempo la alimentación, el sueño, el ejercicio y su rutina diaria, el cerebro puede percibirlo como un estrés constante, como una fuente de presión. Por eso, Oréjova recomienda elegir primero un solo hábito e incorporarlo progresivamente a la vida cotidiana.

Otro error frecuente es esperar cambios visibles demasiado pronto. Una nueva rutina se consolida poco a poco: primero requiere esfuerzo consciente, después empieza a hacerse más automática y solo con el tiempo aparecen resultados perceptibles. Saltarse un día no suele echar por tierra todo el proceso; el verdadero riesgo está en tomar ese tropiezo como una derrota y dejar de intentarlo.

Ayudar a que un nuevo hábito se consolide

La especialista aconseja empezar con una acción mínima, concreta y fácil de cumplir. Por ejemplo, dedicar cinco minutos a una actividad física puede ser más efectivo que establecer una rutina de una hora que constantemente termina siendo postergada.

También ayuda a vincular el nuevo comportamiento con uno ya existente. Por ejemplo, caminar unos minutos después de una comida o leer antes de acostarse son ejemplos de cómo una conducta existente puede servir como punto de referencia para incorporar otra.

No conviene depender de la inspiración: puede ser útil registrar cada repetición y centrarse en la constancia. Si un día se rompe la rutina, no hace falta esperar a una nueva semana o a otro mes. Retomar cuanto antes puede ser más importante que haber cumplido todos los días de manera perfecta.

LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS