Historia viva | La luz en tiempo histórico continuo
Por Aldemaro Barrios Romero
19/08/2026.- La crisis generada por el apagón eléctrico en 2019 correspondió a un ataque al sistema automatizado que controlaba el flujo de energía en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). El 10 de marzo de aquel año, el entonces ministro de Comunicación e Información, Dr. Jorge Rodríguez, denunció el ataque cibernético centrado en el Sistema de Control Automatizado (SCA): "Es una especie de cerebro electrónico computarizado que regula las veinte máquinas del Guri, donde se genera el 80% de la electricidad para la población de Venezuela". Por su parte, el 7 de marzo, Juan Guaidó había declarado: "Venezuela tiene claro que la luz llega con el cese de la usurpación...".
Desde esos ataques —es decir, desde 2019 hasta 2026— han transcurrido siete años de bloqueos y agresiones mediante medidas de neutralización financiera que impidieron a la nación adquirir los repuestos, maquinarias e inversión internacional necesarios para modernizar la infraestructura. Como consecuencia, los "bombillos" del sistema interconectado han estado al límite.
Para evitar un "síncope" eléctrico total, los ingenieros y técnicos de Corpoelec deben reducir la carga que suministra la hidroeléctrica de Guri al SEN y prevenir la falla de equipos que, como los eléctricos, funcionan con altos niveles de calor y sufren desgastes severos. Por ello, millones de habitantes en la provincia hacen el sacrificio de verse privados del servicio, por cuanto el sistema debe regular y racionar el flujo para evitar un colapso definitivo. Es lo que entiendo.
La información veraz sobre las causas de este fenómeno debe ser explicada. Es una responsabilidad que debemos asumir todos y todas, pues existe el vago propósito de descalificar al Gobierno para posicionar la matriz del Estado fallido y la narrativa de que "solo la empresa privada es capaz de resolver el problema", cuando las causas tienen otro origen, en el que la conspiración múltiple, interna y externa, se mantiene activa.
Algunos autores y analistas privados, así como la empresa Siemens, han señalado que la inversión necesaria para la recuperación del sistema se ubica entre 15 mil y 40 mil millones de dólares. Ante una cifra de tal dimensión y los obstáculos impuestos al país en el entramado financiero mundial —sin otra razón que la de apoderarse del control de un negocio que durante cien años fue monopolio de la familia Machado Zuloaga en conchupancia con transnacionales de la industria eléctrica—, el reto es de gran escala.
Sin negar que hemos atravesado situaciones de sabotaje extremo, tanto interno como externo, en fecha reciente la presidenta (E) Delcy Rodríguez confirmó el contrato con la empresa argentina Impsa, filial del fondo de inversión norteamericano Industrial Acquisitions Fund (IAF), para reactivar 190 MW en los próximos tres meses. Asimismo, proyectó para dentro de dos años la conclusión de la central de Tocoma con la activación de las Unidades 1 y 2, lo que aportará un agregado de 432 MW al SEN.
Contra todo pronóstico, Venezuela nacionalizó y centralizó en 2010 la industria eléctrica, la cual había sido controlada por empresas privadas como La Electricidad de Caracas, ya fuera a través de sus agentes internos dentro de los gobiernos puntofijistas (1958-1998) o monopolizando de manera abierta el sector.
En esta nueva etapa —que supera parcialmente el sabotaje financiero y avanza en la actualización tecnológica del SEN—, la expectativa de alcanzar el horizonte óptimo de 12 mil MW para la recuperación del sistema —sumando 1 mil MW en dos años y alcanzando hasta 5 mil MW en un plazo de cuatro años— es un pronóstico que compite con el cese de las "sanciones" e imposiciones del Gobierno de Estados Unidos. Ello ocurre, aunque una de sus principales transnacionales, General Electric, firmó un memorándum de entendimiento con el Gobierno venezolano para brindar asistencia técnica y suministro de plataformas tecnológicas destinadas a reactivar la generación termoeléctrica e hidroeléctrica del país. Si esto implica dependencia estructural, será un riesgo al que hemos estado expuestos desde que decidimos ser soberanos científica y tecnológicamente. Se abre el debate.
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