Araña feminista | Yurbin Aguilar se nos fue
Por Daniella Inojosa
17/08/2026.- Lo escribo y no me lo creo. Yurbin, que amanecía primero y se acostaba de última. Yurbin, que decía la frase que ordenaba la sala. Yurbin.
La conocimos en la Araña feminista cuando nada de lo que hoy somos existía todavía. Ahí estaba con su palabra segura. Reunión larga, mujeres cansadas, y ella hablando con esa dulzura suya que siempre sonaba a firmeza. Sabía decir las cosas y sabía cuándo.
Hace ocho años llegó a Tinta a enseñarnos cómo se acompaña a una mujer que está viviendo violencia. Trajo una técnica y nos dejó una manera de estar en el mundo: con el cuerpo entero, con la voz baja, con la mano firme. El amor es el método, nos dijo. El método. Psicóloga, metafísica, feminista, densa como la tierra buena, la que guarda humedad y guarda semilla, y luminosa. siempre luminosa, que así son las mujeres que hacen historia.
Con ella nació nuestro voluntariado. Con ella abrimos la casa de abrigo. Yurbin siempre llegaba primero. Y volvía. Volvió a empezar con nosotras desde la primera piedra, sin apuro y sin alarde.
Amazonas, Sucre, Bolívar, Zulia. La vi montarse en lanchas, en camionetas, andar carreteras de polvo. Por donde pasaba, dejaba compañeras formadas, como el río deja limo en la orilla. Lo que para el resto era un muro, para Yurbin era un asunto de tiempo. Incansable Yurbin siempre.
Escribió desde sus convicciones. Chávez feminista dice de dónde venía su pensamiento y hacia dónde iba, con la misma franqueza con que hablaba en cualquier mesa. Mirando a los ojos.
En su saber crecimos muchas. Cacica Urimare. REPAS. Mujeres por la Vida. Momumas. MUGER. Tinta Violeta. Organizaciones distintas, historias propias, un solo hilo: lo que Yurbin vino a enseñarnos.
Su tránsito será de luz y de esperanza. Lo sabemos las que aprendimos de ella que la muerte es otra forma del viaje. Quien siembra tanta vida no termina. Se hace raíz. Se hace savia. Se hace flor.
Anoche fuimos varias a la clínica a acompañar su tránsito. Le cantamos a Silvio y le cantamos a Serrat, que eran las canciones que acompañaban su militancia. Le cantamos a Natalia Lafourcade. Y le cantamos Canción sin miedo, la de las muchachas, la que ella no tuvo cuando empezó y que existe porque mujeres como ella abrieron el camino. Le cantamos viva y ella nos oyó. Se fue con la voz de las que formó.
Gracias, profa. Aquí seguimos. Floreciendo en resistencia.
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